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iluminacion

“Una vez que te das cuenta de que el camino es la meta, y que siempre estás en el camino, no para alcanzar un punto determinado, sino para disfrutar de su belleza y sabiduría, la vida deja de ser una tarea y se convierte en algo natural y simple, es, en sí misma, un éxtasis.”

– Nisargadatta Maharaj

La iluminación no es un destino, una meta, un lugar de descanso al final de un largo viaje. A la mente le encanta pensar en términos de destino, en términos de ‘llegar ahí’, en términos de logros y fracasos, en términos del tiempo mismo.

Pero la iluminación es sólo estar aquí, estar presente y despierto, antes de la aparición del tiempo.

La iluminación no tiene nada que ver con ‘alguien’ convirtiéndose en ‘iluminado’. Ese es el mito – que algún día, el ‘yo’ se convertirá en un ‘yo iluminado’ – que la completud se alcanzará con el tiempo.

‘Iluminación’ es simplemente una palabra – una palabra hermosa – que apunta a la naturaleza iluminada de la vida misma.

Si algo está iluminado, lo está en la luz. Está iluminado. Es visible. Se está mostrando a sí mismo, revelándose a sí mismo, en toda su gloria. Nada está escondido.

En este momento, ¿qué se está revelando a sí mismo? ¿Qué es eso que no está escondido? ¿Qué es eso que no está haciendo falta? ¿Qué está presente, antes incluso de la concepción del tiempo?

Abre tus ojos… y el mundo está simplemente aquí. El mundo no ‘aparece’ en el tiempo. Ya está aquí. ¡Qué milagro! Paisajes, sonidos y olores… todo tan vivo, tan presente, tan inmediato, tan íntimo. Un pájaro cantando su melodía al amanecer. El hambre rugiendo en la barriga. Autos apresurándose para pasar. Un pensamiento que surge acerca del marcador del partido de anoche, un pensamiento acerca del pasado en el presente. El cosquilleo y el latido de la vida en el cuerpo, ahora. ¡Pura vitalidad!

De la nada, este chaparrón de vida – el milagro que termina con todos los milagros.

Y no hay ninguna división aquí en el corazón de las cosas. No hay dos cosas: lo visto Y lo que ve. O sonidos Y lo que escucha. El mundo Y lo que lo percibe. Hay sólo este movimiento unitario. No puedo separarme a mí mismo de la vida, para nada, aunque lo intentara. Sólo el pensamiento sería capaz de dibujar líneas divisorias, e incluso esa actividad es parte de esta vitalidad atemporal.

¿Hubo alguna vez una entidad separada que pudiera haberse iluminado ‘algún día’? ¿La ola encontrará al océano ‘algún día’? Quizás este tipo de preguntas estén basadas en un malentendido. Tal vez esa clase de ‘iluminación’ forma parte de un sueño. El sueño del tiempo, y de la progresión, y del logro y fracaso espiritual, y de la historia de ‘yo y mi despertar’. Es un sueño hermoso, por supuesto, mientras dura… y necesario, tal vez.

Pero en determinado momento, llegas a perder el interés de llegar ‘allí’. Y te enamoras profundamente de aquí, de tu suelo, de tu hogar, de tu punto de contacto. Y te conectas más profundamente con tu cuerpo, con la tierra, con los demás, con la totalidad, más que nunca. Reconoces que todo es Un Movimiento, jugando el juego de Muchos Movimientos. Y el alivio es impactante.

Jamás salimos de Casa, y no podemos volver a Casa – tan sólo imaginamos el viaje.

Y siempre estuvimos iluminados, desde el principio.

– Jeff Foster