Archivos para 4 julio, 2015

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Publicado por Raquel Cherem Ades en Salud Emocional

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Radiografía de una víctima crónica

– Deforman la realidad. Este tipo de personas creen firmemente que la culpa de lo que les sucede es de los demás, nunca es suya. En realidad, el problema es que tienen una visión deformada de la realidad, poseen un locus de control externo, y creen que tanto las cosas positivas como las negativas que ocurren en su vida no dependen directamente de su voluntad, sino de las circunstancias externas. Además, sobredimensionan los aspectos negativos, desarrollando un pesimismo exacerbado que les llevan a centrarse solo en las cosas negativas que les suceden, obviando las positivas.

– Hallan consuelo en el lamento. Estas personas creen que son víctimas de los demás y de las circunstancias, por lo que no se sienten culpable ni responsables de nada de lo que les sucede. Como resultado, lo único que les queda es lamentarse. De hecho, suelen encontrar placer en el acto de quejarse porque así asumen mejor su papel de “pobres víctimas” y logran llamar la atención de los demás. Estas personas no piden ayuda para solucionar sus problemas, solo se lamentan de sus desdichas en la búsqueda desenfrenada de compasión y protagonismo.

– Buscan culpables continuamente. Las personas que asumen el papel de víctimas eternas, desarrollan una actitud recelosa, suelen creer que los demás siempre actúan de mala fe, solo para ponerles la zancadilla. Por eso, suelen tener un afán casi morboso por descubrir agravios nimios, sentirse discriminados o maltratados, solo para reafirmar su papel de víctimas. Así, terminan desarrollando una hipersensibilidad y se convierten en especialistas en formar una tormenta en un vaso de agua.

– Son incapaces de realizar una autocrítica sincera. Estas personas están convencidas de que no tienen la culpa de nada, por lo que no hay nada que criticar en sus comportamientos. Como la responsabilidad es de los demás, no aceptan las críticas constructivas y, mucho menos, realizan un examen de conciencia a fondo que les lleve a cambiar su actitud. Para estas personas, los errores y defectos de los demás son intolerables, mientras que los propios son una simple sutileza. Después de todo, las víctimas son ellos.

¿Cuáles son sus estrategias?

Para que una persona pueda asumir el papel de víctima, tiene que haber un culpable. Por tanto, debe desarrollar una serie de estrategias que le permitan lograr que la otra persona asuma la culpabilidad en el asunto. Si no somos conscientes de estas estrategias, es probable que caigamos en sus redes y que incluso estemos dispuestos a cargar con toda la culpa sobre nuestras espaldas.

1. Retórica victimista

Básicamente, la retórica de esta persona se dirige a descalificar los argumentos de su adversario. Sin embargo, en realidad no refuta sus afirmaciones con otros argumentos que sean más válidos, sino que se encarga de que la otra persona asuma, sin darse cuenta, el papel de atacante.

¿Cómo lo hace? Simplemente asume el rol de víctima en la discusión, de forma que la otra persona quede como alguien autoritario, poco empático o hasta agresivo. Es lo que se conoce en el ámbito de la argumentación como “retórica centrista” ya que la persona se encarga de mostrar a su adversario como un extremista, en lugar de preocuparse por refutar sus afirmaciones. De esta manera, cualquier argumento que esgrima su adversario, será solo una demostración de su mala fe.

Por ejemplo, si una persona se atreve a contrastar una afirmación con un hecho irrefutable o con estadísticas provenientes de fuentes fiables, la víctima no le responderá con hechos sino que dirá algo así como: “Siempre me estás atacando, ahora dices que miento” o “Estás intentando imponer tu punto de vista, haz el favor de disculparte”.

2. Retirada victimista

En algunos casos, el discurso de la víctima está dirigido a eludir su responsabilidad y evitar tener que disculparse o reconocer su error. Por eso, intentará escabullirse de la situación. Para lograrlo, su estrategia consiste en desprestigiar el argumento del vencedor, pero sin llegar a reconocer que estaba equivocado.

¿Cómo lo hace? Una vez más, asume el rol de víctima, juega con los datos a su antojo y los manipula a su conveniencia con el objetivo de sembrar la confusión. Básicamente, esta persona proyectará sus errores en el otro.

Por ejemplo, si una persona le responde con un dato comprobado, que niega su afirmación anterior, la víctima no reconocerá su error. En todo caso, intentará hacer una retirada digna y dirá algo así como: “Ese hecho no niega lo que he dicho. Por favor, no cree más confusión y caos” o “Me está culpando de confundir a los demás, no tiene educación, es evidente que es inútil discutir con usted porque no atiende a razones”, cuando en realidad quien crea el desconcierto es él mismo.

3. Manipulación emocional

Una de las estrategias preferidas de las víctimas crónicas es la manipulación emocional. Cuando esta persona conoce bastante bien a su interlocutor, no dudará en jugar con sus emociones para poner el tablero a su favor y adoptar el rol de víctima. De hecho, estas personas son muy hábiles reconociendo emociones, por lo que utilizan cualquier resquicio de duda o culpa en su beneficio.

¿Cómo lo hacen? Descubren el punto débil de su adversario y explotan la empatía que este puede sentir. De esta forma, terminan envolviéndole en su tela de araña, para que esa persona adopte toda la responsabilidad y el papel de verdugo, mientras ellos se quedan cómodos en su rol de víctimas y pueden seguir lamentándose.

Por ejemplo, una madre que no quiere reconocer sus errores, puede poner la culpa en el hijo diciendo cosas del tipo: “Con todo lo que he hecho por ti, y así me pagas”. Sin embargo, este tipo de manipulación también es muy común en las relaciones de pareja, entre amigos e incluso en el ámbito laboral.

¿Cómo enfrentar a este tipo de personas?

El primer paso consiste en darse cuenta de que estamos ante una persona que asume el rol de víctima. Luego, se trata de resistir el embate y no dejar que nos enrede en su juego. Lo más sensato es decirle que no tenemos tiempo para escuchar sus lamentaciones, que si quiere ayuda o una solución, con gusto le ayudaremos, pero que no estamos dispuestos a perder tiempo y energía escuchando continuamente sus quejas.

Recuerda que lo más importante es que estas personas no te arruinen el día descargando en ti su dosis de negatividad y, sobre todo, que no te hagan sentir culpable. No olvides que solo te puede herir emocionalmente, aquel al que le des suficiente poder.

Por Jennifer Delgado

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Publicado por Juan-M Dupuis  y  Violeta Zurkan en Salud y Nutrición.

Esta es la noticia de la que todos los medios de comunicación se hacen eco: una investigadora de la Universidad de Nottingham (Inglaterra) ha descubierto en un viejo grimorio, esos libros de fórmulas mágicas que usaban los hechiceros, la receta de una poción que, una vez comprobada en el laboratorio, ha resultado ser más potente que los antibióticos a la hora de destruir el terrible SARM: el estafilococo áureo resistente a los antibióticos (Staphylococcus aureus, resistente a la meticilina), auténtica pesadilla de los cirujanos.

De hecho, este sorprendente remedio está creando “una esperanza que supera cualquiera de mis sueños más disparatados”, como ha declarado la investigadora, la doctora Freya Harrison.

La poción acaba con más del 99,9% de las bacterias.

Se trata de una gran noticia para las personas que van a ser sometidas a alguna operación quirúrgica. Es posible que, muy pronto, ya no tengan que tenerle miedo a las gravísimas infecciones de estafilococo áureo resistente a los antibióticos.

Pero este asunto también dice mucho sobre la situación de la investigación médica actual.

La receta ya se conocía

A diferencia de lo que la prensa ha insinuado de manera exhaustiva, el mencionado grimorio no era ningún documento oscuro olvidado en una polvorienta biblioteca.

Se trata del Bald’s Leechbook, el manuscrito médico más famoso en lengua inglesa, que data de la alta Edad Media (siglo X) y que se conserva en la Biblioteca Británica de Londres. Cada una de las líneas que contiene fue descifrada hace mucho tiempo por historiadores y lingüistas especializados en idioma anglosajón (inglés antiguo).

Por lo visto, los únicos investigadores que desconocían su existencia eran los investigadores de hoy en día en… medicina.

Con los ojos pegados al microscopio, ninguno de ellos había tenido tiempo para poner en práctica alguna de esas recetas que, sin embargo, eran de una asombrosa sencillez y aparecían explicadas con todo lujo de detalles en el libro.

Juzgue por usted mismo: la receta de este milagroso elixir consiste simplemente en mezclar ajo, puerro, vino y bilis de vaca y dejarlo reposar durante nueve días.

De acuerdo; es muy probable que usted no tenga bilis de vaca en la nevera. Pero, para su información, al despiezar una vaca (una operación normal y corriente en los pueblos ingleses de la época) se puede encontrar este líquido en abundancia una vez abierto el vientre del animal (se puede llenar un cubo con la vesícula biliar de una sola vaca).

Cabe señalar que el título del manuscrito tampoco daba muchas pistas a los investigadores. En español se puede traducir por “Libro de los puerros de Bald”, siendo Bald un nombre de pila.

El desprecio a la medicina antigua

A finales del siglo XX, en las facultades de medicina sólo se hacía referencia a las viejas tradiciones médicas, y de manera general a todas las medicinas alternativas, para burlarse de la ingenuidad e ignorancia de la gente de la antigüedad.

Esta postura tan corta de miras provocó que la investigación médica descartase, antes incluso de haberlos estudiado, numerosos remedios tradicionales considerados a priori fantasiosos y, por tanto, no merecedores de ninguna atención.

Por suerte, las cosas están evolucionando y todo este asunto del Bald’s Leechbook es buena prueba de ello.

Y es que la investigadora que comprobó la eficacia del remedio explica en una entrevista que no sabe por qué es eficaz. Pone de relieve que ni el puerro, ni el ajo, ni el vino ni la bilis de vaca (los cuatro componentes de la poción) tendrían la capacidad suficiente para destruir el estafilococo áureo resistente a la meticilina.

Así, sostiene que, sin duda alguna, durante los 9 días de maceración se produce un fenómeno misterioso, quizá la aparición de nuevas moléculas todavía desconocidas.

Esta mentalidad abierta debe ser aplaudida.

Una buena cualidad del investigador es saber mantenerse modesto antes los misterios de la naturaleza; admitir que en el fondo aún ignoramos muchas cosas de la vida. Y que cuando una práctica médica funciona con los pacientes, resulta absurdo e injusto criticarla con la excusa de que no se conocen los mecanismos subyacentes (en especial estoy pensando en la homeopatía, la acupuntura o incluso la osteopatía).

Otras recetas del Bald’s Leechbook

El Bald’s Leechbook contiene cientos de recetas más que no han sido comprobadas. En él podemos leer, por ejemplo:

“Un remedio contra el dolor de cabeza consiste en aplicar sobre la cabeza un tallo de cruciada (Phuopsis stylosa, una flor rosa) con un pañuelo rojo”.
“Los sabañones se pueden tratar con una mezcla de huevo, vino y raíz de hinojo”.
“La agrimonia hervida en leche es un remedio contra la impotencia masculina, ya que puede excitar al hombre que no es suficientemente viril”. Pero ¡ojo!, advierte el manuscrito, “si la agrimonia se hierve en cerveza de Gales, tiene el efecto contrario”.
“El remedio contra el herpes consiste en una poción a base de la corteza de 15 árboles: álamo tremblón, manzano, arce, saúco, sauce, mimbre, mirto, olmo, roble, endrino, abedul, olivo, cornejo, fresno y serbal”.
“El remedio contra el dolor de pies requiere machacar hojas de artemisa, saúco y plátano, aplicar la mezcla sobre los pies y atarlos uno junto al otro”.
Hay que señalar que el Bald’s Leechbook también contiene asuntos del mundo mágico. En él se cuenta que, cuando un caballo está sufriendo, y ese sufrimiento ha sido provocado por un elfo, hay que grabar sobre la empuñadura de una daga las siguientes palabras: “¡Benditas sean todas las obras del Señor de los Señores!”