Archivos para 4 septiembre, 2014

 

 

Publicado por Violeta Zurkan, 2 de septiembre en “Only Women”

Quién y lo que soy como mujer son dos estados completamente distintos que se funden en coherencia dentro de mi solo cuando integro mi ser físico con mi ser espiritual.

Está muy de moda hoy llamar a una mujer “sexy”, como si esto fuera un atributo natural o hasta deseable para ella. Una mujer no se siente especialmente “sexy”, una etiqueta que invariablemente procede del exterior. En lugar de eso, ella se conoce como una mezcla confusa de creencias y emociones que busca pertenecer y agradar a alguien o algo.

No podemos siquiera imaginar lo que son las dinámicas femeninas como tampoco las de la naturaleza, tan fijadas que estamos en interpretar la existencia según lo que nos guste o no, nuestra comodidad y sobre todo nuestro placer. El cuerpo de una mujer y por lo tanto la mujer ella misma, ha sido injustamente equiparado a las tentaciones e indulgencias del sexo. Lillith, arquetipo de la mujer completa independiente, es vista como una especie de libertina voluntariosa.

En lo que se refiere a nuestro cuerpo, leemos en revistas que el clítoris no tiene otra función que la de otorgar placer

(véase link http://sexualidadcreativa.com/2014/06/17/el-clitoris-el-ojo-clarivi…), cuando en realidad su actividad cataliza una serie de emisiones que sirven una función mucho mayor, la de modelar ambientes, circunstancias y sociedades. Mientras que el placer para los hombres es una distracción, define el camino de la mujer como catalítica de la creación, sin relacionarse al sexo o aún al amor como definimos las relaciones humanas. Cuando activado, el cinturón clitoral emite ondas de actividad que afectan muchos niveles y aspectos de la vida. A pesar de la importancia monumental que le damos al sexo, es algo irrelevante. “Sexy” es una etiqueta masculina que aceptamos junto con todas las otras que alimentan la necesidad que tenemos de servir, y que nos dan la ilusión de ser útiles y valoradas.

Freud no entendió nada. En vez de “envidia del pene” en una mujer, la envidia del complejo orgásmico femenino impera sobre el género masculino. Está profundamente arraigado en todo hombre cuando considera la capacidad multi-orgásmica de la mujer, algo que no es tan importante para ella como se cree, sencillamente porque lo vive diariamente en un sinnúmero de maneras sutiles. Una mujer no tiene el mismo tipo de experiencia de liberación y declive energético posterior que un hombre. Para una mujer, el orgasmo es solo el principio de ondas que se extienden sobre todo su cuerpo y más allá del físico.

Una mujer es mucho más que un juguete sexual, una hedonista ensimismada, o un felpudo de santidad. Sin embargo, es una característica inescapable del mundo de hoy que la identidad de la mujer está fuertemente vinculada a la imagen y actuación sexual. Infelizmente esto se extiende también al ámbito de la espiritualidad en dónde emulamos ángeles intocables o nos convertimos en tantrikas, sin comprender que hay otros caminos que son más aptos para nuestras facultades.

Para comprender lo que nos hace mujeres, necesitamos percibir lo que ocurre dentro nuestro físicamente y como esto se relaciona con el entramado energético de la Creación. Es una cuestión de resonancia y reverberación. El cuerpo de la mujer vibra alrededor de un núcleo hueco en la cavidad vaginal y emite fuerzas que son atractivas y también condicionantes. Antes de ver a la mujer, la sentimos, y sus mecanismos perciben de la misma manera, antes de saber lo que está ocurriendo. Ella es creadora, un diapasón, una antena, un pasaje de fuerzas terrestres y cósmicas que empodera cualquier cosa a la cual ella se dirija.

Un hecho poco conocido, es que la mujer es capaz de tener un orgasmo sola, sin otra persona o artificio externo. Sin tan siquiera tocarse. Solo por ser vital, estar presente y comprometida con la plenitud de la vida una mujer puede tener orgasmos espontáneos. ¿Porqué estamos construidas así? Obviamente la habilidad orgásmica que nos distingue de los hombres va más allá de la función de gestar niños. Es otra confirmación de cuan profunda y extensa es nuestra influencia sobre el mundo que nos rodea.

Una niña crece tratando de adaptarse al contexto de su cultura y tiempo. Esto quiere decir que deberá jugar su papel visualmente y sentir y pensar acorde a las expectativas sociales, muchas de las cuales no hacen distinción entre los géneros. Existe una enorme brecha en lo que se conoce sobre la manera como una mujer se percibe y se siente, y como se la define. La identidad se construye sobre las apariencias, la actuación y la evaluación de otros relevantes a ella.

La espiritualidad es una etiqueta añadida. Se considera a una mujer espiritual cuando abraza normas inofensivas de comportamiento obediente. En otras palabras, la espiritualidad también se adapta a la manera en que aparecemos y actuamos. En resumen, la identidad espiritual de una mujer, tanto como la física, están fundamentadas en la manera en como alguien nos percibe y no por nuestro contacto directo con el nexo intraducible de fuerzas invisibles que rigen el universo y nuestros cuerpos.

¿Cómo puede una mujer definirse a sí misma?

Examinemos la trayectoria de una niña adolescente que se convierte en mujer. En esa etapa, ninguna de nosotras siente el impulso sexual. Sentimos desconcierto, curiosidad y temor, respondiendo mayormente a las reacciones que son provocadas por nuestra presencia. Nuestras emanaciones son captadas e interpretadas para nosotras. Según la cultura en que vivimos, somos usadas, tapadas, inhibidas, y redirigidas a un tipo de vida que responde a o reacciona contra ello. Tenemos poco que decir en todo ello, a excepción de aislarnos de la fuente primaria en nuestro interior o aprender a explotarla. Esto nos define hoy como mujeres desconectadas, indulgentes o rebeldes.

Era diferente para la mujer en ciclos femeninos antiguos. Otras mujeres, que también la iniciaban en la experiencia del orgasmo, le enseñaban el manejo energético que no era sexual sino orgánico y relativo a todos los aspectos de la vida. Llegaba a conocer su cuerpo y por medio de él los ritmos, pulsaciones, dinámicas de la Creación. Su cuerpo no era un instrumento para placer – el suyo o el de otro – sino un instrumento para la modulación de fuerzas de vida. Su cuerpo marcaba las condiciones vibracionales que determinan la cualidad de vida que sería gestada. La identidad física y espiritual se fundía en un conjunto armonioso.

Cuando una mujer se conoce, no siente necesidad de definirse.

Hoy la mujer se encuentra dividida entre su apariencia y el tumulto interno que continua e invariablemente hierve dentro suyo, enfrentada con su función espiritual. En este escenario confuso, la libido y el alma luchan por su atención y por supuesto gana el primero. En ausencia de auto-conocimiento, el condicionamiento sexual y social predomina. Sus sombras se extienden hasta los rincones más sutiles de sus sentimientos y pensamientos. Afloran en sus sueños, especialmente marcan sus miedos y determinan sus expectativas.

Freud ya sentó las bases al inicio del último siglo y Masters y Johnson en los 60 completaron el condicionamiento técnico que caracteriza las actitudes sexuales y su expresión hoy. Sexólogos creen desmitificar y desenredar miles de años de creencias y separación entre el cuerpo y el alma, pero están aún en terreno virginal en lo que concierne el aspecto espiritual de la sexualidad. Su foco permanece en el auto-placer.

Una mujer tiene que sentir su cuerpo desde el interior. Esto sugiere su maquinaria sexual pero sobre todo, si tiene el espacio de protección necesaria, refleja su sensibilidad más fina. La realización refleja envolvimiento emocional, resistencia nerviosa, y estabilidad psicológica. Sobre todo envuelve la habilidad de una mujer de ser y posicionarse sola, como una unidad, sin interferencia externa de otros factores o proyecciones de otros.

A menos que la mujer moderna que sigue el camino espiritual y alcanza experiencias de pico de silencio y quietud, belleza e inspiración plena, esté bien anclada en su cuerpo y realidad física, encontrará que usualmente es incapaz de manifestarlo en el mundo material por carecer de un ancla en la materia. Es propicia a la irrealidad y está sujeta a las añoranzas camufladas de las cuales puede estar completamente inconsciente. La propia fuente y asiento de poder espiritual reside dentro de las entrañas de su cuerpo.

Para una mujer el llamado al orgasmo está siempre presente. Posee un sistema propio de circulación energética que le permite encender y extender la liberación potente de energía orgásmica por su cuerpo y el ambiente. Todo lo que vive se traduce a una forma de placer físico. Las sacerdotisas de la antigüedad lo sabían y lo mantenían secreto. Las brujas del pasado más reciente lo sabían y lo explotaban, manipulando voltajes caprichosamente. Es triste que la mujer moderna no sabe nada de esto, fuera de satisfacer apetitos personales perpetuados por el colectivo.

Es hora de que comprendamos lo que la anatomía física femenina crea y cataliza en el ambiente, y como toda la Creación responde. Es tan importante que se le pide a toda la sociedad que lo reconozca y ayude en la educación e instrucción de mujeres para que puedan producir el mejor efecto en la civilización.

La tarea más importante que espera la mujer es la resolución y la integración de sus aspectos físicos y espirituales. Hay una larga trayectoria que recorrer y el camino está lleno de obstáculos. ¡Empecemos!

 

 

Publicado por Violeta Zurkan, 2 de septiembre en “Only Women”

Quién y lo que soy como mujer son dos estados completamente distintos que se funden en coherencia dentro de mi solo cuando integro mi ser físico con mi ser espiritual.

Está muy de moda hoy llamar a una mujer “sexy”, como si esto fuera un atributo natural o hasta deseable para ella. Una mujer no se siente especialmente “sexy”, una etiqueta que invariablemente procede del exterior. En lugar de eso, ella se conoce como una mezcla confusa de creencias y emociones que busca pertenecer y agradar a alguien o algo.

No podemos siquiera imaginar lo que son las dinámicas femeninas como tampoco las de la naturaleza, tan fijadas que estamos en interpretar la existencia según lo que nos guste o no, nuestra comodidad y sobre todo nuestro placer. El cuerpo de una mujer y por lo tanto la mujer ella misma, ha sido injustamente equiparado a las tentaciones e indulgencias del sexo. Lillith, arquetipo de la mujer completa independiente, es vista como una especie de libertina voluntariosa.

En lo que se refiere a nuestro cuerpo, leemos en revistas que el clítoris no tiene otra función que la de otorgar placer

(véase link http://sexualidadcreativa.com/2014/06/17/el-clitoris-el-ojo-clarivi…), cuando en realidad su actividad cataliza una serie de emisiones que sirven una función mucho mayor, la de modelar ambientes, circunstancias y sociedades. Mientras que el placer para los hombres es una distracción, define el camino de la mujer como catalítica de la creación, sin relacionarse al sexo o aún al amor como definimos las relaciones humanas. Cuando activado, el cinturón clitoral emite ondas de actividad que afectan muchos niveles y aspectos de la vida. A pesar de la importancia monumental que le damos al sexo, es algo irrelevante. “Sexy” es una etiqueta masculina que aceptamos junto con todas las otras que alimentan la necesidad que tenemos de servir, y que nos dan la ilusión de ser útiles y valoradas.

Freud no entendió nada. En vez de “envidia del pene” en una mujer, la envidia del complejo orgásmico femenino impera sobre el género masculino. Está profundamente arraigado en todo hombre cuando considera la capacidad multi-orgásmica de la mujer, algo que no es tan importante para ella como se cree, sencillamente porque lo vive diariamente en un sinnúmero de maneras sutiles. Una mujer no tiene el mismo tipo de experiencia de liberación y declive energético posterior que un hombre. Para una mujer, el orgasmo es solo el principio de ondas que se extienden sobre todo su cuerpo y más allá del físico.

Una mujer es mucho más que un juguete sexual, una hedonista ensimismada, o un felpudo de santidad. Sin embargo, es una característica inescapable del mundo de hoy que la identidad de la mujer está fuertemente vinculada a la imagen y actuación sexual. Infelizmente esto se extiende también al ámbito de la espiritualidad en dónde emulamos ángeles intocables o nos convertimos en tantrikas, sin comprender que hay otros caminos que son más aptos para nuestras facultades.

Para comprender lo que nos hace mujeres, necesitamos percibir lo que ocurre dentro nuestro físicamente y como esto se relaciona con el entramado energético de la Creación. Es una cuestión de resonancia y reverberación. El cuerpo de la mujer vibra alrededor de un núcleo hueco en la cavidad vaginal y emite fuerzas que son atractivas y también condicionantes. Antes de ver a la mujer, la sentimos, y sus mecanismos perciben de la misma manera, antes de saber lo que está ocurriendo. Ella es creadora, un diapasón, una antena, un pasaje de fuerzas terrestres y cósmicas que empodera cualquier cosa a la cual ella se dirija.

Un hecho poco conocido, es que la mujer es capaz de tener un orgasmo sola, sin otra persona o artificio externo. Sin tan siquiera tocarse. Solo por ser vital, estar presente y comprometida con la plenitud de la vida una mujer puede tener orgasmos espontáneos. ¿Porqué estamos construidas así? Obviamente la habilidad orgásmica que nos distingue de los hombres va más allá de la función de gestar niños. Es otra confirmación de cuan profunda y extensa es nuestra influencia sobre el mundo que nos rodea.

Una niña crece tratando de adaptarse al contexto de su cultura y tiempo. Esto quiere decir que deberá jugar su papel visualmente y sentir y pensar acorde a las expectativas sociales, muchas de las cuales no hacen distinción entre los géneros. Existe una enorme brecha en lo que se conoce sobre la manera como una mujer se percibe y se siente, y como se la define. La identidad se construye sobre las apariencias, la actuación y la evaluación de otros relevantes a ella.

La espiritualidad es una etiqueta añadida. Se considera a una mujer espiritual cuando abraza normas inofensivas de comportamiento obediente. En otras palabras, la espiritualidad también se adapta a la manera en que aparecemos y actuamos. En resumen, la identidad espiritual de una mujer, tanto como la física, están fundamentadas en la manera en como alguien nos percibe y no por nuestro contacto directo con el nexo intraducible de fuerzas invisibles que rigen el universo y nuestros cuerpos.

¿Cómo puede una mujer definirse a sí misma?

Examinemos la trayectoria de una niña adolescente que se convierte en mujer. En esa etapa, ninguna de nosotras siente el impulso sexual. Sentimos desconcierto, curiosidad y temor, respondiendo mayormente a las reacciones que son provocadas por nuestra presencia. Nuestras emanaciones son captadas e interpretadas para nosotras. Según la cultura en que vivimos, somos usadas, tapadas, inhibidas, y redirigidas a un tipo de vida que responde a o reacciona contra ello. Tenemos poco que decir en todo ello, a excepción de aislarnos de la fuente primaria en nuestro interior o aprender a explotarla. Esto nos define hoy como mujeres desconectadas, indulgentes o rebeldes.

Era diferente para la mujer en ciclos femeninos antiguos. Otras mujeres, que también la iniciaban en la experiencia del orgasmo, le enseñaban el manejo energético que no era sexual sino orgánico y relativo a todos los aspectos de la vida. Llegaba a conocer su cuerpo y por medio de él los ritmos, pulsaciones, dinámicas de la Creación. Su cuerpo no era un instrumento para placer – el suyo o el de otro – sino un instrumento para la modulación de fuerzas de vida. Su cuerpo marcaba las condiciones vibracionales que determinan la cualidad de vida que sería gestada. La identidad física y espiritual se fundía en un conjunto armonioso.

Cuando una mujer se conoce, no siente necesidad de definirse.

Hoy la mujer se encuentra dividida entre su apariencia y el tumulto interno que continua e invariablemente hierve dentro suyo, enfrentada con su función espiritual. En este escenario confuso, la libido y el alma luchan por su atención y por supuesto gana el primero. En ausencia de auto-conocimiento, el condicionamiento sexual y social predomina. Sus sombras se extienden hasta los rincones más sutiles de sus sentimientos y pensamientos. Afloran en sus sueños, especialmente marcan sus miedos y determinan sus expectativas.

Freud ya sentó las bases al inicio del último siglo y Masters y Johnson en los 60 completaron el condicionamiento técnico que caracteriza las actitudes sexuales y su expresión hoy. Sexólogos creen desmitificar y desenredar miles de años de creencias y separación entre el cuerpo y el alma, pero están aún en terreno virginal en lo que concierne el aspecto espiritual de la sexualidad. Su foco permanece en el auto-placer.

Una mujer tiene que sentir su cuerpo desde el interior. Esto sugiere su maquinaria sexual pero sobre todo, si tiene el espacio de protección necesaria, refleja su sensibilidad más fina. La realización refleja envolvimiento emocional, resistencia nerviosa, y estabilidad psicológica. Sobre todo envuelve la habilidad de una mujer de ser y posicionarse sola, como una unidad, sin interferencia externa de otros factores o proyecciones de otros.

A menos que la mujer moderna que sigue el camino espiritual y alcanza experiencias de pico de silencio y quietud, belleza e inspiración plena, esté bien anclada en su cuerpo y realidad física, encontrará que usualmente es incapaz de manifestarlo en el mundo material por carecer de un ancla en la materia. Es propicia a la irrealidad y está sujeta a las añoranzas camufladas de las cuales puede estar completamente inconsciente. La propia fuente y asiento de poder espiritual reside dentro de las entrañas de su cuerpo.

Para una mujer el llamado al orgasmo está siempre presente. Posee un sistema propio de circulación energética que le permite encender y extender la liberación potente de energía orgásmica por su cuerpo y el ambiente. Todo lo que vive se traduce a una forma de placer físico. Las sacerdotisas de la antigüedad lo sabían y lo mantenían secreto. Las brujas del pasado más reciente lo sabían y lo explotaban, manipulando voltajes caprichosamente. Es triste que la mujer moderna no sabe nada de esto, fuera de satisfacer apetitos personales perpetuados por el colectivo.

Es hora de que comprendamos lo que la anatomía física femenina crea y cataliza en el ambiente, y como toda la Creación responde. Es tan importante que se le pide a toda la sociedad que lo reconozca y ayude en la educación e instrucción de mujeres para que puedan producir el mejor efecto en la civilización.

La tarea más importante que espera la mujer es la resolución y la integración de sus aspectos físicos y espirituales. Hay una larga trayectoria que recorrer y el camino está lleno de obstáculos. ¡Empecemos!