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El eterno femenino nos atrae hacia lo alto.

Goethe
Salome___1900
Jung creía que en el hombre existía una imagen arquetípica femenina, que lo guiaba hacia la completud o la realización de su propio ser (Selbt). Esta imagen o fuerza es conocida como el “anima”, la cual se podía representar como la madre, la hija, la hermana, la amante, una diosa celestial o una fuerza telúrica monstruosa, etc. Aunque en la experiencia el anima y las mujeres con las que se encuentra el hombre se mezclan y superponen en una retroalimentación de las fantasías y las fuerzas psíquicas transconcientes, el anima y la mujer en sí misma no son lo mismo. En el caso de la mujer ocurre algo similar, aunque no idéntico, con el animus, el arquetipo masculino en el alma femenina, el cual es aún más complejo, según Jung.

El concepto de anima, de acuerdo con Jung, iba mejor de la mano con un lenguaje imaginativo, dramático, mitológico, sensorial, y no con un lenguaje científico descriptivo; había que dejar espacio, vacío, para que el arquetipo actuara, ya que era un proceso viviente del alma. A diferencia de lo que se creía con el horror vacui que se proyectó a la naturaleza, los arquetipos aman el vacío.

El anima encarna en cada hombre en el trasfondo psíquico como un patrón que universaliza la experiencia y la refiere a una base profunda de sentido o significado que se encuentra enraizada en el inconsciente colectivo. El anima es toda la experiencia de la feminidad en el sexo masculino, más allá de la especie, que aparece con fuerza imaginativa y que viene desde el principio del cosmos, el cual está permeado por energías polares u opuestos que deben conjugarse para dar vida y espiritualmente para lograr la integración de la psique con su esencia divina.

Esta anima es arquetípicamente la figura femenina por la cual el hombre se interna en lo desconocido y mata dragones y demonios. Pero aunque es la gran motivación de la psique masculina, también puede llevarlo a la perdición; participa también en la imagen del trickster, la encantatriz, la seductora, la femme fatal, la diosa Maya, Circe, las sirenas y ninfas, Salomé, etc.
Dice Jung: “Ya que es su gran desafío, exige del hombre lo máximo, y si lo obtiene, ella lo recibirá”. Una afirmación un poco críptica, que parece sugerir que las joyas de la corona serán solamente de los verdaderamente valerosos. El soma, el elixir de la inmortalidad siempre está custodiado por una serpiente y/o una ninfa. Si entrega todo, ella lo recibirá en su seno: no el seno opresor de la madre celosa sino el seno liberador de la vida, la energía y el significado que es predicado en la belleza y la armonía.

En el Libro rojo Jung dice: “Eres esclavo de lo que tu alma necesita. El hombre más masculino necesita a la mujer, y por lo tanto es su esclavo. Conviértete en mujer tu mismo, y serás salvado de la esclavitud a la mujer… La aceptación de la feminidad lleva a la completud. Lo mismo es válido para la mujer que acepta su masculinidad”. Aquí Jung obviamente habla de la noción alquímica del hermafrodita, en la que se realiza la unión sexual interna entre los principios masculinos y femeninos, lo cual no significa suprimir uno en favor del otro. El hombre debe desarrollar toda su masculinidad y fuerza, pero también ser sensible a la feminidad.

Jung habló de cuatro etapas en la relación del anima en el hombre. La primera es Eva, la tierra como madre biológica o como materia por fertilizar. La segunda etapa cobra una dimensión erótica, romántica, estética, y se valúa a la mujer como individuo (la mayoría de los hombres no pasa de esta etapa). La tercera etapa es en la que Eros se alza a lo religioso y espiritual. Esto es descrito por Platón en El banquete: el amor físico es trascendido y usado para elevar el alma. La cuarta etapa es ya una etapa de gloria arquetípica en la que la mujer se convierte en una encarnación de la divina Sophia, la sabiduría, y con ella el hombre alcanza la piedra filosofal.

En una entrevista Jung expresó esto: “Las mujeres son una fuerza mágica. Se rodean de una tensión emocional más fuerte que la racionalidad del hombre… La mujer es un ser muy fuerte, mágico. Es por ello que le temo a la mujer”. Este temor, creemos, debe ser interpretado como el terror de lo sagrado, el mysterum tremendum, la sensación que según Rudolf Otto acompaña al verdadero encuentro místico o numinoso… y, por lo tanto, una forma de veneración.

David Tresan, sin embargo, ve una ambivalencia en Jung, quien atribuyó a los reflejos fantasiosos y engañosos del anima algunos de los peligros a los que sucumbieron Nietzsche y los nazis. Pero señala que después de una experiencia al límite, un casi ataque al corazón que lo llevó a una seguidilla de visiones nocturnas, siendo su ego vencido in extremis, Jung llegó en 1944 a una experiencia “directa de la belleza no mediada por su intelecto” en la que el anima se reveló como “puramente irracional, el arquetipo de la vida, directo, asombroso, eterno”. Jung debía también enfrentar la muerte para penetrar en los misterios del anima, desde cuyos abismos radiantes se erigen “el amor, la belleza, la sabiduría”, esa trinidad que representa la mujer en el alma masculina.
Fuente: https://pijamasurf.com/2018/03/por_que_dijo_jung_que_las_mujeres_eran_quotseres_magicosquot_y_por_eso_les_tenia_miedo/

El futuro ha de ser verde, rojo, negro y femenino

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Robert Jensen

Traducido por Stacco Troncoso, editado por Inés Arias de Reyna

La especie humana ha de reconocer que cualquier futuro que nos permita retener nuestra humanidad tendrá que prescindir del capitalismo, el patriarcado y la supremacía blanca —y basarse en una visión del mundo ecológica—.

(Estas líneas se prepararon para una conferencia privada sobre sostenibilidad en la que los ponentes criticaron la agricultura corporativa y la medicina industrializada. Todos coincidieron en la necesidad de acometer cambios fundamentales en nuestros sistemas económicos, sociales y políticos, pero sin llegar a un consenso sobre un análisis apropiado de estos sistemas y su interacción.)

El futuro de la especie humana si queremos que tenga futuro ha de ser radicalmente verde, rojo, negro y femenino.

Si nos tomamos esto en serio —es decir, el futuro de la humanidad; si realmente nos preocupa que la humanidad tenga un futuro o no— todo individuo que proclame su preocupación ha de estar dispuesto a someterse a un reto radical. La manera en la que pensamos, sentimos, actuamos… todo estará abierto a la crítica y nadie podrá escabullirse fácilmente, porque todos hemos fracasado. Individual y colectivamente, hemos fracasado en el intento de crear sociedades justas o una presencia humana sostenible en el planeta. Quizás haya sido un fracaso inevitable, puede que el ser humano y su gran cerebro sean un callejón evolutivo sin salida, pero el fracaso no deja de ser nuestro. Por tanto, enfrentémonos a él, individual y colectivamente.

Podemos empezar con un análisis honesto de la información pertinente sobre la salud de la atmósfera en el contexto de lo que sabemos sobre los sistemas económicos, políticos y sociales de la humanidad. Mi conclusión: no existen soluciones mágicas para resolver estos problemas fundamentales, el resultado de demasiadas personas consumiendo demasiado y produciendo demasiados desperdicios, bajo unas condiciones desmesuradas de desigualdad en cuanto a riqueza y poder.

Si hoy mismo, y en todos los lugares del planeta, todos se comprometieran a investigar y organizarse para disminuir el lastre que el proyecto humano impone sobre el ecosistema, quizás podríamos crear un plan con el que sostener una presencia humana en este planeta, acompañado de una reducción dramática en cuanto a consumo y una reducción gradual en población. Pero, si reflexionamos sobre nuestra historia como especie y la naturaleza de los sistemas que gobiernan nuestras vidas, la conclusión más sensata es que no se tomarán los pasos que necesitamos tomar, por lo menos dentro del marco temporal que nos queda para cometer cambios significativos.

Esto no es derrotismo. Esto no es cobardía. Esto no es autocomplacencia

Esto es la realidad y los planes sensatos tienen que estar basados en realidades.

Sin negar, evitar, evadir

Tengo una sugerencia para toda esa gente lógica y realista que gusta quejarse de una cultura contemporánea que niega, evita y evade problemas críticos; de los norteamericanos que corren un tupido velo sobre la ciencia cuando esa ciencia trae malas noticias; de tantísima gente que no se enfrentará a verdades dolorosas: exijámonos el mismo rigor que exigimos a los demás. No neguemos, evitemos o evadamos cualquier aspecto de la realidad.

Por decirlo de otra manera: recurrir al tópico de que «las cosas no pueden estar tan mal», tan socorrido por el gran público a la hora de disimular duras realidades, es un callejón sin salida, pero también lo es el tópico de «tenemos que tener esperanza», a menudo empleado para evitar las conclusiones lógicas de nuestro propio análisis.

La esperanza es para los vagos. Esta no es la hora de la esperanza. Dejemos la esperanza de lado para empezar la labor verdadera de comprender nuestro momento en la historia para que nuestras acciones estén basadas en la realidad.

Mi tesis: nuestra tarea hoy en día no es la de apresurarnos a salvaguardar el mundo que conocemos, sino la de centrarnos en cómo mantener nuestra humanidad según nos adentramos en una era totalmente distinta de la presencia humana en el planeta, una era que pondrá a prueba nuestra resolución y resistencia. Llamémoslo el colapso, o  el apocalipsis, o la Edad de Acuario, sea cual sea el nombre, no se asemejará a nada que conozcamos. No es solo la caída de un imperio, una plaga localizada o la pérdida de un ecosistema específico. El futuro estará definido por un declive continuo del capital ecológico del planeta, que irá mucho más allá de cualquier posibilidad de recuperación, y por un aumento en los niveles de toxicidad, acompañado del conflicto social resultante exacerbado por una rápida desestabilización climática que no podemos predecir con exactitud, pero que supondrá la destrucción del bienestar humano o, incluso quizás, de la propia humanidad.

La tesis, reafirmada: durante la mayor parte de mi vida, mis mayores me dijeron que el reto moral de mi generación era cómo alimentar a cinco, seis, siete —puede que algún día incluso a diez— mil millones de personas. Hoy en día, nuestro reto moral es cómo vivir en un planeta de cuatro, tres, dos mil millones de personas o incluso menos. ¿Cómo comprender y relacionarnos con nosotros mismos como seres humanos —como seres morales, el tipo de criaturas que siempre hemos dicho ser— en el contexto de una extinción humana a largo plazo y sin precedentes? ¿Qué significará ser humano cuando sabemos que, a lo largo de este mundo o quizás incluso en esta misma manzana, hay otros seres humanos —criaturas exactamente iguales a ti y a mí— muriendo en masa y no es por causas que estén más allá del control humano, sino por cosas que los humanos elegimos, y seguimos eligiendo hacer?

Si crees que esto es demasiado extremo, alarmista, histérico, te invito a concebir una historia distinta del futuro, una historia que no dependa de la magia, que no incluya alguna versión de «inventaremos paneles solares que nos darán una abundancia de energía limpia» o «hallaremos formas de cultivar cada vez más alimentos en cada vez menos tierra y a pesar del declive en la fertilidad de la misma» o, quizás, inventaremos una máquina de movimiento perpetuo». Si me equivoco, explícame en qué me equivoco.

Pero, ante la inevitable contestación de que, aunque a día de hoy no podamos trazar una historia más esperanzadora, ¿no podemos confiar en que esa historia acabará surgiendo? ¿Acaso no es cierto que la necesidad aguza el ingenio? ¿Acaso no nos hemos enfrentado ya los humanos a grandes problemas para hallar soluciones con la razón, la creatividad la ciencia y la tecnología? ¿No es cierto que nuestros triunfos del pasado apuntan a que superaremos los problemas del presente y el futuro?

Es una respuesta comprensible, pero reminiscente del viejo chiste sobre aquel que se tira desde un edificio de 100 plantas y que, cuando ya lleva 90 plantas y le preguntan qué tal, dice: “Hasta ahora, genial». La tecnología avanzada, basada en una abundancia de energía concentrada y barata, nos ha llevado por una época curiosa, pero no existe garantía de que esa tecnología avanzada vaya a resolver los problemas del futuro, especialmente cuando las fuentes de energía concentrada más accesibles no hacen sino menguar y las consecuencias mortales de quemar todo ese combustible ya son inevitables.

Historias con las que rechazar la realidad

Puede que la necesidad haya aguzado el ingenio y mucho, pero eso no supone que nuestro ingenio sea capaz de superar cualquier obstáculo. La narrativa del fundamentalismo tecnológico que alcanza la trascendencia mediante la invención continua no es más útil que la narrativa del fundamentalismo religioso que alcanza la trascendencia mediante la intervención divina. Las dos aproximaciones, por muy distintas que parezcan a nivel superficial, son populares por el mismo motivo: ambas nos permitan negar, evitar, evadir. Ambas son historias con las que rechazar la realidad.

Nuestras opciones para vivir en un futuro digno dependen parcialmente de nuestra habilidad de desarrollar tecnologías más sostenibles, basadas en lo mejor de nuestra ciencia, y nuestra habilidad de retomar la noción de una humanidad común que existe en el corazón de las tradiciones religiosas. La tecnología y la religión son importantes. Pero, en sus vertientes fundamentalistas, son impedimentos para un análisis honesto y para emprender acciones saludables.

Si estamos de acuerdo con todo lo expuesto hasta aquí, aún queda otra técnica de evasión recurrente: la afirmación que, tal y como señaló recientemente un investigador mediático, «los mensajes desastrosos desaniman a la gente». Dado que la mayoría de las personas no disfrutan reflexionando sobre estos temas, es tentador razonar que no deberíamos discutir estas cuestiones de forma tan clara, no vaya a ser que algunas personas se desanimen por ello. No deberíamos rendirnos ante tal tentación.

En primer lugar, estas observaciones y conclusiones son un intento de enfrentarse a la realidad de buena fe. Desprestigiar estos temas alegando que los mensajes desastrosos no son del gusto de la mayoría es lo mismo que decir a las víctimas potenciales de un tornado que ignoren la previsión del tiempo, porque los mensajes desastrosos desaniman. Igual que no podemos prever con exactitud la trayectoria de un tornado, no podemos prever con exactitud la naturaleza y complejidad del colapso. Pero podemos tomar conciencia de que algo se aproxima y podemos prepararnos para ello de la mejor manera posible.

Segundo, evitemos la táctica fácil de desplazar nuestras debilidades intelectuales y morales hacia las mal llamadas «masas», quienes supuestamente son incapaces de, o que directamente no quieren, enfrentarse a ello. Cuando alguien me dice: “Estoy de acuerdo con la inevitabilidad de un colapso sistemático, pero las masas no pueden soportar eso», asumo que lo que realmente me están diciendo es: «Yo no puedo soportarlo”. Este intento de evasión es sinónimo de cobardía.

Una vez asumidos estos retos —una vez asumida la certeza de que la especie humana se enfrenta a una serie de problemas que probablemente no tengan remedio o, por lo menos, el tipo de remedios que nos permitan seguir viviendo de la misma manera—, dejaremos de estar lastrados por la resistencia de la cultura dominante. Nos esforzaremos por lograr cuanto podamos, en el lugar que vivimos, en el tiempo que nos queda. Y con esto llegamos al futuro: verde, rojo, negro y femenino.

Verde: el futuro humano, si queremos que haya un futuro, será verde; esto supone que la ecología jugará un papel determinante en toda discusión pertinente a los asuntos que afectan a la humanidad. Comenzaremos todas las conversaciones sobre todas las decisiones que podamos tomar sobre todas las facetas de la vida, reconociendo que somos una entre tantas especies dentro el entramado de ecosistemas complejos que componen la ecoesfera. Nos regiremos por las leyes de la física, la química y la biología, tal y como las entendemos a día de hoy, sabiendo que los ecosistemas de los que dependemos son mucho más complejos de lo que somos capaces de comprender. Como resultado de esta visión del mundo ecológica, actuaremos con verdadera humildad en cualquier intervención dentro de estos ecosistemas.

Rojo: el futuro humano, si queremos que haya un futuro, será rojo. Con esto quiero decir que tenemos que ser explícitamente anticapitalistas. Un sistema económico que potencia la avaricia humana y las estrategias a corto plazo, a la par que simula que no existen límites físicos para el consumo humano, es un culto a la muerte. Respaldar el capitalismo supone firmar un pacto suicida. No tenemos por qué invocar la existencia de un plan de reemplazo totalmente desarrollado que podamos coger de la estantería e implementar de inmediato; pero la ausencia de una alternativa detallada no justifica un sistema económico que no ha hecho más que intensificar el asalto de la humanidad sobre el mundo viviente que nos rodea. El capitalismo no es el sistema con el que crearemos un futuro sostenible.

Negro: el futuro humano, si queremos que haya futuro, será negro. Con esto quiero decir que hemos de rechazar la patología de supremacía blanca que, durante cinco siglos, ha moldeado el mundo en el que vivimos y sigue moldeando a quienes habitamos en él. Pero no confundamos esto con la superficialidad del «multiculturalismo»: no estoy sugiriendo que por celebrar la «diversidad» crearemos paz y armonía por arte de magia. Por contrario, hemos de reconocer que la distribución existente de riquezas es producto de un sistema de jerarquía racial patológicamente arraigado, concebido y perpetuado por la Europa blanca y sus sucedáneos (Estados Unidos, Australia, Sudáfrica).

Femenino: el futuro humano, si queremos que haya futuro, será femenino. Con esto quiero decir que hemos de rechazar la patología patriarcal que, durante varios miles de años, ha moldeado el mundo en el que vivimos y sigue moldeando a quienes habitamos en él. De nuevo, esto no ha de confundirse con las adaptaciones suavizadas y liberales de la «tercera ola» del feminismo asimiladas por la cultura dominante. Por contrario, hemos de adaptar un feminismo radical que rechace la jerarquía y la violencia de la que depende la dominancia masculina.

Mi reivindicación es la de enfrentarnos a todos estos sistemas de forma holística e integrada, que no podemos rechazar un sistema jerárquico sin rechazar todos los sistemas jerárquicos. Aferrarse a un sistema dependiente de un grupo que proclama su dominación sobre otro, menoscaba nuestra habilidad de construir un futuro digno. Hemos de desmantelar cualquier sistema basado en la lógica de la dominación.

Verde: nuestro afán por explotar el mundo viviente que nos rodea está basado en una suposición enraizada en creencias teológicas o laicas de que los humanos tenemos derecho a dominar, dada nuestra noción de que somos la especie suprema. Independientemente de que creamos que nuestros grandes cerebros provienen de Dios o del proceso evolutivo, no cabe duda de que, en términos cognitivos, somos los primeros entre todas las especies. Pero, pregúntate a ti mismo, ¿es “ser listo” lo único que valoramos dentro de la familia humana? ¿Acaso sólo nos clasificamos basándonos en nuestra habilidad cognitiva? Comprendemos que, dentro de nuestra especie, nadie tiene el derecho a dominar a otro basándose exclusivamente en el supuesto de ser más inteligente. Aun así, tratamos al mundo como si ese estatus de especie más inteligente es todo cuanto necesitamos para dominar sobre todo lo demás.

Rojo: si dejamos de lado las fantasías escritas sobre el capitalismo en los libros de economía y nos centramos en el mundo real, reconocemos que el capitalismo es un sistema de concentración de riqueza que permite a un número reducido de personas dominar no solo las decisiones económicas, sino también las políticas. Esta situación convierte nuestro supuesto compromiso con unos principios morales basados en la solidaridad, y unos principios políticos basados en la democracia, en objeto de burla. En el capitalismo, la dominación se justifica a sí misma: cuando permitimos acaparar riquezas a alguien, también le permitimos dominar a los demás sin mayor contemplación y por encima de cualquier otro valor.

Negro: por mucho que se hayan eliminado las peores prácticas legales y sociales que demarcaron y mantuvieron la supremacía blanca durante siglos, el mundo blanco jamás ha pagado su deuda con el mundo que no es blanco, prefiriendo agarrarse a su parte desproporcionada de las riquezas del planeta, extraídas a través de la violencia. Como resultado de este fracaso moral, la realidad material y el poder ideológico de la supremacía blanca sigue presente, modificado durante las décadas recientes para obsequiar ciertos privilegios a algunas de las poblaciones que otrora fueron perseguidas, siempre que la lógica dominadora del sistema no se ponga en entredicho. No nos hemos enfrentado a ello porque, para enfrentarnos honestamente, habríamos de emprender una redistribución masiva de la riqueza, tanto dentro de nuestras sociedades como a nivel global, junto a un cambio aún más dramático en la forma en la que las personas blancas se ven a sí mismas.

Femenino: no sorprende que aún no hayamos superado la jerarquía fundacional de la dominación masculina; admitir la existencia del patriarcado supone reconocer la propia dinámica de dominación y la subordinación del patriarcado. Esta dinámica, supuestamente rechazada por toda persona decente, permanece profundamente hilvanada dentro del tejido de nuestras vidas y en todas las esferas, incluyendo la sexualidad. Tomarse en serio la crítica feminista hace tambalear los cimientos de nuestras vidas cotidianas. De nuevo, la habilidad del sistema para permitir a un número limitado de mujeres dentro de los círculos de élite, siempre que acepten la lógica dominante, apenas hará mella en el patriarcado.

Este esbozo de políticas radicales no supone que cada persona tenga obligación de involucrarse en todos estos temas, eso sería imposible. Igualmente, este pequeño resumen de los sistemas de dominación/subordinación tampoco puede dar respuesta a todas las preguntas que surgen. Pero, para todo aquel que dice preocuparse por la justicia social y la sostenibilidad ecológica, quiero insistir en ciertas nociones básicas: nuestro análisis ha de tomar en cuenta todos estos aspectos de nuestras vidas; si tu análisis no lo hace, tu análisis está incompleto, y un análisis incompleto no puede ser la base de un cambio sustancial y significativo. ¿Por qué?.

Si la historia del futuro humano no es verde, entonces no habrá futuro. Si la historia no es roja, no puede ser verde. Si podemos reestructurar nuestra visión del mundo en torno a un nuevo concepto de ecología y economía, existe una oportunidad de que podamos rescatar algo. Pero no podremos continuar de la misma manera que antes; al reconfigurar nuestras expectativas, tenemos que abandonar esa noción tan arraigada sobre expansión continúa de nuestras riquezas.

Esto supone el comienzo de una narrativa en la que subsistimos con cantidades dramáticamente reducidas y en todos los sentidos. La narrativa verde y la narrativa roja describen un relato de limitaciones. Si aspiramos a mantener nuestra humanidad dentro de una época de contracción, esos límites han de ser aceptados por todos, el lastre compartido entre todos. Y esa narrativa solo funcionará si es negra y femenina. Sin un rechazo de la lógica dominadora de la explotación ecológica y el capitalismo, no tendremos futuro. Sin un rechazo de la lógica dominadora de la supremacía blanca y el patriarcado, no tendremos un futuro digno de vivir.

Cuando alguien dice: «Lo único que importa ahora mismo es la sostenibilidad ecológica» (reafirmando la primacía del verde), hemos de dejar bien claro que tal sostenibilidad es imposible dentro del capitalismo. Cuando alguien dice: «Lo único que importa es una economía de estado estacionario» (reafirmando la primacía del rojo), hemos de dejar bien claro que este estado estacionario es moralmente inaceptable dentro de la supremacía blanca y el patriarcado. Cuando alguien dice: «Tanto hablar de sostenibilidad no ayuda a las personas subordinadas que sufren hoy en día» (reafirmando la primacía del negro y lo femenino), hemos de dejar bien claro que cualquier logro de justicia social dentro de un sistema en declive rápido es una sentencia de muerte para las generaciones futuras.

Cada vez que alguien quiera reducir el alcance de nuestra investigación para aliviar un poco el día a día, hemos de dejar bien claro que el día a día no es el objetivo. La noción «del día a día» puede ser de gran utilidad para un individuo que esté recuperando una adicción, pero es un callejón sin salida para una especie al borde de cambios tan dramáticos como potencialmente irrevocables.

Cada vez que alguien quiera pensar a largo plazo pero reduciendo el alcance de nuestra investigación para facilitar el análisis de un problema específico, hemos de dejar bien claro que arreglar un problema específico no va servirnos de nada. La noción de «reparar los sistemas rotos, uno a uno» puede ser una estrategia política razonable a corto plazo en un mundo estable donde aún queda tiempo de acometer una trayectoria de cambio a largo plazo, pero es un callejón sin salida en el mundo inestable en el que vivimos.

Hablando claro: ninguna de estas observaciones pretende fomentar la parálisis o la pasividad. No argumento que no haya nada que hacer, nada que merezca la pena hacer, nada que no se pueda hacer para mejorar las cosas. Estoy diciendo que no se puede hacer nada para evitar un cambio dramático, un cambio de magnitud que solo puede ser descrito con la palabra «colapso». Lo que podemos hacer solo merecerá la pena ser hecho si aceptamos esa realidad. En vez de preguntarnos cómo podemos salvar todo esto, deberíamos preguntarnos cómo podemos mantener nuestra humanidad en medio de estos cambios.

Una vez liberados de la obligación de conjurar soluciones mágicas, la vida se vuelve más sencilla, y es más fácil comprender nuestras opciones: aprender a vivir con menos; dejar de lado la retórica vacía sobre el «capitalismo con conciencia»; cruzar las fronteras de raza, etnia, clase y religión que normalmente mantienen apartadas a las personas; asegurar que tanto el espacio público como el privado esté libre de violencia masculina; reconocer que la construcción de redes locales e instituciones que potencien la resiliencia son parte fundamental de cualquier proyecto en el que decidamos formar parte.

Esto lo hemos hecho nosotros

Si todo esto parece más de lo que se puede soportar, es porque lo es. Da igual lo dañados que estemos como individuos, nadie ha hecho nada para merecer esto. No deberíamos por qué tener que soportarlo. Pero esto lo hemos hecho nosotros, los humanos, colectivamente. Y lo llevamos haciendo dese hace mucho tiempo, miles de años, desde que la invención de la agricultura amputó nuestra relación natural con el mundo viviente que nos rodea.

Las malas noticias: los efectos de nuestros fracasos se están acumulando y puede que esta vez no seamos capaces de escapar de la trampa, tal y como hemos hecho ya tantas veces en el pasado.

Las buenas noticias: no somos los primeros humanos que han mirado a la realidad honestamente para mantener la firmeza en el cometido de regresar a una relación apropiada.

La historia que tenemos que contar es una historia profética y tenemos una tradición profética en la que inspirarnos. Fijémonos en la lección de Jeremías en la Biblia hebrea, que no tuvo pudor al hablar de la profundidad de su tristeza: “Mi tristeza no tiene remedio, mi corazón desfallece en mí” (Jeremías 8:18). Tampoco tuvo miedo al hablar de lo severo del fracaso que incitó esa tristeza: “Quebrantado estoy por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo; entenebrecido estoy, espanto me ha arrebatado” (Jeremías 8:21).

Además de la tradición profética, tenemos que estar dispuestos a invocar la tradición apocalíptica, reconociendo que hemos perdido el camino, que no hay manera de regresar a una relación justa con los sistemas en los que vivimos. La voz profética advierte a las personas de nuestros fallos dentro de estos sistemas, y la tradición apocalíptica puede ser entendida como una llamada para abandonar cualquier esperanza de retener estos sistemas. Las historias que nos hemos contado sobre cómo retener nuestra humanidad en esos sistemas han de ser reemplazadas por historias sobre cómo retener nuestra humanidad en la búsqueda de nuevos sistemas.

Tenemos que rechazar narrativas sobre milagros de última hora, ya sean de origen divino o tecnológico. No hay nada provechoso en el pensamiento mágico. Las nuevas historias requerirán imaginación, pero una imaginación asentada sobre los límites físicos de la ecoesfera. Cuando contamos historias que nos hacen creer que lo irreal puede ser real, esas historias son frutos del delirio, no de la imaginación. No nos ayudan a comprendernos a nosotros mismos ni a nuestra situación, prefiriendo tan solo favorecer la comodidad ilusoria que acarrea la falsa esperanza.

Finalmente, otra pequeña buena noticia: si tu corazón está enfermo y tu tristeza está más allá de una cura, estate agradecido. Sentir esta tristeza supone habernos enfrentado a una verdad sobre nuestro mundo caído. No estamos salvados, y puede que no seamos capaces de salvarnos a nosotros mismos, pero cuando nos enfrentamos a aquello que ni siquiera somos capaces de soportar, reafirmamos nuestra humanidad. Cuando nos enfrentamos a la realidad dolorosa de que no queda esperanza, es el momento en el que nos ganamos el derecho a la esperanza.

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Producido por Guerrilla Translation bajo una Licencia de Producción de Pares.


Jung

Publicado: 12 octubre, 2018 en educación, filosofia, información, literatura, meditación, psicología
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“…No podemos cambiar nada a menos que lo aceptemos….
En la vida real, ser simple exige un Arte Superior,
la aceptación de uno mismo es la esencia del problema moral,
a la vez que la piedra angular de toda una visión personal de la vida.
Alimentar a los pordioseros, perdonar agravios, amar a nuestros enemigos,
son ,indudablemente , grandes virtudes.
Mis actos hacia el último de mis projimos son actos míos para con Cristo.
Pero ¿que sucedería si descubriera yo ,que el mas recóndito de todos ellos,
el mas pobre de los pordioseros, el mas agresivo entre quienes me agravian,
el mismo diablo… Que todos ellos, en fin, están dentro de mi
Y que yo mismo imploro la limosna de mi propia misericordia,
que yo mismo soy el enemigo a quien debo amar….
Entonces … Que de haberse presentado el mismísimo Dios
bajo esta apariencia despreciable, lo habríamos negado mil veces,
antes de que cantara un solo gallo…”

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Desde esta comprensión de que todos los prototipos humanos están dentro de nosotros, es que podemos hermanarnos con aquellos que marginamos y catalogamos de malos y criminales. Del mismo modo no tiene sentido reverenciarnos mas de la cuenta,  frente a ninguna “figura mundial de renombre”, dado que en el fondo, tambien habitan en nuestra esencia todas sus capacidades. Es esta comprensión la que nos ayudara a unificarnos.

“Cualesquiera que sean vuestras cualidades, vuestras capacidades,
no tratéis de imponeros a los demás. ¿Por qué? Porque suscitáis en
ellos el deseo de enfrentarse con vosotros. Al principio, quizás
estén impresionados y os respeten, incluso os teman… Pero
mientras que vosotros creéis haber establecido vuestra autoridad,
ellos, en secreto, harán todo lo posible para armarse contra
vosotros. Y habréis sido vosotros quienes les habréis provocado. El
que alardea de su poder, despierta en los demás el instinto de
agresividad. No nos damos cuenta de todos los medios que los
hombres son capaces de poner en práctica cuando un superior, o
algún supuesto superior, los ha humillado con una actitud de
desprecio, con un tono seco o con palabras ofensivas.

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La verdadera autoridad la obtendréis cultivando la bondad, la
dulzura, la paciencia. Quizá los demás interpreten mal al principio
vuestra actitud: se imaginarán que sois débiles, incapaces, y
tratarán de abusar de la situación. Pero perseverad, y pronto se
verán obligados a reconocer vuestras capacidades, así como
vuestra fuerza interior, y entonces ganaréis no sólo su respeto, sino
también su amistad.”
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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Intentad encontrar en el otro el ser verdadero que está oculto.

No deis por hecho a nadie.
 Cada individuo es tal misterio
 que si continuáis indagando en él
 descubriréis que es interminable.

 

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Sólo cambiar tu foco de atención y sacarlo de lo que no tienes para ponerlo en lo que sí tienes. No esperes más resultados. Basta de lucha, basta de esfuerzo. Sigue moviéndote para lograr tus objetivos, pero no para alcanzar un estado. No para ser feliz. Disfruta el presente. No importa cómo, solo disfruta. Proponte disfrutar en todo momento, sea como fuere. Cuídate solamente de no hacerte daño ni hacer daño a los demás.

 

Sabe que lo más maravilloso que tienes y que jamás puedes perder es a ti mismo. Si no te sientes maravilloso es simplemente porque te han hecho sentir que no lo eres. Nadie ha reconocido cuando eras niño o niña tu grandiosidad. Te han convencido de que eres algo que en realidad no eres: un ser imperfecto. Te han engañado toda tu vida. A ti y a todos los que conoces.

 

Eres ahora lo que estas buscando y además eres el que lo busca. No esperes la salvación en el futuro, pues este solo está en la mente. No es real. Ese es el engaño. No creas que tienen que pasar ciertas cosas. La realidad es que no necesitas nada. Solo debes darte cuenta de este mecanismo inconsciente del ego que te produce sufrimiento de miles de formas haciéndote creer que la felicidad tiene requisitos. Que es algo a alcanzar. Si tú quieres, si realmente lo ves, puedes ser feliz en este instante. Esto no es una teoría o la frase de un libro de autoayuda, hablo por mi propia experiencia.

 

 

Luego, desde ese estado de amor, alegría, gratificación, paz, y dicha, todo lo que estuviste buscando desde hace tanto tiempo vendrá naturalmente. Por eso Jesús dijo: BUSCAD PRIMERO EL REINO DE DIOS Y TODO LO DEMAS OS SERA DADO POR AÑADIDURA.

 

Deja de buscar. Ríndete. Esto no significa abandonarte, significa dejar de esperar resultados. Se te pasa la vida buscando y buscando. Ya es suficiente. ¿Cuánto más esperar?  Mírate, y ve lo maravilloso que eres. Sabe que todo lo negativo que hay en ti no son más que condicionamientos grabados en el cerebro. Sea cual fuere el error que hayas cometido en el pasado, o que sigas cometiendo en el presente, no te pertenece. No es tuyo. Son tan solo programas. No tienen esencia. ¿Vas a seguir sufriendo y preocupándote por un maldito programa aprendido?. Es ridículo. Atrás estás tú; la luz y el amor puro. No dudes de esto. Ten la certeza de que todo es mentira, por mas que parezca tan real.

 

La sociedad entera está dormida. Todos. No les creas. Se olvidaron de lo que realmente importa. No uno, ni cien, mil, o un millón. Sino TODOS. Salvo un ínfimo grupo de personas, de los cuales probablemente jamás hayas conocido a ninguno de ellos. Por eso, ten fe de que esta es la verdad. Préndete con todas tus fuerzas a este conocimiento. TODO ES LUZ Y AMOR, SÓLO DEBES PROFUNDIZAR EN TI, SALIR DE LA MENTE, DEJAR DE PENSAR, Y LO COMPROBARÁS POR TU PROPIA EXPERIENCIA. Eso se llama meditación y no hay otro camino. Así lo lograron todos los maestros que pisaron la Tierra.

 

Simplemente porque ni Dios, ni el amor, ni la felicidad están en la mente. Dedícate a permanecer más tiempo contigo mismo en silencio y deja todo los demás en segundo plano. Inclusive a tu familia. Les serás mucho más útil cuando seas tú mismo. Créeme que no hay cosa más importante en la vida. No hay empresa más digna. Cuando te desapegues de lo exterior, comprendas que el mundo está vacío, que es incapaz de hacerte feliz, y no hagas otra cosa que mirar hacia dentro sintiendo tu propia presencia, todo lo que deseas y buscas vendrá fácilmente. No te esfuerces. Si hay un esfuerzo que tienes que hacer en toda tu vida es obligarte a permanecer por largos periodos a solas y en silencio contigo mismo. De ahí nacerá un nuevo ser, mucho más parecido a Dios. Y todos querrán estar contigo. Serás la Luz que el mundo necesita.

Por Lic. Fernan Makaroff

“Cuando sufrís, procurad tomar conciencia de que sólo una parte
de vosotros está afectada por este sufrimiento. Otra parte de
vosotros permanece inaccesible: vuestro espíritu. Vuestro
espíritu es libre, no está sometido a ninguna limitación. Desde
las regiones sublimes en las que se encuentra, os mira, os
aconseja. Y hasta a veces os dice: «¿Sufres? Pues bien, alégrate,
porque si eres inteligente, gracias a este sufrimiento ganarás
todavía algo más de lucidez, de comprensión, y te fortalecerás.»
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El que es desdichado tiene tendencia a identificarse con su
desgracia y se deja invadir por ella. Y eso es lo peligroso para él.
Debe, al contrario, ponerse inmediatamente en alerta y decirse:
«Ahora es cuando hay un trabajo a hacer. Sufro, desde luego,
pero sólo sufre una parte de mí.» Que recurra a esta otra
entidad, a su espíritu, que vive en la inmensidad, en la eternidad,
y que es también él. Desde el fondo de este barro en el que tiene
la sensación de hundirse, sentirá que surge la luz y la fuerza.”
Omraam Mikhaël Aïvanhov
Quienes no conozcan la fascinante historia del “Profeta durmiente” norteamericano, 
Edgar Cayce (1877-1945), la pueden revisar aquí.
Saludos.
Archivo:Cayce 1910.jpg
Edgar Cayce en 1910 (Wikipedia)
Cayce en sus últimos años.

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La novela japonesa que deslumbró a Kenzaburo Oé (Premio Nobel de Literatura) y     arrasa en ventas en Francia y Estados Unidos.Una casa y un jardín tocados por la gracia de una belleza de otro tiempo. Una pareja que se refugia en su nueva vida lejos de la agitación de Tokio.  Un gato enigmático entregado a la exploración que decide adoptarles como dueños y se convierte en el centro de una intriga con tintes policiacos y filosóficos.

El gato que venía del cielo refleja la belleza no siempre evidente de la vida cotidiana en Japón, con su ritmo pausado y la viva presencia de la naturaleza que determina el estado de ánimo. Con precisión y lirismo, Hiraide nos muestra el tumulto de un cambio de era y los valores inmutables de una sensibilidad ancestral, mientras plantea sutilmente los grandes interrogantes sobre los que se asientan nuestras vidas.

image0062Takashi Hiraide nació en la localidad de Moji, Kitakyushu, en 1950. Después de trabajar durante nueve años como redactor para una editorial de Tokio, decidió consagrarse a la escritura.

Entre sus obras se cuentan una biografía del poeta Irako Seihaku, un libro de viajes que rastrea los pasos de Kafka, Celan y Walter Benjamin en Berlín, una compilación de cartas inclasificable y el libro de poemas Kurumi no sen’i no tameni (Para el espíritu luchador de las nueces).

Es profesor de Ciencia del Arte y Poética en la Universidad de Tama y miembro fundador del Instituto de Antropología del Arte en Tokio.

Su primera novela, El gato que venía del cielo, traducida al inglés y al francés con gran éxito, ganó en 2002 el Premio Kiyama Shohei.

2571c086cd8d13f4fceda7fb115c89caSi te das cuenta de que te estas metiendo en un problema,
cuidado:
corre, baila, pega saltos,
pero no caigas en el problema.
Haz algo inmediatamente para que la energia que estaba creando esos problemas
 se deshaga, se deshiele,
vuelva al cosmos.
Si las personas pudieran bailar un poco mas,
cantar un poco mas,
enloquecer un poco mas,
su energia fluiria mas facilmente
y sus problemas desaparecerian poco a poco.

Alegría, Osho