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                                                             Palabras sabias para momentos difíciles
IMG_2556Pema Chödron (Ella es una monja ordenada, Acharya y discípula de Chögyam Trungpa Rinpoche. )

Capítulo 1



Intimar con el miedo

El miedo es la reacción natural al acercarse a la verdad.

Embarcarse en el camino espiritual es como meterse en un bote muy pequeño y aventurarse en el océano en busca de tierras desconocidas. Cuando practicamos de todo corazón nos sentimos inspirados, pero antes o después acabamos encontrándonos con el miedo. Pensamos que al llegar al horizonte estaremos en el fin del mundo y nos caeremos al vacío. Como todo explorador, nos sentimos atraídos a descubrir lo que nos está esperando ahí fuera, sin saber aún si tendremos el valor necesario para hacerle frente.

Si nos interesamos por el budismo y decidimos descubrir lo que tiene que ofrecernos, pronto descubriremos en su oferta varios matices distintos. En la meditación intuitiva comenzamos practicando la conciencia del instante, estar plenamente presentes en todas nuestras actividades y pensamientos. En la práctica del Zen escuchamos las enseñanzas sobre el vacío y enfrentamos el reto de conectar con una claridad mental abierta e ilimitada. Las enseñanzas del Vajrayana nos introducen a trabajar con la energía en todas las situaciones y nos hacen ver que cualquier cosa que surja es inseparable del estado de despertar. Cualquiera de los planteamientos    anteriores    puede    engancharnos y entusiasmarnos para continuar explorando, pero si queremos profundizar y seguir practicando sin vacilación, inevitablemente llegará un momento en que sentiremos miedo.

El miedo es una experiencia universal; lo sienten hasta los insectos más pequeños. Cuando vamos chapoteando entre los charcos que quedan tras la bajada de la marea y acercamos el dedo a los cuerpos suaves y abiertos de las anémonas, podemos ver cómo se cierran. Lo mismo les ocurre espontáneamente a todos los demás animales. Sentir miedo cuando nos enfrentamos a lo desconocido no es algo terrible; más bien es una parte integral del hecho de estar vivos y que todos compartimos. Reaccionamos ante la posibilidad de encontrarnos con la soledad, con la muerte, ante la posibilidad de no tener nada a lo que agarrarnos. El miedo es una reacción natural al acercarse a la verdad.

Pero si nos comprometemos a quedarnos donde estamos nuestra experiencia se vuelve muy vivida; las cosas se ven muy claras cuando no hay escape posible.

Mientras estaba en un largo retiro tuve una revelación que pareció conmover cielos y tierra: ¡no podemos estar en el presente y al mismo tiempo planificar nuestra vida! Ya sé que parece algo muy evidente, pero cuando descubres algo así por ti mismo, te cambia. La impermanencia se vuelve algo vivido en el presente, y lo mismo ocurre con la compasión, el coraje y la capacidad de maravillarse. Y también con el miedo. De hecho, cualquiera que esté en el límite de lo desconocido, plenamente en el presente sin punto de referencia, experimenta la ausencia de base o fundamento, de un lugar donde agarrarse. Cuando nuestra comprensión se hace más profunda descubrimos que el presente es un lugar muy vulnerable, lo que puede ser una experiencia absolutamente enervante y al mismo tiempo absolutamente tierna.

Cuando empezamos nuestra exploración, tenemos todo tipo de ideales y expectativas. Buscamos respuestas que satisfagan el hambre que hemos sentido durante largo tiempo, pero lo último que deseamos es que nos vuelvan a hablar del hombre del saco. Evidentemente, la gente intenta avisarnos. Recuerdo que la primera vez que me dieron instrucciones de meditación, la profesora me describió la técnica, me dio las instrucciones necesarias para la práctica y luego añadió: «Pero, por favor, no salgas de aquí pensando que la meditación te va a dar unas vacaciones de la irritación.» De alguna manera, todas las advertencias del mundo no llegan a disuadirnos; de hecho, nos acercan más al sendero.

De lo que estamos hablando es de llegar a conocer el miedo, de familiarizarnos con él, de mirarle directamente a los ojos; no como una forma de resolver los problemas, sino como una manera de deshacer completamente las viejas maneras de ver, oír, oler, saborear y pensar. La verdad es que, cuando realmente comencemos a hacerlo, nos encontraremos con que somos humillados continuamente. No va a quedar mucho espacio para la arrogancia que resulta de aferramos a nuestros ideales. La arrogancia que inevitablemente aflorará va a ser vapuleada de continuo por nuestro propio coraje de ir un paso más allá. Los descubrimientos que experimentaremos mediante la práctica no tienen nada que ver con ninguna creencia. Tienen mucho que ver con tener el coraje de morir, el coraje de morir continuamente.

Las instrucciones sobre la conciencia del momento, la vacuidad o el trabajo con la energía apuntan hacia el mismo hecho: estar en el sitio justo nos deja clavados, clavados al punto del espacio y del tiempo en el que nos encontramos. Cuando nos detenemos allí mismo y no expresamos ni reprimimos, no nos culpamos ni culpamos a los demás, nos encontramos frente a una pregunta abierta que no tiene respuesta conceptual. También nos encontramos con nuestro corazón. Un estudiante lo expresó muy elocuentemente: «La naturaleza de Buda, astutamente disfrazada de miedo, nos da una patada en el culo para que estemos receptivos.»

En una ocasión asistí a una conferencia sobre la experiencia espiritual que vivió un hombre en India durante la década de los sesenta. Nos contó que estaba absolutamente dispuesto a librarse de sus emociones negativas: luchaba contra la ira y la lujuria, luchaba contra la pereza y el orgullo, pero sobre todo quería liberarse del miedo. Su profesor de meditación le decía una y otra vez que dejase de luchar, pero él consideraba que aquello no era más que otra manera de explicarle cómo superar los obstáculos.

Finalmente, el profesor lo envió a meditar en una pequeña cabaña al pie de las montañas. El cerró la puerta y se dispuso a comenzar con la práctica. Al llegar la noche, encendió tres pequeñas velas. Hacia medianoche oyó un ruido en una esquina de la habitación y en la oscuridad pudo distinguir una gran serpiente. Estaba justo delante de él, balanceándose, y le miraba como una cobra real. Estuvo toda la noche totalmente alerta, manteniendo los ojos en la serpiente: tenía tanto miedo que no podía ni moverse. Sólo estaban él, la serpiente y su miedo.

Justo antes del amanecer se apagó la última vela y él empezó a llorar, pero no lloraba de desesperación sino de ternura. Sintió el anhelo de todas las personas y animales del mundo; conoció su lucha y su alienación. Todas sus meditaciones no habían sido más que lucha y separación. Entonces aceptó —verdaderamente aceptó de todo corazón— que era iracundo y celoso, que se resistía y luchaba, y que tenía miedo. También aceptó que era un ser precioso más allá de toda medida: sabio y estúpido, rico y pobre, y totalmente insondable. Se sentía tan agradecido que se levantó en medio de la oscuridad total, caminó hacia la serpiente y le hizo una reverencia. A continuación se tumbó en el suelo y se quedó profundamente dormido. Cuando despertó, la serpiente había desaparecido. Nunca supo si se lo había imaginado o si realmente había sucedido, pero no parecía importarle mucho. Como dijo al final de la conferencia, el contacto íntimo con el miedo hizo que sus dramas personales se colapsaran, y finalmente el mundo que le rodeaba pudo llegar hasta él.

Nadie nos dice nunca que debemos dejar de huir del miedo. Raras veces se nos dice que nos acerquemos más, que sigamos allí, que nos familiaricemos con él. En una ocasión le pregunté al maestro zen Kobun Chino Roshi cómo se relacionaba con el miedo, y me dijo: «Concuerdo con él; concuerdo.» Pero el consejo que solemos recibir es el de edulcorarlo, diluirlo, tomar una píldora o distraernos: cualquier cosa para hacerlo desaparecer.

En realidad, no hace falta que nos animen a hacer este tipo de cosas porque lo que solemos hacer de modo natural es disociarnos del miedo. Ante la menor insinuación de su presencia nos descentramos y nos evadimos. Cuando sentimos que viene, desaparecemos. Y es bueno saber que solemos actuar así, pero no para castigarnos por ello, sino para desarrollar la compasión incondicional. Lo más descorazonador de todo es nuestra forma de engañarnos para evitar el momento presente.

Sin embargo, a veces estamos acorralados: todo se cae en pedazos y desaparece la posibilidad de escapar. En momentos así, las verdades espirituales más profundas parecen muy evidentes y ordinarias. No hay dónde esconderse. Podemos ver este hecho tan bien como cualquiera, incluso mejor que cualquiera. Antes o después entendemos que, aunque no podemos hacer que el miedo tenga una apariencia agradable, él será el que nos introduzca a todas las enseñanzas que hemos leído u oído.

Por eso, la próxima vez que te encuentres con el miedo, considérate afortunado. Aquí es donde el coraje entra en escena. Generalmente, pensamos que la gente valiente no tiene miedo, pero la verdad es que conocen el miedo íntimamente. Al principio de nuestro matrimonio, mi esposo me dijo que yo era una de las personas más valientes que conocía. Cuando le pregunté por qué, me dijo que porque era una cobarde total, pero a pesar de todo seguía adelante y hacía las cosas.

El truco consiste en seguir explorando y no abandonar aun cuando descubramos que algo no es lo que pensábamos, porque eso es lo que nos va a ocurrir una y otra vez. Nada es lo que pensábamos; esto es algo que puedo afirmar con toda confianza. El vacío no es lo que pensábamos, y tampoco lo son la conciencia del presente o el miedo. Tampoco la compasión es lo que pensábamos, ni el amor ni la naturaleza de Buda. Ni el coraje. Éstas no son más que palabras en clave para describir cosas que no conocemos mentalmente, pero que cualquiera de nosotros puede experimentar. Son palabras que señalan lo que verdaderamente es la vida cuando dejamos que las cosas se caigan a pedazos y nos dejamos clavar al momento presente.

 

 

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La palabra, junto con el poder de la vibración es capaz de crear, sanar y también destruir. La teoría indica que cuando focalizamos nuestra mente en algo, y a esto le sumamos el sentimiento y la emoción para finalmente expresarlo, estamos exteriorizando y materializando un poder que estará afectando los reinados de la materia.

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LO QUE LE DICES A TU SEMEJANTE, TE LO DICES A TI MISMO
Si cada uno de nosotros estuviésemos conscientes de que la energía liberada en cada palabra afecta no solo a quien se la dirigimos, sino también a nosotros mismos y al mundo que nos rodea, comenzaríamos a cuidar más lo que decimos.
Los antiguos esenios sabían de la existencia de un enorme poder contenido en la oración, el verbo y la palabra. Los antiguos alfabetos, como el sánscrito, el arameo y el lenguaje hebreo son fuentes de poder en sí mismos. Los esenios utilizaron la energía que canaliza el lenguaje -la cual era la manifestación final del pensamiento, la emoción y el sentimiento- para manifestar en la realidad la calidad de vida que deseaban experimentar en este mundo. En las culturas del antiguo Oriente eran utilizados los mantras, los rezos, los cánticos y las plegarias con una intensión predeterminada como técnicas para materializar estados internos y programar, de una forma ignorada por nosotros en la actualidad, realidades pensadas, deseadas y afirmadas previamente.
Los estudios realizados por físicos cuánticos comienzan a redescubrir y validar el enorme conocimiento olvidado de antiguas culturas ancestrales. Un conocimiento que se encuentra aún escondido y olvidado y que nos aportaría el poder de cambiar nuestro mundo.

 

LAS PALABRAS PUEDEN PROGRAMAR EL ADN
La más reciente investigación científica rusa apunta a que el ADN puede ser influido y reprogramado por palabras y frecuencias, sin seccionar ni reemplazar genes individuales. Solo el 10% de nuestro ADN se utiliza para construir proteínas, y este pequeño porcentaje del total que compone el ADN es el que estudian los investigadores occidentales. El otro 90% es considerado “ADN chatarra”. Sin embargo los investigadores rusos, convencidos de que la naturaleza no es tonta, reunieron a lingüistas y genetistas -en un estudio sin precedentes-, para explorar ese 90% de “ADN chatarra”.
Los resultados arrojaron conclusiones impensadas: según los estudios, nuestro ADN no solo es el responsable de la construcción de nuestro cuerpo, sino que también sirve como almacén de información y para la comunicación a toda escala de la biología. Los lingüistas rusos descubrieron que el código genético, especialmente en el aparentemente inútil 90%, sigue las mismas reglas de todos nuestros lenguajes humanos. Compararon las reglas de sintaxis (la forma en que se colocan juntas las palabras para formar frases y oraciones), la semántica (el estudio del significado del lenguaje) y las reglas gramaticales básicas y así descubrieron que los alcalinos de nuestro ADN siguen una gramática regular y sí tienen reglas fijas, tal como nuestros idiomas.
Por lo tanto, los lenguajes humanos no aparecieron coincidentemente, sino que son un reflejo de nuestro ADN inherente. El biofísico y biólogo molecular ruso Pjotr Garjajev y sus colegas también exploraron el comportamiento vibratorio del ADN. “Los cromosomas vivos funcionan como computadoras solitónicas/holográficas usando la radiación láser del ADN endógeno”. Eso significa que uno simplemente puede usar palabras y oraciones del lenguaje humano para influir sobre el ADN o reprogramarlo.
Los maestros espirituales y religiosos de la antigüedad han sabido, desde hace miles de años, que nuestro cuerpo se puede programar por medio del lenguaje, las palabras y el pensamiento. Ahora eso se ha probado y explicado científicamente. La sorpresa mayor fue descubrir la manera en que el 90% del “ADN Chatarra” almacena la información. “Imaginemos una biblioteca que en lugar de archivar miles de libros solo guarda el alfabeto común a todos los libros, entonces, cuando uno solicita la información de un determinado libro, el alfabeto reúne todo lo contenido en sus páginas y nos lo pone a nuestra disposición”, aclaró Garjajev. Esto nos abre las puertas a un misterio aún mayor: que la verdadera “biblioteca” estaría fuera de nuestros cuerpos en algún lugar desconocido del cosmos y que el ADN estaría en comunicación permanente con este reservorio universal de conocimiento.

 

LA EVIDENCIA INESPERADA

El investigador Dan Winter, que desarrollara un programa de computación para estudiar las ondas sinusoidales que emite el corazón bajo respuestas emocionales, en una fase de la investigación con sus colegas, Fred Wolf y Carlos Suárez, analizó las vibraciones del lenguaje hebreo con un espectograma. Lo que descubrieron fue que los pictogramas que representan los símbolos del alfabeto hebreo se correspondían exactamente con la figura que conforma la longitud de onda del sonido de cada palabra.
Es decir que la forma de cada letra era la exacta figura que formaba dicha longitud de onda al ser vocalizada. También comprobaron que los símbolos que conforman el alfabeto son representaciones geométricas. En el caso del alfabeto hebreo, las 22 gráficos utilizados como letras son 22 nombres propios originalmente usados para designar diferentes estados o estructuras de una única energía cósmica sagrada, la cual es la esencia y semblanza de todo lo que es. El libro del Génesis está escrito en este lenguaje.
Las letras de los antiguos alfabetos son formas estructuradas de energía vibracional que proyectan fuerzas propias de la estructura geométrica de la creación. De esta manera, con el lenguaje se puede tanto crear como destruir. El ser humano potencia el poder contenido en los alfabetos al sumarle el poder de su propia intención. Eso nos convierte en responsables directos de los procesos creacionales o destructivos en la vida… y con tan solo ¡la palabra!

 

EL PODER CURATIVO DE LA PALABRA
Existe una capacidad demostrada en la que la palabra puede afectar la programación del ADN. La salud podría conservarse indefinidamente si nos orientamos en pensamientos, sentimientos, emociones y palabras creativas y, por sobre todo, bien intencionadas.
Los estudios del Instituto Heart Math nos abren un nuevo panorama hacia la curación, no solo de los humanos enfermos, sino también para la sanación planetaria. El instituto cree en la existencia de lo que ellos dieron en llamar “hipercomunicación”, una especie de red de internet bajo la cual todos los organismos vivos estarían conectados y comunicados permitiendo la existencia de la llamada “conciencia colectiva”.
El Hearth Math declara que si todos los seres humanos fuéramos conscientes de la existencia de esta matriz de comunicación entre los seres vivos, y trabajáramos en la unificación de pensamientos con objetivos mancomunados, seríamos capaces de logros impensados, como la reversión repentina de procesos climáticos adversos.
El poder de los rezos, oraciones y peticiones, tal como nos lo han legado los antiguos esenios -potenciado por millares de personas-, nos otorgaría un poder que superaría al de cualquier potencia militar que quisiera imponernos su voluntad por la fuerza.
Este poder ha sido demostrado en especies animales como los delfines, que trabajan unificados en objetivos comunes. Los delfines utilizan patrones geométricos de hipercomunicación, ultrasonido y resonancias que les sirven para interactuar con las grillas energéticas del planeta. Estos animales poseen la capacidad de producir estructuras sónicas geométricas y armónicas bajo el agua. Podríamos afirmar que los delfines ayudan más a mantener el equilibrio planetario de lo que lo hacen los humanos.
Si Dios nos otorgó el poder, significa que quiere que nosotros, una vez alcanzado un nivel de conciencia determinado, ayudemos con respeto a la vida a ser co-creadores de su obra.

 

Este artículo ha sido publicado en la Revista “EL PLANETA URBANO” – Sección Planeta 

Einstein consideró que el problema fundamental del ser humano es ignorar esto: que es parte del todo y que no existe de manera separada.

Albert Einstein, después de desarrollar su teoría de la relatividad, se volvió en la más importante celebridad intelectual de su época. Einstein se interesó por todo tipo de ideas, mucho más allá de la física, incluyendo, por supuesto, la filosofía de Spinoza, la cual mantuvo como lo más cercano a una creencia personal. Es debido a su gran inquietud intelectual y a la obsesión popular por su inteligencia que hoy en día abundan todo tipo de frases que se atribuyen a Einstein -algunas de las cuales son falsas o citas imprecisas- sobre todo tipo de temas, desde la política internacional al vegetarianismo. 

Aunque existen un claro abuso en el recurso a la autoridad de Einstein para legitimar una idea, es indudable que Einstein dejó perlas de sabiduría, algunas de las cuales son sumamente útiles e inspiradoras en nuestro tiempo. Un caso notable es un pequeño párrafo que fue citado en el New York Times (marzo 29, 1972) y el cual el escritor George Monbiot sugiere puede leerse como “la otra gran ecuación de Einstein: una fórmula para la supervivencia del mundo viviente y los seres humanos”. Esta es la cita:

Un ser humano es parte de la totalidad, llamada por nosotros “Universo”, una parte limitada en el tiempo y el espacio. Se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sensaciones, como separado del resto – [esto es] una especie de ilusión óptica de su conciencia. Una ilusión que es una forma de prisión, limitándonos a sólo nuestros deseos personales y a sentir afecto por sólo las personas más cercanas. Nuestra tarea debe ser liberarnos de esta prisión al extender nuestro círculo de compasión y abrazar todas las criaturas de la naturaleza en toda su belleza.

Esta cita (en su versión en inglés) ha circulado por innumerables sitios en la red. Sin embargo, según la autora Alice Calaprices en The New Quotable Einstein, la cita original proviene de una carta que escribió Einstein en 1950 a un padre que había perdido a su hijo y es la siguiente:

Un ser humano es parte de la totalidad, llamada por nosotros “Universo”, una parte limitada en el tiempo y el espacio. Se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sensaciones, como separado del resto – [esto es] una especie de ilusión óptica de su conciencia. El esforzarse por liberarse de esta ilusión es el tema central de la verdadera religión. No nutriéndola sino superándola es la forma de lograr una medida estable de paz mental. 

Indudablemente la primera cita está embellecida y expresa más explícitamente una visión muy cercana a la filosofía del budismo mayahana (como algunas personas han notado claramente). Dicho eso, la segunda cita, contiene la misma idea: básicamente que no existimos de manera separada -por lo cual nuestra percepción común es una ilusión- y que esta falsa sensación de separación es la raíz de nuestro sufrimiento.

Aunque Einstein no sugirió nunca que esto fuera una fórmula estrictamente, es indudable que la frase refleja el núcleo de su filosofía personal ya que en repetidas ocasiones habló de algo similar, de un sentimiento de religiosidad cósmica, una reverencia ante las leyes de la naturaleza, la belleza y la elegancia de la cual somos parte integral. La moralidad está justamente en este existir de manera interdependiente en un universo de una belleza y un orden que reflejan una misteriosa fuerza y una “razón que se manifiesta a sí misma en la naturaleza”. “Vemos un universo maravillosamente arreglado, que obedece ciertas leyes, pero apenas entendemos esas leyes. Nuestras mentes limitadas no pueden aprehender la fuerza misteriosa que mueve a las constelaciones”, escribió Einstein

¿Por qué es esta una posible ecuación para la supervivencia de nuestra especie y en general de la vida en el mundo? Es porque de la noción fundamental de que no existimos de manera separada, que somos parte de la totalidad, se deriva lógicamente que vivimos en un mundo interdependiente, en el cual cada ser y cada acto afecta a todos los demás. Este es el origen del problema ecológico (concebirse como separados e independientes) y la solución del problema ecológico y en general existencial (erradicar la ilusión de la separación y entender que nuestra paz y felicidad dependen de tomar en cuenta a los demás). Einstein era consciente de que esto es la base de todas las religiones, la llamada ley de oro, pero su aportación a esto es entenderlo desde la física, ya no como una aseveración moral basada en la revelación divina o ni siquiera en el sentido común, sino en la observación de la naturaleza del universo. Ya que en realidad no somos tanto personas o individuos como porciones del universo en las cuales el mismo universo se hace consciente de sí mismo. La religión cósmica de Einstein, su espiritualidad, está en esta conexión con el universo, más allá de dogmas. La verdadera humanidad es esa compasión que trasciende identificaciones como credos, nacionalismos, razas e incluso familias y especies. Esta es la verdadera perspectiva cósmica integral.

http://pijamasurf.com/2017/10/la_preciosa_quotecuacionquot_de_alber…


Al principio somos como niños ansiosos. Queremos que todo llegue lo antes posible, soñamos con devorar experiencias, con exprimir la vida. Más tarde llegan los triunfos, las desilusiones, las piedras en el camino… No obstante, de eso trata la vida, de avanzar, de asumir cambios y ser humildes en todo ese maravilloso trayecto vital.

¿Quién no ha querido alguna vez que algo llegue lo más pronto posible? ¿Y quién no ha deseado en alguna ocasión que un momento fuera eterno, que el tiempo se detuviera ahí mismo como esas rocas que se alzan firmes en medio del océano?

No importa, porque los buenos momentos siempre se quedarán impresos en nuestra memoria. El hombre, por así decirlo, está hecho de recuerdos y nos pasamos gran parte del día evocando buenos y malos instantes.

Admitir que nuestra vida discurre un poco más cada día y que avanza con un tic-tac que nadie puede detener, es sin duda algo que nos asusta y que nos obliga a reflexionar. No obstante, no hay que tener miedo a ese camino, a ese avanzar.
Todos somos breves inquilinos es este mundo imperfecto lleno de cosas maravillosas.

No hay que tenerle miedo a los años, sino a la vida no vivida, a los años vacíos huecos de emociones, de triunfos y por qué no, también de fracasos nunca experimentados. Esos de los que tanto aprendemos.
Reflexionemos hoy brevemente sobre este avanzar de nuestra existencia, hablemos de esos aspectos permanentes que debemos cuidar cada día para llevar una vida más plena.

En la vida todo cambia, excepto las esencias
En efecto, podríamos decir que en esta vida todo llega, todo pasa y todo cambia. No obstante, hay algunos elementos que deben ser puntos fijos en nuestro microuniverso particular:

Tu autoestima, tu necesidad por aprender e ilusionarte
El amor, el respeto, la dignidad y nuestra necesidad por cultivar el crecimiento personal, deben ser pilares esenciales en tu día a día. Veletas que guiar con fuerza y entereza tu camino, sea cual sea.

Hay veces en que en esta extensa aventura vital, declinamos muchos de estos aspectos en favor de otras personas. Hay quien prioriza en algún momento de su vida a sus parejas hasta tal punto, que se olvida de uno mismo.
Y si bien todo es justificable si los sentimientos son intensos, hay que saber mantener el equilibrio. Ofrecernos a los demás hasta el punto de olvidar nuestras necesidades, nos hará caer tarde o temprano en la frustración, y por tanto dejaremos de avanzar.

Cuando pierdes tu capacidad por ilusionarte, cuando tus días están aferrados a la preocupación o la insatisfacción, tu vida ha dejado de avanzar. El peso que acumulas te arraiga ya al sufrimiento. Respira, relativiza todo lo que te aferra y rompe las cadenas que creas necesarias…

Puede que pienses también que otro aspecto que no debe cambiar a lo largo de nuestra vida, son sin duda los valores. Bien, sin lugar a dudas existirán esos esquemas básicos que nunca romperemos, como es el respeto a uno mismo y a los demás, la honestidad, la valentía…

Ahora bien, dentro de este avanzar vital, todos podemos llegar a hacer pequeños cambios en nuestra personalidad e incluso en nuestra escala de valores de acuerdo a las experiencias vividas. Y todo será sin duda para bien porque forma parte del proceso de aprendizaje y de crecimiento.

No le tengas miedo a los cambios, son anclas que rompemos para avanzar con un poco más de sabiduría de acuerdo a los actos vividos.
El amor que nos trasciende
El amor que sentimos por los nuestros, por nuestra familia, por nuestra pareja o nuestros hijos, son también puntos fijos en nuestra esencia vital.

Ahora bien, el amor no es una entidad estable en el tiempo. También el amor se trasforma y se adapta. Un ejemplo de ello es nuestra propia relación de pareja.
Los dos miembros deberán ir adaptando a los cambios vitales que van surgiendo a lo largo del tiempo: los cambios de trabajo, la llegada de los hijos, el equilibrar el crecimiento individual con el crecimiento de la propia pareja.

Todo ello son momentos que van a exigir nuestra dedicación, nuestra sabiduría y la capacidad de ir avanzando siendo dos personas en una misma unidad existencial. Compartimos esas mismas raíces nutridas por el amor, pero alzamos nuestras ramas personales para seguir creciendo personalmente.
Claves para asumir los cambios con sabiduría

– Tú eres la prioridad, el protagonista de tu vida y eres importante dentro de tu mundo. No te aferres a los miedos o a la indecisión porque a largo plazo, llegará la frustración, el lamento por una vida no vivida.

– Nunca dejes de cuidar a ese “niño interior“. Debes ilusionarte por ti y por la vida, ser espontáneo dentro de toda la sabiduría que has adquirido. Disfruta de las cosas sencillas, ama, experimenta, atrévete.
No te ancles a los errores del pasado ni te alimentes de nostalgias, la vida no espera a quien se detiene en sus propias oscuridades. La vida busca luz y su propia libertad, permítete crecer con ella, con optimismo, con ilusión y sencillez.

FUENTE :

www.formarse.com.ar

“Los niños llevan consigo los recuerdos de épocas lejanas en las que los
humanos consideraban a la naturaleza como un organismo vivo con el que
estaban en relación constante. Esta memoria subsiste en algunos de ellos,
pero se difumina a medida que crecen debido a la educación materialista que
reciben. Sin embargo, se trata de los vestigios de un pasado inscrito en su
alma, y es una lástima que acaben borrándose.

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Cuando los padres, los psicólogos y los pedagogos posean ciertos
conocimientos iniciáticos, serán capaces de estudiar verdaderamente la vida
psíquica de los niños pequeños. Leerán en el libro de su alma todo lo que se
refleja en ella en el transcurso de sus primeros años. Descubrirán lo que estos
niños saben en su subconsciente, hasta una profundidad insospechada. Quizá
algunas madres sientan confusamente que toda la vida del universo se revela
a ellas a través de su bebé. Y podemos decir, en este sentido, que ellas son las
alumnas de sus hijos. Las demás madres, que sólo asumen ser sus educadoras,
no aprenden gran cosa. Una madre llena de amor, de atención y de sabiduría,
recibe toda una iniciación en el transcurso de los primeros años de la vida de
su hijo.”
 
Omraam Mikhaël Aïvanhov

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Este es uno de los autorretratos más famosos del mundo, está en Turín, Italia, y rara vez es expuesto al público. Aunque poco se sabe sobre este borroso y frágil dibujo en tiza roja de Leonardo da Vinci de hace 500 años, algunos creen que tiene poderes místicos.
La leyenda dice que la mirada de Leonardo da Vinci en este autorretrato es tan intensa que quienes lo observan son imbuidos con una fuerza extraordinaria.
Se dice que fue debido a ese poder mágico, no al valor cultural o monetario del dibujo, que fue trasladado de Turín a Roma durante la Segunda Guerra Mundial.
Nadie quería que cayera en manos de Adolfo Hitler y le diera más poder.
Fue la única pieza de toda la colección de dibujos y manuscritos preciosos que fue sacada de la Biblioteca Real de Turín en esa época.

A salvo de Hitler pero no del tiempo

El actual director de la biblioteca, Giovanni Saccani, dice que nadie sabe ni siquiera dónde estuvo escondida.
“Para evitar que los nazis se la llevaran se llevó a cabo una operación de inteligencia que la transportó en la absoluta anonimidad a Roma”.
En circunstancias tan difíciles no se tuvo en cuenta la preservación de manera apropiada, “ni tampoco contaban en esa época con los conocimientos y las técnicas necesarias”, le cuenta Saccani a la BBC.
“Naturalmente, eso no le hizo ningún bien al dibujo”.
Bóveda en la Biblioteca Real 
                       El autorretrato es tan preciado que se mantiene en una bóveda.
Adentro de la Biblioteca Real, bajamos unas escaleras cubiertas con un tapete rojo inmaculado hasta llegar a una bóveda subterránea con puertas reforzadas.
Es donde se mantienen guardados desde 1998 el autorretrato de Da Vinci y miles de otros invaluables dibujos y manuscritos.
El contraste entre tratamiento que se le da hoy en día al dibujo y el que se le dio en el siglo XX es marcado.
La luz es exclusivamente de fibra óptica -a la habitación no le puede entrar nada de luz natural-, la temperatura se mantiene  constante -20º Celsius- así como la humedad -55%-.
Las vitrinas son hechas de un tipo de vidrio que Saccani describe como “antitodo” y el lugar está repleto de alarmas y cámaras de seguridad.
Dibujos y escritos de Leonardo da Vinci 
                       La Biblioteca Real alberga otras joyas de Da Vinci, como escritos y bocetos.
Usando una linterna especial, Saccani ilumina la superficie del dibujo para mostrar el daño, que se manifiesta en manchas de un color marrón rojizo o en marcas que aparecen en el antiguo papel.
“Este caso es particularmente malo”, suspira. Hace 200 años era menos obvio, cuenta.
“En la parte inferior a la izquierda solía estar una inscripción escrita con tiza roja en latín que decía Leonardus Vincius, que ya desapareció completamente”.
El daño es tan extenso y el papel tan frágil que, tras prolongadas discusiones, expertos de todo el mundo decidieron “mantener el statu quo”.
Desde que el dibujo está en este lugar, su condición dejó de deteriorarse.
“Eso nos reconforta. No hay que olvidar que tiene 500 años. Es un dibujo en papel ordinario, así que es extraordinario que todavía podamos ver esta obra maestra”.

El tesoro del rey

El autorretrato es parte de una vasta colección que el rey Carlo Alberto de Savoy compró en 1839.
Retrato de una chica, de Leonardo da Vinci 
                       Otro tesoro del rey: el “Retrato de una chica” de Leonardo da Vinci.
El rey era un coleccionista apasionado al que el comerciante de arte Giovanni Volpato le pidió la suma de 70.000 liras piedmontesas por la colección.
“En esa época, un doctor ganaba 1.000 liras al año así que la suma era astronómica”, explica Saccani.
“El rey logró que redujera el precio a 50.000 liras, pero aun así le tomó ocho años terminar de pagarle”.
Saccani agrega que aunque Volpato suena como un comerciante despiadado, no lo era.
“El objetivo de Volpato no era simplemente financiero pues, a cambio del descuento que le dio al rey, solicitó que le permitieran ser el curador de la colección de dibujos de la Biblioteca Real y nunca cobró por hacerlo”.
Desde entonces, Turín ha sido el hogar del autorretrato en tiza roja.

¿De verdad es un autorretrato?

A pesar de que la mayoría de los expertos concuerdan en que la obra data de 1515, algunos creen que se corresponde más con el estilo de Da Vinci de la década de 1490.
Y esa no es la única polémica.
Examinando el autorretrato de Da Vinci 
                       Hay expertos que dudan de que el dibujo sea efectivamente un autorretrato.
“A él no le entusiasmaba mucho la idea de los autorretratos”, dice James Hall, autor de “El autorretrato: una historia cultural”, quien duda que el retrato haya sido dibujado por Da Vinci.
“No le gustaba mucho la idea de que una obra de arte fuera un retrato del artista. Quería que las obras de arte representaran un ideal”.
Para Hall, este dibujo se volvió famoso al menos en parte porque no hay autorretratos de Da Vinci. “La gente se aferra a este como si fuera la piedra filosofal”.
Pero otros son menos escépticos.
“Yo creo que es un autorretrato, pero cada quien puede decidir cuando lo ve en persona”, le dice a la BBC Liz Rideal, autora de dos libros sobre autorretratos y catedrática de la National Portrait Gallery de Londres.
Señala que la mayoría de la gente cree que es un Da Vinci genuino “porque él tiene un estatus de superhombre… yo creo que reverenciamos la genialidad y por ello, si este es el autorretrato de un genio, queremos ver cómo se veía”.

La leyenda de la genialidad contagiosa

Como director de la Biblioteca Real, Giovanni Saccani no tiene ninguna duda: “Es un autorretrato… cualquier persona que se para frente a este dibujo se queda sin habla”.
“Lo primero que dicen es: ‘me estremece’. El poder expresivo de su rostro está absolutamente conectado a una emoción y una habilidad que sólo Leonardo podía poseer”.
El autorretrato de Leonardo da Vinci es considerado tan valioso que hay un decreto de Estado de inmovilidad.
Para moverlo del lugar en el que está hay que tener permiso ministerial.
Detalle de autoretrato de Leonardo Da Vinci expuesto en 2011 
En 2011, el autorretrato fue expuesto cerca de Turín en la Reggia di Venaria Reale para celebrar el 150 aniversario de la unificación de Italia.
En las próximas semanas, 50 personas tendrán permiso de visitar la cava de la Biblioteca Real cada hora, desde las 09:00 hasta las 18:00 para ver el autorretrato.
A pesar de que hay más de 80 obras maestras expuestas en la muestra “Los tesoros del rey” -entre ellas otras obras de Da Vinci, Rafael, Rembrandt, Perugino y Van Dyck-, para la mayoría de los visitantes, el momento culminante será la oportunidad poco común de ver la cara del gran erudito del Renacimiento.
Y al hacerlo, quizás tengan en mente otro mito: se dice que antes de hacer un examen, los estudiantes revisan sus lecciones en el lugar que está directamente sobre la bóveda en la Biblioteca Real.
La leyenda dice que si uno estudia cerca de la genialidad de Leonardo da Vinci se contagia.

Lo que se espera en un proceso terapéutico
no es calmar la angustia adormeciéndola con medicación o con sentidos,
lo que se espera es una suerte de coraje para enfrentar la angustia,
descifrar sus causas y saber hacer con la misma y con el goce,
 que es el intento equívoco del sujeto para aliviarla.
Lo que se espera, en el horizonte es, ni más ni menos, como las mariposas,
una metamorfosis,
que implique la invención singular de cada sujeto.

The Great Bell Chant ( El Final Del Sufrimiento )

 

EL FIN DEL SUFRIMIENTO

Thich Nhat Hanh

‘Pueda el sonido de esta campana

penetrar profundamente en el cosmos.

Incluso en los rincones más oscuros,

las criaturas vivientes sean capaces de escucharla con claridad,

de manera que todo sufrimiento en ellos cese,

la comprensión llegue a sus corazones

y trasciendan el camino del sufrimiento y la  muerte.

La puerta universal del Dharma ya está abierta,

el sonido de la marea se escucha con claridad.

El milagro sucede,

un  hermoso niño aparece en el corazón de una flor de loto.

Una sola gota de esta agua de compasión,

es suficiente para devolver la primavera a nuestras montañas y ríos.

Escuchando la campana,

siento las aflicciones, dentro de mí, comenzar a disolverse,

mi mente se calma, mi cuerpo se relaja;

una sonrisa nace en mis labios.

Siguiendo el sonido de la campana,

mi respiración  me trae de vuelta

a la segura isla de la plena atención consciente.

 En los jardines de mi corazón,

las flores de paz florecen bellamente.’

Thich Nhat  Hanh

http://unoconlamusica.blogspot.com.es/2013/10/musica-new-age-texto-thich-nhat-hanh-la.html

Esta oración es recitada, al caer la tarde,  en los templos budistas de la tradición Mahayana de todo el mundo. Cantada en vietnamita  por el hermano  Phap Niem. Thich Nhat Hanh presta su voz para traducirla al inglés. Es una joya que trae paz y serenidad a los corazones

 

  • PlexoSolar
    EL plexo solar dirige todas las funciones del cuerpo físico; De él depende la
    respiración, la nutrición, la eliminación, la circulación, el crecimiento, el sistema
    nervioso… El plexo solar tiene una constitución mucho más antigua que el
    cerebro, y es él quien se ha encargado de formar el cerebro y nutrirlo. Si no se
    obstaculiza su funcionamiento, el plexo solar es infatigable y cuenta con todas las
    posibilidades para remediar los problemas del organismo, para curarlo y extirpar
    de él toda clase de plagas, etc. No obstante, el hombre ha recibido tantas
    nociones e ideas erróneas, que pone trabas en su vida conciente a los
    mecanismos subconcientes, con el resultado de que el plexo solar no puede
    manifestarse correctamente, y a menudo se encuentra bloqueado, impedido en
    su función de suministrar las energías indispensables al cerebro, el cual se va
    debilitando, se vuelve conflictivo y, finalmente, cae en el embrutecimiento.
    Es así como el tipo de vida que llevamos va a permitir o a impedir que el plexo
    solar cumpla con su función de restablecimiento total. Como ya os lo he dicho
    tantas veces, el aumento desmesurado de las enfermedades nerviosas en la
    época que vivimos, se debe a un exceso de trabajo intelectual, puesto que el
    cerebro no está preparado para recibir esta sobrecarga y es por ello que
    sucumbe. En cambio, cuando se sabe cómo hacer trabajar al plexo solar, el
    individuo llega a ser infatigable. Sí, hay muchas enfermedades nerviosas debidas
    a un exceso de trabajo cerebral y a que no se sabe nada sobre el plexo solar, ni
    tampoco sobre aquel centro situado un poco más abajo del ombligo, que los
    japoneses denominan HARA* (abordaremos el tema del HARA en otros capítulos)
    Estos tres centros pueden desempeñar funciones formidables, que la ciencia
    oficial no ha descubierto aún.
    Si estudiáis el plexo solar y el cerebro, veréis que están hechos de la misma
    materia, gris y blanca, pero invertidas. No se sabe porqué están invertidas, ya
    que en el cerebro la materia gris está en la superficie y la materia blanca en el
    interior, mientras que en el plexo solar ocurre lo contrario. La materia gris está
    vinculada con la comprensión, mientras que la materia blanca se asocia con el
    sentir. Por eso, al encontrarse ésta última en su parte más externa, el plexo solar
    puede sentir todo lo que ocurre en el ser humano, en sus órganos y en sus
    células, en todos sus procesos químicos, físicos, biológicos y mágicos.
    Es por esto que el plexo solar trabaja la mayor parte del tiempo en remediar
    aquello que no funciona correctamente. En cambio el cerebro no siente mayor
    cosa, excepto cuando algo va muy mal y está muy estropeado, pero tampoco
    sabe como remediarlo. Esto le ocurre, por ejemplo, cuando el corazón late
    demasiado rápido o demasiado lento, o cuando se padece un mal de estómago:
    El cerebro no puede hacer nada en estos casos, es algo que no depende de él.
    Por el contrario, el plexo solar puede restablecerlo todo, siempre y cuando se le
    brinden las condiciones apropiadas para su funcionamiento normal, puesto que
    cuenta con un laboratorio farmacéutico formidable. En este aspecto, está mucho
    más preparado que el cerebro. El cerebro aún no acaba de estar organizado del
    todo pero llegará el día en que lo estará, ya que su misión consiste en registrar
  • una enorme cantidad de conocimientos, que le llevarán a realizar cosas
    extraordinarias.
    Los Occidentales no lo saben, pero existen métodos conocidos por la ciencia
    iniciática, a través de los cuales es posible entrar en contacto con el plexo solar
    para darle órdenes y para pedirle que arregle tal o cual deficiencia. Cuando
    logramos comunicarnos con él, el plexo solar es capaz de hacer maravillas en
    este campo. He aquí toda una Ciencia que será objeto de estudio en el futuro.
    Por el momento, es difícil comunicarse con el plexo solar, puesto que no sabemos
    escucharle; El vive su vida independiente y el ser humano puede intervenir muy
    poco en ella, a no ser de una forma indirecta mientras llega el día en que pueda
    obrar más directamente. Ahora bien, ¿Cómo se puede actuar? (Os recordamos
    que el Plexo Solar está situado por encima del ombligo.)
    Cómo reforzar el plexo solar
    Lo que más perturba el plexo solar y, como consecuencia, a los órganos internos:
    el hígado, los riñones, el estómago, etc., son el miedo, la cólera, los temores, la
    duda, el amor desordenado, los pensamientos y sentimientos caóticos; y puesto
    que el plexo solar es un depósito de fuerzas, la consecuencia de este desorden
    es una desmagnetización total.
    Pero aunque el plexo solar se puede vaciar, también se puede llenar, y esto es lo
    que debe aprender el discípulo: cómo llenar su plexo solar.
    Os daré algunos métodos:
    1. Cada árbol es un depósito de fuerzas salidas del sol y de la tierra, y podemos
    extraer estas fuerzas. Escoged un gran árbol: un cedro, un roble, un haya o un
    abeto… os arrimáis a él colocando vuestra mano izquierda a vuestra espalda, con
    la palma apoyada en el tronco del árbol, y al mismo tiempo colocáis la palma de
    vuestra mano derecha sobre el plexo solar. Os concentráis en el árbol pidiéndole
    que os dé una parte de su fuerza; entonces se produce una especie de
    transfusión de energías que recibís a través de vuestra mano izquierda y que
    cedéis mediante la mano derecha al plexo solar. Luego, dais las gracias al árbol.
    2. También podéis reforzar vuestro plexo solar si miráis y escucháis fluir el agua
    de un manantial, de una cascada, de una fuente. En apariencia se trata de un
    método insignificante pero que da excelentes resultados. El agua que fluye afecta
    al plexo solar que se pone a trabajar expulsando los materiales nocivos. Un
    método extraordinario es estando en la playa o en un acantilado, observar como
    rompen las olas, la energía que fluye de este movimiento dirigirlo con la mente a
    vuestro plexo Solar.
    3. Cuando meditéis sobre temas elevados y divinos, podéis colocar vuestra mano
    sobre el plexo solar a fin de llenarlo de fuerzas y de energías que podéis utilizar
    más tarde. Cuando os sentís llenos de alegría o de fuerza, no los desperdiciéis
    inútilmente en gestos, palabras, pensamientos y sentimientos; utilizad este
    método: colocad vuestra mano derecha sobre el plexo solar meditando, y llenadlo
    silenciosamente con esta fuerza, con esta alegría. Nuestro plexo solar es el banco en el que podemos guardar el dinero que necesitaremos más tarde.
El plexo solar es un cerebro invertido: en el cerebro la materia gris está fuera y la
materia blanca dentro, mientras que en el plexo solar la materia gris está dentro y
la materia blanca fuera. El plexo solar ha creado el cerebro y lo alimenta, lo
mantiene, es decir, lo energiza, le da fuerza, y cuando deja de hacerlo, el hombre
se duerme, se embrutece, o le duele la cabeza y no puede reflexionar.
¿En realidad, el cerebro no está separado del plexo solar, pero es muy raro que
alguien sepa cómo hacer subir las energías desde el plexo solar hasta el cerebro.
El cerebro es dinámico, activo, pero se fatiga enseguida si no está sostenido por
las energías del plexo solar. Por ello, antes de hacer un esfuerzo intelectual,
antes de meditar, de concentraros, tenéis que actuar sobre vuestro plexo solar.
Dadle masaje, por ejemplo, en sentido contrario a las agujas de un reloj…
Después de algunos minutos sentiréis que vuestro pensamiento se libera, y que
os podéis poner a trabajar. Es necesario que la actividad se reparta
armónicamente entre el cerebro y el plexo solar.
Los pies y el plexo solar
En ciertas circunstancias de la vida corriente, habréis observado sin duda la
existencia de una relación entre los pies y el plexo solar.
Cuando tenéis los pies muy fríos, sentís una contracción en el plexo solar, y si
coméis en este momento, la digestión resulta difícil.
Mientras que si .introducís, por ejemplo, vuestros pies en agua caliente,
percibiréis una dilatación en el plexo solar, una sensación muy agradable que os
produce bienestar.
Por lo tanto, cuando os sintáis desmagnetizados, inquietos o contraídos, preparad
agua caliente, meted en ella vuestros pies y lavadlos atentamente: con ello
actuáis sobre el plexo solar dándole fuerzas, y vuestro estado de conciencia se
transformará inmediatamente. Si un día, en vuestra casa, no conseguís meditar,
tomad un baño de pies y veréis cómo os concentráis mucho más fácilmente.
Otro ejercicio que da excelentes resultados para el caso que no podáis daros
baños de agua caliente, es con un paño mojarlo bien con agua caliente y
empezando por el pie izquierdo con la mano derecha frotar la palma del pies tres
veces de delante hacia atrás, de la planta de los pies al tacón. Después lo mismo
con el pie derecho tomando el paño bien caliente otra vez con la mano izquierda.
Esto os relajará enormemente antes de ir a la cama.

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Publicado: 24 septiembre, 2017 en acontecimiento, AMOR, educación, información, noticias, psicología
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