“Ábrete, Sésamo”, las palabras húmedas

Publicado: 12 mayo, 2017 en educación, esoterismo, filosofia, información, Uncategorized

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La astrología fue anterior a la astronomía; la alquimia devino en la química. La aplicación astrológica se hizo ciencia. Pero la magia vuelve cada vez se pronuncian las palabras correctas.

Así lo hice el antiquísimo “Principio de Rumpelstilzchen”, tal como lo enseñan los que conocen sus secretos.

Existen dos tipos de palabras: la húmeda, que germina como elemento de vida en el huevo cósmico, expresión de la simiente macho que penetra por la oreja; y la seca, que carece de conciencia y es indiferenciada.

La palabras más convocante es “a comer”.

Pero no sólo de pan vive el hombre; la que inaugura la magia es: “Érase una vez”.

La imaginación es fuente de enfermedad y salud. El chamanismo es la medicina de la palabra creadora. “Levántate y anda”, despierta a muertos y dormidos. Imaginar hace que suceda.

El maestro espiritual solía beberse una jarra de leche. Un discípulo llenó el recipiente con cal y agua y esa mañana lo preparó para que el sabio se sirviera. El maestro bebió con naturalidad.

¡Pero fue el tampoco el que tuvo fuertes dolores de estómago!

Aquí actuó una comunicación silenciosa.

“Ábrete, Sésamo”, es la voz junta que da paso al interior de la montaña y a sus fabulosas riquezas. Las que escondían los cuarenta ladrones, día tras día.

Pero aquel que se encerró entre las piedras para robar los tesoros acumulados jamás pudo salir con vida de allí. Había olvidado el poder de la palabra mágica, la capacidad de la palabra húmeda, el principio del sonido exacto.

El pobre hombre, aprisionado más que nada por la avaricia y la deslealtad hacia su pariente, fue encontrado exhausto gritando: “Ábrete, girasol…”Ábrete, maní….”

Por todo ello, Alí Babá y los cuarenta ladrones, pieza excepcional de “Las mil y una noches”, sigue siendo un importante tratamiento de magia y de ética.

 

Constituye una extraña joya de sabiduría de las edades; difícil de encontrar en la astronomía, la química o la ciencia en general. Pero que confirma una vez más el viejo “Principio de Rumpelstilzchen” que dominan los magos y los niños, que conocían los hermanos Grimm e ignoran los ávidos rapaces. Políglotas de palabras secas, incapaces de ascender al poder inteligente del “ábrete, Sésamo”.

Enrique Mariscal

Fuente: planosinfin.com

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