
Al igual que el aire aviva la llama —sabido es que hay que soplar para que un fuego se reanime— de la misma manera las respiraciones profundas en el transcurso de una comida producen una mejor combustión. Así pues, cuando comáis, debéis deteneros a veces y respirar profundamente, para que la combustión permita al cuerpo etérico retirar del alimento las partículas más sutiles. Siendo el cuerpo etérico el portador de la vitalidad, de la memoria y de la sensibilidad, os beneficiáis de su buen desarrollo.

El cuerpo astral se nutre de sentimientos, de emociones, y por lo tanto, de elementos que están hechos de una materia aún más fina que las partículas etéricas. Cuando el cuerpo astral ha absorbido ya dichos elementos, está en condiciones de suscitar sentimientos de un orden extremadamente elevado: el amor hacia el mundo entero, la sensación de ser feliz, de estar en paz y de vivir en armonía con la Naturaleza

de dónde viene, qué contiene, cuáles son las cualidades que le corresponden, qué entidades se han ocupado de él, por qué hay seres invisibles que trabajan sobre cada árbol, sobre cada planta. Al estar su espíritu absorto en estas reflexiones, el Iniciado extrae del alimento elementos superiores a los elementos del plano astral. De ahí nace una lucidez, una penetración profunda de la vida y del mundo. Después de una comida tomada en tales condiciones, se levanta de la mesa con una comprensión tan luminosa, que es capaz de emprender magníficos trabajos mentales.

Este sentimiento de gratitud, que los humanos están perdiendo cada vez más, os abrirá las puertas celestes y a través de ellas recibiréis las mayores bendiciones. Entonces todo se revelará ante vosotros y veréis, sentiréis, viviréis. La gratitud es capaz de transformar la materia grosera en luz, en alegría, y es necesario aprender a utilizarla.
¿Por qué no comprender que dos o tres veces al día tenemos todos la oportunidad de hacer un ejercicio relajante, un ejercicio
de concentración, de armonización de todas nuestras células? Si os pido que hagáis el esfuerzo de comer en silencio (no solamente de no hablar, sino de no hacer ningún ruido con los cubiertos), masticando largo tiempo cada bocado, haciendo de vez en cuando algunas respiraciones profundas, pero sobre todo concentrándoos en la alimentación y dando gracias al Cielo por toda esta riqueza, se debe a que estos ejercicios en apariencia tan insignificantes, son los mejores para adquirir el verdadero dominio de sí mismo. El control de estas pequeñas cosas os dará la posibilidad de dominar cosas mayores.
Omraam Mikhaël Aïvanhov