Archivos para 31 julio, 2015

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“Quizás el amor sea el proceso
 que me permita llevarte suavemente
de regreso a ti mismo.

AMISTAD

Llegamos a este mundo como caídos de una chimenea. Al instante, nos vemos unidos a una serie de personas con los que compartimos su sangre, sus genes. Una familia que nos hará encajar en sus mundos particulares, en sus modelos educativos, que intentarán inculcarnos sus valores, más o menos acertados…

Todo el mundo tiene una familia. Tener una es algo fácil: todos tenemos un origen y unas raíces. No obstante, el mantenerla y saber cómo construirla, alimentando el vínculo día a día para conseguir que esté unida, ya entra en otro nivel.

Todos disponemos de madres, padres, hermanos, tíos… En ocasiones grandes núcleos parentales con miembros que, posiblemente, hayamos dejado de ver y tratar. ¿Hemos de sentirnos culpables por ello?

La verdad es que en ocasiones sentimos casi una obligación “moral” por llevarnos bien con ese primo con quien tan pocos intereses compartimos, y que tantos desprecios nos ha hecho a lo largo de nuestra vida. Puede que nos una la sangre, pero la vida no nos encaja con ninguna pieza, así que el alejarnos o mantener un trato justo y puntual no debe suponernos ningún trauma.

Ahora bien ¿qué ocurre cuando hablamos ya de esa familia más cercana? ¿De nuestros padres o hermanos?…

El vínculo va más allá de la sangre

En ocasiones se tiende a pensar que ser familia supone compartir algo más que la sangre o un mismo árbol genealógico. Hay quien casi de modo inconsciente, cree que un hijo debe tener los mismos valores que los padres, compartir una misma ideología y tener un patrón de conducta semejante

Hay padres y madres que se sorprenden de lo diferentes que son los hermanos entre sí… ¿Cómo puede ser si son todos hijos de un mismo vientre? Es como si dentro del núcleo familiar tuviera que existir una armonía explícita, ahí donde no hayan excesivas diferencias, donde nadie deba salirse del “patrón” y todo esté controlado y en orden.

Ahora bien, algo que debemos tener claro es que nuestra personalidad no se trasmite genéticamente al 100%, se pueden heredar algunos rasgos. Pero los hijos no son moldes de los padres, ni éstos van a conseguir nunca que los niños sean como ansían sus expectativas.

La personalidad es dinámica, se construye día a día y no atiende a las barreras que en ocasiones, intenten alzar los padres o las madres. De ahí en ocasiones que aparezcan las habituales desilusiones, los encontronazos, las desavenencias….

Para crear un vínculo fuerte y seguro a nivel familiar, deben respetarse las diferencias, promover la independencia a la vez que la seguridad. Hay que respetar la esencia de cada persona en su maravillosa individualidad, sin poner alambradas, sin sancionar cada palabra y cada comportamiento…

Claves de las familias que viven con armonía

En ocasiones, muchos padres ven cómo sus hijos se alejan del hogar familiar sin establecer más contacto. Hay hermanos que dejan de hablarse entre sí y familias que ven cuántas sillas vacías yacen en silencio en el salón del hogar.

¿A qué se debe? Está claro que cada familia es un mundo, un micromundo con sus pautas, sus creencias y a su vez, con esas persianas bajadas donde solo ellas mismas saben lo que ha sucedido en el pasado, y cómo se vive el presente.

No obstante, podemos hablar eso sí de unos ejes básicos que deben hacernos reflexionar.

– La educación tiene como finalidad dar al mundo personas seguras de sí mismas, capaces e independientes para que puedan alcanzar su felicidad, y a su vez sepan ofrecerla a los demás. ¿Cómo se consigue esto? Ofreciendo un amor sincero que no impone y que no controla. Un cariño que no sanciona por como uno sea, piense o actúe.

– No debemos responsabilizar siempre a los demás de lo que nos ocurre. No hay que culpar a esa madre o a ese padre de que hoy en día, aún me sienta insegura e incapaz de hacer determinadas cosas. O a ese hermano que tal vez, siempre fue mejor atendido o cuidado que nosotros.

Está claro que a la hora de educar siempre se cometen errores. Pero nosotros, también debemos tomar el control de nuestra vida, y saber reaccionar, y tener voz, y saber decir no, y pensar que somos capaces de emprender con seguridad y madurez nuevos proyectos, nuevos sueños sin ser esclavos de los recuerdos familiares del ayer.

Ser familia NO supone compartir siempre las mismas opiniones y los mismos puntos de vista. Y no por ello hemos de juzgar, sancionar y aún menos despreciar. Comportamientos como estos crean distancias y hacen que en el día a día, encontremos mayor lealtad en los amigos que en la familia.
– En ocasiones, tenemos la “obligación moral” de tener que seguir manteniendo contacto con esos familiares que nos hacen daño, que nos incomodan, que nos sancionan.

Son familia, no cabe duda, pero debemos tener en cuenta que lo que de verdad importa en esta vida es ser feliz y tener un equilibrio interno. Una paz interior. Si ése o esos familiares vulneran nuestros derechos, deberemos poner distancia.

ACHICORIA

Esta flor es la más emocional de todo el sistema floral de Bach. Existe una necesidad importante de atención, lo que les lleva a comportarse de forma egoista con sus seres queridos. Esta actitud no es algo de lo que sean conscientes, ya que siempre estará escondida bajo la autocompasión y la naturalidad de hacer todo “por el bien de ellos” (de los otros).
Los padres que se encuentran bajo esta influencia criarán hijos que en su edad adulta no habrá madurando afectivamente, y aunque lo hubieran hecho, siempre existirá la posibilidad de algún grado de chantaje emocional. Estas personas escuchan poco y siempre llevan la conversación hacia sus propios intereses, siempre centrados en sí mismos. Abruman y preocupan a los demás con asuntos triviales, buscan simpatía ya tención a través de historias de autocompasión, y no sería de extrañar que exageren sus enfermedades y que incluso se las generen para tener a los demás atados y culpabilizados.
Estas personalidades, es sus relaciones de pareja y amistad son muy exigentes y posesivas. Cuando se sienten contrariados pueden llegar a responder con crueldad, rencor o venganza. Les cuesta mucho perdonar y olvidar. Irritables, de llanto fácil, temen la soledad.
Esta forma de actuar puede venir de una infancia desprovista de amor, que más adelante va creando un profundo vacío anímico interior y un sentimiento de no ser querido por nadie. En Achicoria hay un fuerte desarrollo del Ego y pérdida de contacto con la Unidad, la Totalidad, pues solamente ven el aspecto personal del amor, y para obtenerlo usarán todos los medios ya sean válidos moralmente o no.
Hay que destacar que esta flor servirá de base en una mezcla cuando se trate de niños controladores y dependientes emocionalmente, aquellos que desean tener manipulados sus padres en todo momento. Esta flor les ayudará a despegarse y no necesitar esa atención excesiva.
La toma de Achicoria favorece energía maternal y amor que se manifiestan de forma positiva, sin esperar nada a cambio y permitiendo el crecimiento de los demás. Se elimina la necesidad de control y el vacío, o carencia emocional, favoreciendo una mayor apertura de corazón y paz emotiva.
Fuente:http://www.gotasdebach.com/

abueloshogar

Nuestros abuelos los llevamos en nuestro corazón, y los tendremos por siempre. Si estás en un período de tu vida que ahora te toca a ti desempeñar ese papel, procura que tus nietos también te recuerden con ese cariño.
Entre todos los rincones del mundo, siempre hay unos favoritos. No importa cuánto te muevas, cuánto viajes o dónde estés, nunca es mal momento para regresar. Sabes bien cuáles son: ‘tus personas hogar’.
Las personas hogar huelen a amor y a aceptación incondicional. Huelen a cariño, a abrazos largos donde se te cierran los ojos y se esboza una sonrisa.
(…)

Por eso, una persona hogar es el mejor espejo donde mirarse cada día: siempre refleja la versión más real y auténtica de ti. La más bonita. Son la luz al final del túnel, el apoyo durante el camino y el hombro en el que depositar tus lágrimas.

Reparando alas rotas

Los abuelos son personas hogar. Únicos, entrañables e inolvidables. Estén o no, en este mundo, ellos simbolizan ese lugar al que siempre podremos volver para acurrucarnos, aunque sea en los recuerdos.
Los nietos y los abuelos representan una unión generacional, ese papel que envuelve una golosina, esas miradas cómplices y ese juego permisivo y comprensivo que tanto se disfruta en cualquier momento de la vida.

Son nuestros recuerdos, nuestra complacencia, nuestro disfrute y nuestra ternura.

Ellos son historias llenas de efectos inesperados, cabellos de color blanco que bailan al compás del viento, ojos que brillan con el sol, serenos paseos sintiendo la calidez de sus manos, el caminar sobre hojas secas, el ver llover tras la ventana con un tazón de chocolate caliente en una fría tarde de invierno.
Por todo esto y mucho más los abuelos se convirtieron en nuestros amigos más entrañables, esos que corrían despacio por las colinas para jugar al escondite, los que nos demostraban que el amor puede ser único y excepcional.

Su legado emocional

Huelen a ropa nueva, a juguetes, a intercambios dulces, a pagas a escondidas, a secretos compartidos, a caprichos encontrados, a luciérnagas de noches de verano, a la paja mojada de una tarde de tormenta…
Sus pasos cortos y sus manos fuertes guardan la esencia de momentos únicos y que no se pueden reemplazar y de valores aprendidos.
Y es que las castañas calientes y el pan recién hecho de las mañanas de invierno reflejan la importancia del cuidado, de los pequeños detalles, de la dedicación y del amor.

Esos abrazos que nos recomponían en segundos del dolor que nos causaban las heridas en las rodillas y, sobre todo, las del alma, eran un ejemplo más del respeto y de la incondicionalidad que ellos luchaban por transmitirnos cada día.
Es probable que más de una vez nos tocase ver ceños fruncidos o miradas de enfado. Seguro que esto lo tenemos grabado a fuego en nuestra piel, la misma que se erizaba cuando nos decían que no habíamos hecho algo bien.

Navegar por las raíces

Su mayor regalo son las raíces que heredamos y las alas para volar que nos tejieron. Por eso nunca debemos olvidarnos de profundizar y de mantener presente lo que constituyen nuestras bases.

La relación con nuestros abuelos será por siempre única, pero también será una de las más afectuosas y entrañables que experimentaremos en nuestra vida. Siempre la recordaremos por su profundidad y por su trato genuino y excepcional.

Simbolizan un lugar en el que aprendimos más valores aun habiendo menos reglas, donde nos educaron con serenidad y madurez, donde nos sentíamos el fruto de su satisfacción por la continuidad, donde aprendimos con templanza y paz.

“Éramos camaradas con un objetivo común: disfrutar como si no hubiese mañana, los unos de los otros. También compartíamos enemigo: la intransigencia de unos padres que tenían el deber de evitar un consentimiento excesivo”.

Esto es lo que hoy y siempre quedará grabado como huella en nuestra memoria y en nuestro corazón.

Es una de las experiencias más hermosas y enriquecedoras que hay, una suerte de magia incontrolable donde no importa la edad, donde se palpa lo efímero de la vida y donde podemos sentir el calor de los recuerdos.
Nuestros abuelos, nuestros héroes de siempre

“Lo esencial es indefinible.
¿Cómo definir el color amarillo, el amor, la patria, el sabor a café?
¿Cómo definir a una persona que queremos?
No se puede.”
J.L. Borges.

Son plumas de nuestras alas. Son aquellos héroes del pasado que constituyen nuestro presente, son los que nos dieron la mano, los que soplaron nuestras heridas, los que evitaron las caídas y los que nos dejaron caer, pues bien sabían que es la mejor forma de aprender.

Son el sinónimo más acertado de calidez y de cercanía, a pesar de que puede que ya estén muy lejos; son la conexión a primera vista de una sintonía única e inquebrantable.

Huelen a hogar, a las tiritas que una vez sujetaron nuestras heridas emocionales, a esa medicina natural que las sanó, a la voz que nos dio serenidad. A través de ellos pudimos asumir que los momentos más duros de soportar son solo eso, momentos.

Estén o no estén en este mundo sigue abrazándolos y escuchándolos, compréndelos y sé fiel a tus raíces. La voz de la experiencia lo merece. Sea como sea, gracias a ellos tu infancia y tu vida han sido diferentes pero, sobre todo, únicas.

Gran parte de nosotros ha tenido el privilegio de conocer a sus abuelos, de compartir una etapa de la vida con ellos y aprender el valor de cuidado y el respeto mutuos.

Nunca los olvides, debes mantenerlos vivos por siempre en tu corazón. Y, si ahora te toca ser abuelo, procura que tus nietos te reconozcan el día de mañana en la ternura de un corazón sonriente.

Publicado por Teresa el julio 29, 2015 en Psicología Convergente