Posts etiquetados ‘MING DAO DENG’

VI
Emerger
Truenos y lluvia por la noche.
El crecimiento viene con conmoción.
La expresión y la duración aparecen en el primer momento.

Las cosas no pueden permanecer en calma por siempre. Puede que las tormentas invernales destruyan algunas cosas, pero también preparan el camino para la vida. Si hay cosas que son arrasadas, es apropiado. Tiene que haber una oportunidad para las nuevas cosas vivas de emerger y comenzar su propio ciclo.
Todo crecimiento viene con una conmoción. Cuando un brote quiebra su envoltura y fuerza su camino hacia la superficie de la tierra, es el clímax de una larga y profunda acumulación de fuerza vital. Podemos pensar que pasó súbitamente, pero en realidad, emergió como producto de ciclos sutiles y ocultos.
Cuando aparece el brote, lleva en sí el patrón completo para su crecimiento, quizás incluso el potencial de un árbol enorme. Aunque sea necesario tiempo y las condiciones correctas, ninguno de estos factores agrega nada a la naturaleza inherente del brote. Él encarna completamente su destino. Por lo tanto, el crecimiento y el carácter de la planta –y su vida misma- están del todo presentes al momento del emerger.

V
Sonido
Viento en la cueva: Movimiento en la quietud. Poder en el silencio.
En una cueva, todos los sonidos externos son suavizados por la roca y la tierra, pero esto hace que los sonidos del latir del propio corazón y la respiración sean audibles. De la misma manera, la quietud contemplativa nos aleja del clamor cotidiano pero nos permite oír lo sutil en nuestras propias vidas.
Al escuchar no con el oído sino con el espíritu, se puede percibir el sonido sutil. Al entrar en ese sonido, entramos en la suprema pureza. Es por eso que tantas religiones tradicionales rezan, cantan o salmodian como preludio al silencio. Entienden que la repetición y la absorción del sonido los lleva a lo sagrado.
El sonido más profundo es el silencio. Esto puede parecer paradójico sólo si consideramos el silencio como una ausencia de vida y vibración. Pero para un meditador, el silencio es el sonido unificado con todos sus opuestos. Es tanto sonido como ausencia de sonido, y es en esta confluencia que emerge el poder de la meditación.

IV

Reflejo
Luna sobre agua. Siéntate en soledad.
Si las aguas son plácidas, la luna será reflejada perfectamente. Si nos aquietamos, podemos reflejar perfectamente lo divino. Pero si nos involucramos sólo en las actividades frenéticas en las que participamos cotidianamente, si buscamos imponer nuestros propios esquemas sobre el orden natural, y si nos permitimos estar absortos en opiniones egocéntricas, la superficie de nuestras aguas se volverán turbulentas. Entonces no podemos ser receptivos al Tao.
No hay esfuerzo que podamos hacer para aquietarnos. La verdadera quietud viene naturalmente de momentos de soledad en que dejamos que nuestra mente se asiente. Tal como el agua busca su propio nivel, la mente gravitará hacia lo sagrado. El agua turbia se volverá clara si se le permite quedarse tranquila, y así también se aclarará la mente si se le permite estar en calma.
Ni el agua ni la luna hacen ningún esfuerzo por lograr un reflejo. De la misma manera, la meditación será natural e inmediata.

III

Devoción
Enderezar lo torcido. Hacer fluir lo recto. Reunir agua, fuego y luz. Traer el mundo a un solo punto.
Si tenemos devoción fe total y dedicación a nuestro sendero espiritual, nuestra – determinación naturalmente construirá momentum. Se nos presentarán menos y menos obstáculos. Nuestro sendero se vuelve como uno torcido hecho recto. No importa qué trate de alejarnos de nuestro propósito, no seremos desalentados.
La adecuada devoción no se halla simplemente en seguir de cabeza un curso. También requiere fortaleza. Nuestros cuerpos, nuestros corazones y nuestros espíritus deben estar totalmente concentrados en lo que queremos. Sólo uniendo todos nuestros elementos internos podemos tener devoción plena.
Si vemos nuestro sendero con claridad y nuestra personalidad está completamente unificada, no hay distinción entre el mundo externo y el interno. Ya nada es remoto, nada está no abierto a nosotros. Por eso se dice que el mundo es como un solo punto: Tan fuerte es la devoción que no hay nada que no sea parte de él.

II

Ablución
Lavarse al amanecer: Enjuaga los sueños. Protege los dioses adentro, Y clarifica el espíritu interior.
La purificación comienza toda práctica. Primero viene la limpieza del cuerpo no – para negar el cuerpo, sino para que sea refinado. Una vez limpio, puede ayudarnos a sentir lo divino.
Enjuagar los sueños es una forma de decir que debemos disipar no sólo las ilusiones y ansiedades de nuestros momentos durmiendo sino también las de cuando estamos despiertos. Toda vida es un sueño, no porque no esté allí, sino porque todos proyectamos diferentes significados sobre ella. Debemos depurar este hábito.
Mientras limpiamos, naturalmente miramos dentro. Se cree que hay 36.000 dioses y diosas en el cuerpo. Si continuamente ingerimos malas comidas, nos intoxicamos, dejamos que la mugre se acumule en cualquier parte fuera y dentro nuestro, esos dioses nos abandonan disgustados.
Si embargo en última instancia nuestra preocupación debe ir más allá de esas deidades en los templos de nuestros cuerpos, hacia el Uno universal. Después de quitar las oscurecedoras capas de suciedad, de problemas corporales y de falsas ilusiones, debemos estar preparados para incluso quitar a los dioses mismos para poder alcanzar el Uno interior.