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Thich Nhat Hanh

Publicado: 27 septiembre, 2014 en filosofia
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No amas porque esa persona pertenece a su familia.
Usted no ama porque él es de la misma creencia religiosa como usted.
Usted no amas por ser tu hijo, ella es tu hija o tu esposa.
Te quiero porque esa persona tiene que ser amada.
Eso es todo.
Usted ama sin condiciones de ningún tipo.
Esto significa amor incondicional.
Amas el fin de llevar alivio a esa persona, para transformar el sufrimiento en esa persona,
para ofrecer alegría a él,
para ofrecer la felicidad a él,

porque él necesita eso.
Usted no pide nada a cambio. Thich Nhat Hanh January 19, 2002

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Si has tropezado con una persona manipuladora emocional alguna vez vas a saber de lo que hablo, pero, si afortunadamente todavía no te has cruzado con una de ellas, lee con atención y detéctalo antes que empiece a hacer mella en tu persona. Déjate llevar por tus instintos porque no habrá demasiadas cosas tangibles como para poder explicarte a ti mismo y a los demás que esa persona te está agrediendo de manera encubierta.

1. Eres afortunada: has topado con la reencarnación de la madre Teresa.

Cuando conoces a un manipulador/a emocional te ofrece su vida entera. Lo que necesites lo tienes. Pequeñas o grandes cosas. Son encantadores (de serpientes) y muestran humanidad, tolerancia y simpatía. Tienen una gran capacidad para empatizar con las personas y serán almas rescatadoras que rellenarán los pequeños o grandes vacíos que tengas. Hasta aquí todo bien si no fuera porque te van a pedir cuentas de todo lo que tú deberías hacer por ellas.

2. No trates de ser honesta.
Si eres sincero y algo que ha hecho el sujeto en cuestión te ha molestado o decepcionado, no trates de decirle la verdad, porque el manipulador le dará la vuelta hasta que tú tengas que arrodillarte y pedirle perdón. Es experto en racionalizar y justificarlo todo y están muy capacitados para cambiar las historias en el momento, aunque tengan que contradecirse con lo que dijeron ayer o tengan que llevarse una mentira a la tumba. ”¡Cómo se te ha podido ocurrir decirme eso!” ,” ¡Nunca pensé que podría llegar a escuchar eso de tu boca!”, ” ¡Tú no sabes por lo que estoy pasando, no lo sabes!”, ” ¡Eres muy egoísta, no te das cuenta!”
Al final, si eres una buena persona, te vas llorando a tu casa.

 
3. Eres culpable.
En un conflicto entre el chantajista emocional y tú, tenlo claro y no gastes energía en justificarte: eres el único culpable. Lo serás siempre, aunque corrobores con hechos REALES que se está equivocando. Ya los cambia ella o él… YA LO LÍA TODO. Olvídate, ellos ganarán hasta el día que te alejes de su camino. Ardua tarea, porque no veas si cuesta poner tierra de por medio.
 
4. Son víctimas necesitadas de apoyo continuo.
Los manipuladores emocionales son víctimas constantes. Su vida es un continuo drama. Son derrotistas, negativos, extremos, llorones, teatreros y desgraciados. Pobres… ¡si es que todo les pasa a ellos! El mundo está muy mal repartido y todas las desgracias caen sobre su persona. Ellos obran siempre bien, mejor que nadie, no cometen errores, son educados y prudentes (¡bajo su percepción, claro!).
 
5. Necesitas llevar la libreta en mano.
El día que necesites llevar una libreta para anotar cada cosa que digas y cada cosa que diga el/la chantajista, porque cuando salga “el tema”  va a cambiar tus textos y por supuesto los suyos, además de pedirte que le des todos los motivos por los que intuyes, confirmas o desmientes algo relacionado con él, y empieces a dudar de tu cordura, entonces, en ese momento, estás experimentando la manipulación emocional.
 

6. Mienten.

Más que respiran. Encima exigen que seas 100% sincera con ellas o te cae la del pulpo. Lo hacen con tanta  realidad que hasta pueden decirte que esa estantería que ves, es un burro volando y acabas creyéndolo. Argumentan tan persuasivamente cada cosa, que empiezas a dudar sobre tus sentidos. Esto desgasta tanto, que puedes acabar necesitando ayuda profesional para verificar que no se te pira la fresa.

7.  Juegan sucio.

Te quieren mucho, sí, pero te ponen a parir a tus espaldas. Incluso pueden poner en situación a un tercero para que te diga lo que ellos  no tienen agallas a decirte. Él es el bueno y el otro el malo. Crean tensiones entre amigos, enemistan y hacen lo necesario para que tú sientas que no está siendo feliz a tu lado o que la estás cagando todo el rato. Por ejemplo, ellos te dirán que es estupendo que quedes a cenar con “Paca”, pero 10 minutos antes de que vayas a esa cena, te mandarán una retahíla de mensajes sobre su repentino problema, su crisis de ansiedad o su inmediato suicidio…Para que finalmente si vas, sientas que has sido la peor persona del mundo. Y cuidado con la que te espera.

8.  Si tú tienes una gastritis, él tiene cáncer de colon.

Todo lo que te pase ya le ha pasado a él/ella, pero multiplicado por 100. Es difícil que con el paso del tiempo te sientas conectada a una persona así. Al final todas las conversaciones giran en torno a ellas mismas. Cada vez más reticentes y desproporcionadas. Son repetitivas y abunda el monotema. Si tú le haces ver que ya empieza a agotarte con sus dramas, se ofenderá profundamente y te dirá que eres una egoísta. Ese es su argumento y no puedes demostrar que no lo eres. Pereza, pereza.
 
9.  Su energía afecta el entorno.
Tiene habilidad para contaminar el entorno. Si está triste, se creará un microambiente de tristeza. Y esto ocurre con mucha frecuencia. Si pasas tiempo con ellas al final estarás tan enredada en su mierda como ellas mismas, y lo que es peor, te olvidarás de tus necesidades y del derecho que tú también tienes a satisfacerlas.
 

10. No son responsables de sus actos.

No son responsables de su comportamiento. La peli podría llamarse:  lo que los demás ME HACEN. Una señal para detectar a una persona manipuladora, es que a los diez minutos de conoceros, se abre a ti profundamente, contándote sus dramas más personales de forma repetitiva.  Su mensaje oculto es : siente pena por mí.  Creerás que son hipersensibles, que sufren mucho por todo  y efectivamente, les compadecerás.

Fuente: bloginmadrid.com

Amor y apego.

Publicado: 29 octubre, 2013 en Uncategorized
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El apego es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o a una persona determinada y está originado por la creencia de que sin eso no se puede ser feliz. Se compone de dos elementos, uno positivo y otro negativo, el elemento positivo es el fogonazo del placer y de la emoción, el estremecimiento que se experimenta cuando se consigue el objeto del deseo. El negativo es la sensación de amenaza y de tensión que lo acompaña. Por su propia naturaleza el apego hace vulnerables a las personas al desorden emocional y desintegra la paz. La semilla del apego sólo puede germinar en la oscuridad de la ignorancia, del engaño y de la ilusión.

Dicen que el amor es ciego, pero lo que es ciego no es el amor, sino el apego. Una gran cantidad de importante información, procedente del mundo que nos rodea, no consigue llegar a nuestra mente consciente a causa de nuestros apegos, creencias y miedos. El apego nos insensibiliza y hace que reaccionemos ante las personas en función de la ayuda o la amenaza que creemos que suponen para el logro de nuestra ambición. Y a las que consideramos fuera de esas dos categorías ni siquiera existen para nosotros. Todo aquel que posee algún apego está ciego y no ve la realidad de la Vida.

El apego es una necesidad compulsiva que embota la sensibilidad, es como una droga que enturbia la percepción de la Vida. Del mismo modo que un radar averiado distorsiona y falsea lo que percibe, el apego daña al amor y lo hace desaparecer, pues el amor es sensibilidad. Nadie se puede liberar del apego con la renuncia, sino con la consciencia, pues la renuncia sólo mutila y endurece. El apego roba la Vida, pues aquello a lo que uno está apegado se encuentra sólo en la mente, no en el objeto o en la persona. Y, además, se le atribuye un valor que en verdad no tiene.

Es imprescindible escoger entre el apego y la felicidad. Nadie ha nacido con apegos, sino que estos brotan de una mentira que la sociedad y la cultura mantienen o de una mentira que uno se cuenta a sí mismo. Si se quiere estar plenamente vivo es preciso que utilizar el sentido de la perspectiva, pues la Vida es infinitamente más grande que cualquier nimiedad a la que uno se haya apegado y a la que le haya dado el poder de alterarle. Es una nimiedad porque, si se vive lo suficiente, es muy fácil que algún día esa cosa o persona deje de importar, hasta el punto que no se tengan recuerdos de ella, como se puede comprobar en la propia vida. Hoy mismo apenas recordamos aquellas nimiedades que tanto nos inquietaron en el pasado y que hoy no nos afectan lo más mínimo.

Un apego no es un hecho, es una creencia, una fantasía de la mente. Si esa fantasía no existiera uno no estaría apegado, se amarían las cosas y las personas y se permitiría surgir la felicidad. En realidad tan sólo nos engañamos a nosotros mismos cuando creemos que sin nuestros apegos no podemos ser felices.

Vivir una vida espiritual y disolver los deseos, prejuicios, y apegos supone una revolución tan grande que la mayoría prefiere lanzarse de cabeza a realizar buenas obras y a ser serviciales que someterse al fuego purificador de semejante trabajo. Pero cuando nos ponemos a servir a alguien a quien no nos hemos tomado la molestia de comprender, en realidad no estamos intentando satisfacer la necesidad de esa persona, sino la nuestra propia. Para que exista un amor verdadero es imprescindible que veamos y comprendamos a la persona con la que estamos tratando.

Hay indiferencias que se confunden con el amor, pero no son más que un endurecimiento del corazón. Hay personas que como no están apegadas a nadie piensan que aman a todo el mundo. Hay quienes sin haber zarpado piensan que ya han arribado. La Vida por sí sola no puede producir amor, sólo puede engendrar atracción, placer, apego, cansancio y aburrimiento, todo ello mezclado con ansiedad, posesividad, tristeza y dolor. Cuando todo esto se ha repetido una y otra vez, en un ciclo constante, llega un momento que acabamos hartos y quisiéramos poner fin a todo el proceso. Si tenemos la suerte de no encontrarnos con ninguna otra cosa o persona que atraiga nuestra atención, podremos vivir una paz un tanto frágil y precaria. Eso es todo lo que la vida puede ofrecernos, aunque es posible que lo confundamos con la libertad y acabemos muriéndonos sin haber conocido jamás lo que significa ser realmente libres y amar.

La capacidad de hacer el mal o de ser malo no tiene que ver con la libertad, sino que es una enfermedad, una falta de consciencia y de sensibilidad. La persona verdaderamente libre no puede obrar inadecuadamente y hacer daño. El pobre ser que tenemos ante nosotros y hace el mal es un ser lisiado, ciego y cojo; no es la persona terca y malévola que neciamente creemos. Necesitamos comprender esta verdad, considerarla detenida y profundamente. Si así lo hacemos veremos cómo nuestras emociones negativas dan paso a sentimientos de ternura y a la compasión, cómo se abre un espacio en nuestros corazones para quienes habían sido ignorados y despreciados por los demás y por nosotros mismos.

El amor surge cuando hay libertad. En el momento en que entran en juego la coacción, el control o el conflicto, en ese mismo momento muere el amor. La rosa, el árbol y la lámpara nos dejan completamente libres; no harán el menor esfuerzo por arrastrarnos al aroma, a la sombra o a la luz, aunque pudieran pensar que es lo mejor para nosotros. En cambio, tenemos que ser capaces de ver toda la coacción y todo el control a los que los demás nos someten y a los que nosotros mismos nos esclavizamos cuando, para comprar su amor y su aprobación, tratamos de responder a sus expectativas. Cada vez que nos sometemos a este control destruimos nuestra capacidad natural de amar porque no es adecuado entrar en ese juego esclavizante, y todo lo que no es adecuado es desamor. La libertad no es más que otra palabra para referirnos al amor.