Archivos para 25 agosto, 2017

En un taller que dicté recientemente hablamos acerca del apego en las relaciones pero sin realmente profundizarlo, y ahora quiero contarte algo más al respecto.

Un amigo allí mencionó en ese momento que el amor duele, y yo le contesté que es el apego el que duele, el amor es libre.

El apego no es amor, es cierto que cuando amamos deseamos compartir más tiempo con la persona objeto de nuestro afecto, pero el amor también es libertad, es estar alegres de que el ser que amamos está bien aunque no esté a nuestro lado. Nos alegra saber que él o ella no son seres necesitados al igual que nosotros tampoco lo somos.

 

Cuando hablamos de ser una persona necesitada, es porque ella busca afuera de sí lo que realmente puede encontrar en su interior pero lo ignora o no sabe cómo hacerlo, entonces anda por la vida buscando llenar ese vacío interno.

Así que en primer lugar no confundamos una cosa con la otra. El amor puede transformarse en un compromiso de convivencia, de compartir cosas en común, una vida… Puede existir el compañerismo y por lo tanto ese compromiso mutuo se transforma en un acompañamiento si así lo desean de mutuo acuerdo. El amor acepta que cada quién sea como realmente es. Los vínculos son decisiones que no siempre están relacionadas al amor. Si el amor que das no te lo das también a ti, entonces ese amor no es real.

El apego está basado en creencias egoístas más relacionadas con la necesidad. El apego y la dependencia se asemejan más a la esclavitud que al amor.

 

Dejamos de ser libres por propia decisión y pretendemos quitarle la libertad al otro. Somos responsables de nuestras situaciones de apego y dependencia, y así como lo creamos también lo podemos cambiar.

El apego y la dependencia están más ligados al dominio, a la opresión, al sometimiento, y al yugo. No está basado en la confianza sino en el miedo. Cuando dependemos de alguien vivimos con temor.

El apego está enraizado a nuestro miedo a la soledad, al no merecimiento, a la desvalorización. El amor parte primero del amor hacia sí mismo, que es la única manera de poder amar a otros. Si tienes en tu corazón amor, encontraras todos los corazones cargados de amor.

El apego y la dependencia se sana a través del amor hacia uno y si ese amor no se logra porque no lo sentimos, no nos valoramos, comenzamos a sanar a nuestro niño interno que es donde se encuentran las heridas de abandono, de soledad, de maltrato, allí están todas nuestras memorias de no ser queribles, y valiosos.

 

No es necesario cambiar de pareja, lo que tienes que cambiar son tus actitudes, tus decisiones y sobre todo quererte. No es en el afuera el lugar a corregir. Es a través de ti que producirás el cambio en tu vida. Comienza por amar a tu niño interior, a consentirlo y brindarle seguridad.

Recuerda que el afuera solo es el reflejo de ti, de tus creencias y creas y atraes a tu vida aquello que está en ti.

Quién tiene que cambiar eres tú, tú eres la causa, el mundo, tus relaciones, serán el efecto y por ende también se transformarán. Eso sí, cambia el concepto que tienes de ti y sin expectativas varas como suceden los milagros.

 

No le temas al cambio porque el cambio es una función automática de la existencia y no hay nada que hacer para poder evitarlo. La adaptación al cambio y el desapego van de la mano, en cambio si te resistes, esto te trae sufrimiento. Dale la bienvenida con confianza al cambio y todo será para bien.

 

Tú eres la oruga que se convierte en mariposa, haz como ella, suelta los apegos para darle la bienvenida lo nuevo..
Si te das tanto amor como el que esperas de afuera, dejarás de sentirte dependiente y soltarás los apegos y la dependencia.

El agua se purifica fluyendo.

Te amo

Jocelyne Ramniceanu

 

Fuente: http://hooponoponoenvenezuela.wordpress.com/2014/09/15/dependencia-apego-amor/

Pablo Neruda.- Los puentes

Publicado: 25 agosto, 2017 en libro, literatura
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prague-31

NUEVOS puentes de Praga, habéis nacido
en la vieja ciudad, rosa y ceniza,
para que el hombre nuevo
pase el río.
Mil años gastaron los ojos
de los dioses de piedra
que desde el viejo Puente Carlos
han visto ir y venir y no volver
las viejas vidas,
desde Malá Strana los pies que hacia Moravia
se dirigieron, los pesados
pies del tiempo,
los pies del viejo cementerio judío
bajo veinte capas de tiempo y polvo
pasaron y bailaron sobre el puente,
mientras las aguas color de humo
corrían del pasado, hacia la piedra.

Moldava, poco a poco
te ibas haciendo estatua,
estatua gris de un río que moría
con su vieja corona de hierro en la frente,
pero de pronto el viento
de la historia sacude
tus pies y tus rodillas,
y cantas, rio, y bailas, y caminas
con una nueva vida.
Las usinas trabajan de otro modo.
El retrato olvidado
del pueblo en las ventanas
sonríe saludando,
y he aquí ahora
los nuevos puentes:
la claridad los llena,
su rectitud invita
y dice: “Pueblo, adelante,
hacia todos los años que vienen,
hacia todas las tierras del trigo,
hacia el tesoro negro de la mina
repartido entre todos los hombres”.

Y pasa el río
bajo los nuevos puentes
cantando con la historia
palabras puras
que llenarán la tierra.

No son pies invasores los que cruzan
los nuevos puentes, ni los crueles carros
del odio y de la guerra:
son pies pequeños de niños, firmes
pasos de obrero.
Sobre los nuevos puentes
pasas, oh primavera,
con tu cesta de pan y tu vestido fresco,
mientras el hombre, el agua, el viento
amanecen cantando.