Archivos para 28 agosto, 2018

“Cualesquiera que sean vuestras cualidades, vuestras capacidades,
no tratéis de imponeros a los demás. ¿Por qué? Porque suscitáis en
ellos el deseo de enfrentarse con vosotros. Al principio, quizás
estén impresionados y os respeten, incluso os teman… Pero
mientras que vosotros creéis haber establecido vuestra autoridad,
ellos, en secreto, harán todo lo posible para armarse contra
vosotros. Y habréis sido vosotros quienes les habréis provocado. El
que alardea de su poder, despierta en los demás el instinto de
agresividad. No nos damos cuenta de todos los medios que los
hombres son capaces de poner en práctica cuando un superior, o
algún supuesto superior, los ha humillado con una actitud de
desprecio, con un tono seco o con palabras ofensivas.

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La verdadera autoridad la obtendréis cultivando la bondad, la
dulzura, la paciencia. Quizá los demás interpreten mal al principio
vuestra actitud: se imaginarán que sois débiles, incapaces, y
tratarán de abusar de la situación. Pero perseverad, y pronto se
verán obligados a reconocer vuestras capacidades, así como
vuestra fuerza interior, y entonces ganaréis no sólo su respeto, sino
también su amistad.”
Omraam Mikhaël Aïvanhov


4c3d9425edacd56389464ab535dd09a4Dicen que todo pasó en Florencia, la mágica ciudad italiana.
 Miguel Angel estaba cansado.
No era para menos.
Se sentó, respiró hondo y lo miró.
 Todo estaba hecho.
Había creado la escultura más lograda, famosa y adorada de la humanidad.
El David.
 En unos meses, Miguel Angel lo había extraído de un bloque de mármol estropeado. Allí estaba la hazaña: con solo 26 años se había tallado al Gigante
 (recordá que mide más de 4 metros)
más bello del Renacimiento italiano.

Y cuando le preguntaron a Miguel Angel cómo había realizado tal obra, el escultor, genio y visionario, respondió.
 “El David siempre estuvo escondido en ese gran bloque de mármol,
 lo único que yo hice fue quitar las partes que sobraban”.
Lo mismo pasa con los seres humanos: todos somos El David.
Sólo tenemos que ser nuestro propio Miguel Angel,
y aprender a quitar las capas y capas y capas de frío mármol que nos separan de lo mejor de nosotros mismos.
La maravilla perfecta y más asombrosa que hayas visto está escondida.
Está ahí, adentro,
desde el día en que naciste.
Buenos días