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Enseñanzas eternas – Ajahn Chah

Publicado: 9 febrero, 2015 en filosofia
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Todo el mundo conoce el sufrimiento – pero no lo entienden realmente. Si entendiésemos realmente el sufrimiento, entonces eso sería el fin de nuestro sufrimiento.

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Los occidentales normalmente tienen prisa, así que tienen mayores extremos de felicidad y sufrimiento. El hecho de que tengan muchos kilesa (impurezas) puede ser una fuente de sabiduría más adelante.

Para vivir la vida laica y practicar el Dhamma, uno debe estar en el mundo pero permanecer por encima de él. Sila [1] (virtud), empezando con los básicos cinco preceptos, es el padre más importante de todas las cosas buenas. Sirve para eliminar todo lo malo de la mente, eliminando lo que causa angustia y agitación. Cuando estas cosas tan básicas se han ido, la mente siempre estará en un estado de samadhi [2] .

Al principio, lo básico es hacer sila muy firme. Practicad meditación formal cuando haya oportunidad. A veces será buena, a veces no. No os preocupéis, simplemente seguid. Si aparecen dudas, solo daos cuenta de que, como todo lo demás en la mente, son impermanentes.

Al vivir en el mundo, practicando meditación, los demás os mirarán como a un gong que no es golpeado, sin producir ningún sonido. Os considerarán inútiles, locos, derrotados; pero en realidad es simplemente lo contrario.

Desde esta base, Samadhi vendrá, pero la sabiduría todavía no. Uno debe observar la mente mientras trabaja: observad los gustos y las aversiones surgiendo del contacto sensorial, y no os apeguéis a ellos.

No estéis ansiosos por tener resultados o progreso rápido. Un bebé primero gatea, luego aprende a andar, luego a correr y cuando ya es adulto, puede viajar medio mundo hasta Tailandia.

Dana (generosidad), si es dada con buena intención, puede traer felicidad a uno mismo y a otros. Pero hasta que sila esté completo, el dar no será puro, porque podemos robar a una persona y regalar a otra.

Buscar placer y divertirse es interminable, uno nunca está satisfecho. Es como una jarra de agua con un agujero en ella. Intentamos llenarla, pero el agua está continuamente filtrándose. La paz de la vida religiosa tiene un fin determinado, pone un freno al ciclo de búsqueda interminable. ¡Es como taponar el agujero de la jarra!

Al vivir en el mundo, practicando meditación, los demás os mirarán como a un gong que no es golpeado, sin producir ningún sonido. Os considerarán inútiles, locos, derrotados; pero en realidad es simplemente lo contrario.

En cuanto a mí, nunca cuestioné las enseñanzas de los profesores mucho: siempre he sido un oyente. Escuchaba lo que tenían que decir, que fuera cierto o no no importaba; después simplemente practicaba. Lo mismo que los que practicáis aquí. No deberíais tener tantas preguntas. Si uno tiene atención constante, entonces puede examinar sus propios estados mentales – no necesitamos a nadie más para examinar nuestros estados de ánimo.

Una vez, cuando estaba con un Ajahn tuve que coserme un hábito. En aquellos días no había máquinas de coser; uno tenía que coser a mano, y era una experiencia muy difícil. La tela era muy gruesa y las agujas estaban romas; uno no dejaba de pincharse con la aguja, y las manos dolían mucho y la sangre goteaba sin parar en la tela. Como la tarea era tan difícil, estaba ansioso por terminarla. Me absorbí tanto en el trabajo que ni siquiera me di cuenta de que estaba sentado en el sol abrasador, empapado de sudor.

El Ajahn se acercó a mí y me preguntó por qué estaba sentado en el sol, y no en la fresca sombra. Le dije que estaba muy ansioso por terminar el trabajo. “¿Adónde vas con tanta prisa?”, me preguntó. “Quiero terminar este trabajo para poder hacer meditación sentada y caminando”, le dije. “¿Cuándo se acaba nuestro trabajo?”, preguntó. ¡Oh! … Esto me convenció finalmente.

“Nuestro trabajo mundano nunca se termina”, explicó. “Deberías usar ocasiones como esta como ejercicios de atención, y luego cuando hayas trabajado suficiente, simplemente para. Déjalo a un lado y continúa tu práctica sentado y caminando”.

Ahora comenzaba a entender su enseñanza. Previamente, cuando cosía, mi mente también cosía, e incluso cuando dejaba de coser, mi mente todavía seguía cosiendo. Cuando entendí la enseñanza de este Ajahn, pude dejar de coser realmente. Cuando cosía, mi mente cosía, y cuando dejaba de coser, mi mente también dejaba de coser. Cuando paraba de coser, mi mente también paraba de coser.

Conoced el bien y el mal de viajar o de vivir en un lugar. No encontráis la paz en una colina o en una cueva; podéis viajar al lugar en el que el Buda se iluminó, sin acercaros nada a la iluminación. Lo importante es ser consciente de vosotros mismos, dondequiera que estéis, sea lo que sea lo que estéis haciendo. Viriya , el esfuerzo, no es una cuestión de lo que hagáis aparentemente, sino la constante consciencia interna y la moderación.

Es importante no observar a los demás y buscar defectos en ellos. Si se comportan equivocadamente, no hay necesidad de sufrir vosotros mismos. Si les señaláis lo que es correcto y no practican de manera correspondiente, dejadlo así. Cuando el Buda estudió con varios profesores, se dio cuenta de que sus caminos eran imperfectos, pero no les menospreció. Estudió con humildad y respeto por los profesores, practicó con seriedad y se dio cuenta de que sus sistemas no eran completos, pero como todavía no se había iluminado, no les criticó ni intentó enseñarles. Después de encontrar la iluminación, se acordó de aquellos con los que había estudiado y practicado y quiso compartir con ellos su recién adquirido conocimiento.

Practicamos para liberarnos del sufrimiento, pero ser libres del sufrimiento no significa simplemente que todo sea como os gustaría, que todo el mundo se comporte como os gustaría, diciendo solo aquello que os agrada. No creáis a vuestro pensamiento en estos asuntos. Generalmente, la verdad es una cosa, y nuestro pensamiento es otra. Deberíamos tener más sabiduría que pensamiento, entonces no hay problema. Cuando el pensamiento supera a la sabiduría, estamos en problemas.

Tanha (deseo) en la práctica puede ser amigo o enemigo. Al principio nos incita a venir y practicar – queremos cambiar las cosas, terminar con el sufrimiento. Pero si siempre estamos deseando algo que no ha aparecido todavía, si queremos que las cosas sean distintas a lo que son, entonces esto solo causa más sufrimiento.

A veces queremos forzar a la mente para que esté callada, y este esfuerzo solo hace que se perturbe más. Entonces dejamos de forzar, y samadhi surge. Y entonces en el estado de calma y quietud, empezamos a preguntarnos “¿Qué está pasando? ¿Cuál es el sentido de esto?”…¡y volvemos a la agitación de nuevo!

El día antes de la primera Sanghayana, uno de los discípulos del Buda fue a decirle a Ananda: “Mañana es el concilio del Sangha , solo los arahants pueden asistir”. Ananda todavía no se había iluminado para entonces. Así que determinó: “Esta noche lo haré”. Practicó enérgicamente toda la noche, buscando iluminarse. Pero solo se cansó. Así que decidió dejarlo, descansar un poco ya que no estaba llegando a ninguna parte a pesar de todo su esfuerzo. Habiéndose relajado, tan pronto como se tumbó y su cabeza tocó la almohada, se iluminó.

Las condiciones externas no te hacen sufrir; el sufrimiento surge de la comprensión errónea. Las sensaciones de placer y dolor, gusto y aversión, surgen del contacto sensorial: las debéis atrapar a medida que surgen, sin seguirlas, sin dar origen al deseo y el apego, que a su vez causa el nacimiento y devenir de la mente. Si oís a gente hablar, puede que os agite, pensáis que destruye vuestra calma, vuestra meditación, pero oís a un pájaro piar y no pensáis nada de él, solo lo dejáis ir como sonido, sin darle ningún significado o valor.

No deberíais tener prisa o apresurar vuestra práctica, sino que debéis pensar en términos de un largo tiempo. Ahora tenemos “nueva” meditación; si tenemos “vieja” meditación, entonces podemos practicar en cualquier situación, ya sea cantando, trabajando, o sentados en vuestra cabaña. No tenemos que ir buscando lugares especiales para practicar. Querer practicar solo está medio bien, pero también medio mal. No es que no sea partidario de mucha meditación formal (samadhi), pero uno debe saber cuándo salir de ella. Siete días, dos semanas, un mes, dos meses – y entonces volved a relacionaros con gente y las situaciones de nuevo. Aquí es donde se gana sabiduría; demasiada práctica de samadhi no tiene otra ventaja que el que uno se vuelva loco. Muchos monjes, queriendo estar solos, ¡se marcharon y simplemente murieron solos!

Creyendo que la práctica formal es la única y completa forma de practicar, descuidando la situación de la vida normal, se conoce como estar intoxicado por la meditación.

Meditar es dar origen a la sabiduría en la mente. Esto se puede hacer en cualquier parte, a cualquier hora y en cualquier postura.

[1] La cursiva en las palabras en Pali es obra del traductor

[2] Concentración

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La capacidad para trabajar duro y responder de manera resiliente ante el fracaso y la adversidad son características esenciales de las personas que tienen una gran “fuerza interior”. Estas personas logran alcanzar sus metas porque no desisten en su empeño y, cuando un camino no les conduce donde deseaban, simplemente toman otro.

¿Qué diferencia a estas personas del resto? ¿Cuál es el secreto de su éxito?

1. Siempre actúan como si tuviesen el control.Reza como si Dios cuidase de todos, actúa como si todo dependiese de ti”. Las personas que tienen una gran fuerza interior ponen en práctica esta antigua recomendación. Aunque algunos creen en la suerte, también se preocupan por darle una mano. No se sientan a esperar a que la fortuna llame a su puerta sino que salen a buscarla y siempre tienen la disposición adecuada para captar las oportunidades al vuelo. Son personas con un locus de control interno, personas que toman las riendas de su vida y que actúan como si todo dependiese de ellas, aunque saben perfectamente que no es así. Sin embargo, esa actitud les da fuerza.

2. Obvian las cosas sobre las que no pueden influir. Solemos pensar que la fuerza de voluntad es un manantial inagotable pero no es así. Un estudio muy curioso demostró que cuando hemos pasado todo el día ejerciendo el autocontrol, durante la noche somos más indulgentes. Eso significa que la fuerza de voluntad es una cualidad que debemos aprender a dosificar. Por eso, las personas que tienen esa fuerza interior suelen concentrarse en lo que verdaderamente les importa y pasan de las causas perdidas, por las cuales no pueden hacer nada, una actitud que les permite focalizar su energía y lograr sus objetivos. Sin embargo, eso no significa que sean egoístas sino tan solo pragmáticos. Dan su contribución hasta que pueden y no se martirizan porque no pueden hacer más.

3. Ven el pasado como una fuente de información… nada más. La mayoría de las personas viven atadas, de alguna u otra forma, a su pasado. Sin embargo, a menudo se trata de un fardo demasiado pesado que no les deja avanzar. Al contrario, las personas con fuerza interior consideran que sus vivencias son valiosas pero no se quedan encadenadas a ellas. Aprenden de los errores y siguen adelante. El pasado no las define, comprenden que un fracaso es tan solo una oportunidad para aprender, la señal de que quizás el éxito está más cerca.

4. Celebran el éxito de los demás. Muchas personas no son capaces de celebrar el éxito de los demás porque lo viven como un fracaso personal. Piensan en el éxito como si fuera una cuota a repartir y, mientras más tengan los otros, menos quedará para ellas. Con este pensamiento aparece la envidia, el resentimiento y la frustración, sensaciones que no mejorarán tu vida. Sin embargo, las personas con fuerza interior son capaces de alegrarse por el éxito de los demás y aprenden de ellos.

5. No se quejan. De vez en cuando, quejarse tiene un poder catártico pero la queja continúa, que es una peculiaridad endémica de nuestra sociedad, solo sirve para centrarse en los aspectos negativos de las situaciones y, de paso, perder una energía y un tiempo muy valiosos. Al contrario, las personas con fuerza interior no se sientan a llorar sobre la leche derramada, emplean esa energía para reorganizar su estrategia y volver a la carga.

6. No intentan impresionar a nadie. En una cultura tan competitiva como la nuestra, muchas personas actúan movidas por una motivación extrínseca. Es decir, quieren ostentar sus logros como si fueran medallas colgadas en el pecho para alcanzar la aprobación o la admiración de los demás. Sin embargo, lo que diferencia a las personas con fuerza interior es que estas no pretenden impresionar a nadie, se mueven para lograr sus sueños, por una motivación intrínseca que, dicho sea de paso, es el motor impulsor más poderoso del comportamiento.

7. Aplican la gratitud. Estas personas, ya sea cuando se levantan o antes de acostarse, suelen dedicarle unos minutos a la gratitud. Hacen un inventario de las principales razones por las cuales se sientan agradecidas. Este pequeño ejercicio les permite reencontrar la tranquilidad interior y les da la fuerza que necesitan para enfrentar los proyectos que tendrán al día siguiente.

Fuente: Rinconpsicologia

Fluir emocional y el mito del control

Publicado: 24 octubre, 2013 en Uncategorized
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Cuando…
…puedo llegar a ser consciente de mí mismo durante esos momentos que se me hacen tan duros emocionalmente hablando (momentos de ansiedad, miedo, angustia, tristeza, llanto… o una combinación de varios de ellos) no solamente observando mi estado de ánimo sino sobre todo A MÍ MISMO EN ÉL.
Cuando…
…puedo llegar a verme entonces como si fuera un mero observador silencioso que estuviera a mi lado, junto a mí… un observador que me mira con comprensión, pero sin enjuiciarme, ni obligarse (para tratar contraproducentemente de vencer así a mi estado) a tener que adjetivar dichas sensaciones como: positivas, negativas, buenas, malas, normales, raras, ilógicas,… porque no las confunde consigo mismo, con su Ser.
Cuando no…
…me presiono por ello ni a rechazar ni a ignorar el vivir plenamente esos momentos de mi vida, esas emociones, esos pensamientos… y me doy cuenta que dejar fluir mis emociones en mí no significa obligatoriamente exteriorizarlas todo el tiempo ni tan siquiera tener que hacerles caso a cada uno de los pensamientos que las originaron…
Empiezo a sentir…
…una paz interior como nunca antes viví, siento que mi ruido mental se reduce, debido al hecho de haber permitido estar a mis emociones de una manera que nunca habría sospechado que pudiera yo tener el valor de hacer, que pudiera ser saludable para mi cuerpo y mi mente sentirlas de esa forma. No siento la ansiedad y el temor que brotaba antes en mí al pensar que mi labor era tener que controlarlas y maniatarlas en todo momento y situación.
Empiezo a ver que…
…realmente estoy comprendiendo en mí (y no solo sabiendo de una manera teórica o intelectual) que el deseo de mis emociones siempre fue el de FLUIR LIBREMENTE por mi cuerpo. Mis emociones (al igual que mis pensamientos) están en mí, las observo, las escucho atentamente, tomo nota de ellas… pero me acabo de dar cuenta, realmente, de que nunca fueron Yo, tan sólo una parte de mí Ser. Ahora no las personalizo en mí y siento de pronto que mi consciencia acaba de despertar, me siento ser más Yo mismo.
Siento la alegría de…
…darme cuenta de que estoy aprendiendo una habilidad nueva, que nadie me enseñó hasta ahora, quizás porque ninguna de las personas que estuvo a mí alrededor la llegó a conocer. Y sé que conforme vaya pudiendo ponerla en práctica iré aumentando mi confianza, autoestima y tranquilidad; rebajando con ello mi ansiedad, miedo y estrés ante el temor de que se esté aproximando una tormenta emocional.
Compruebo con sorpresa que…
…al dejarlas libres en mí, mis emociones (contrariamente a lo que siempre temí) NO han comenzado a devorarme por dentro, porque al no estarles inyectando ya el sufrimiento que hasta ahora solía añadirles (por mi inconsciencia pasada y falta de comprensión de lo que realmente era mi mundo emocional) se produce una liberación en mí, una relajación, al no sentir ya la necesidad ansiosa de controlarlas a cada momento, al no tener ya miedo a SU libertad.
Entiendo…
…que en el futuro, muchas de las emociones que sentiré seguirán siendo desagradables, algunas continuarán trayéndome dolor, pero será un dolor que ahora sé que es natural y saludable, que me indica que estoy vivo, que muestra que tengo sentimientos, que soy humano; es un DOLOR PURO, al que no le añado ya sufrimiento por mi parte, es un dolor no “sufriente” que me sana porque sencillamente puedo vivirlo, con humildad y naturalidad, vivirlo tal y como ES. Llega, lo atiendo, le escucho y se va, mucho más rápidamente que antes, cuando empezaba a pelearme con él o a ignorarlo en cuanto llegaba.
Y veo que…
…sigo siendo sensible a mis emociones, más que nunca, ellas siguen en mí pero no las molesto, ellas se expresan dentro de mí, surcan mi cuerpo con la libertad que en ningún momento les debí negar. No efectúo ninguna acción mental dirigida a tratar de detenerlas, manipularlas, forzarlas o ignorarlas porque ya no las temo. Me voy dando cuenta de que cada vez sentiré menos angustia y ansiedad por esas situaciones que estimaba tan peligrosas para mí, esos hechos que me hacían sentir COMO SI perdiera el equilibrio.
Y también noto que…
…al contrario de lo que pensaba que sucedería, sigo sintiendo compasión y empatía por los demás, más que nunca. No me he vuelto una persona fría, dura y sin sentimientos, sino un SER HUMANO pleno, mucho más real y genuino de lo que hasta ahora fui, porque ahora me entiendo verdaderamente a mí mismo y estoy en disposición, si se diera el caso, de poder ayudar adecuadamente a otras personas de una manera saludable tanto para ellas como para mí, porque las comprendo al igual que me comprendo a mí mismo, y ellas se van a dar cuenta de ello, a sentirlo así sabrán que las ayudo entendiéndolas y no porque me sienta obligado a tratar de calmarlas movido por la culpa o por mi incomodidad ante sus propios estados emocionales, que tanto me han recordado en muchísimas ocasiones a los míos.
Acabo de aprender a…
…sentirme cómodo en los momentos incómodos, porque ahora sé que esos estados y emociones que clasifiqué como “negativos” o “ilógicos” nunca estuvieron en mi contra, sino que tan sólo trataban de ayudarme a recobrar mi equilibrio psicológico…y lo único que tuve que hacer para verlo es justamente lo que nunca hice, dejarles estar en mí sin confundirme con ellos, tan sólo mirarlos desde la orilla como un observador sereno que presencia un río que fluye.
 
FUENTE: HABILIDAD EMOCIONAL.