Archivos para 18 abril, 2014

E.Tolle

Publicado: 18 abril, 2014 en filosofia

mirando atrás

Haz morir el pasado cada momento.

No lo necesitas.
Haz morir el pasado cada momento.

No lo necesitas.

Refiérete a él sólo cuando sea absolutamente relevante para el PRESENTE.

Siente el poder de este momento y la plenitud del Ser.

Siente tu presencia.
¿Estás preocupado?

¿Sueles pensar mucho en «lo que pasaría si…»?

Entonces estás identificado con tu mente, que se proyecta en una imaginaria situación futura y genera miedo.

No hay modo de poder afrontar esa situación, porque no existe.

Es un fantasma mental

.Sin embargo, puedes parar esa locura que corroe la salud y la vida

volviendo a tomar conciencia del momento PRESENTE.

Eckhart Tolle

Publicado: 18 abril, 2014 en filosofia

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Saber esto los capacita para observar a la entidad. En el momento en que comienzan a observar al pensador, se activa un nivel superior de conciencia.  Entonces  comienzan a comprender que hay un vasto reino de inteligencia más allá del pensamiento y que el pensamiento es solamente un minúsculo aspecto de esa inteligencia.  También comprenden que todas las cosas que realmente importan – el amor, la belleza, la creatividad, la alegría, la paz interior – surgen de más allá de la mente. Ustedes comienzan a despertar.    

 

 

Thich Nhat Hanh

Publicado: 18 abril, 2014 en filosofia

 

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Hay quienes están tan desesperados que ya no tienen valor para amar. Sufren mucho porque intentaron amar y fracasaron. Las heridas en su interior son tan profundas que les da miedo volver a intentarlo. Somos conscientes de la presencia de estas personas entre nosotros, a nuestro alrededor. Tenemos que llevarles el mensaje de que el amor es posible. Nuestro mundo necesita desesperadamente el amor.”

capacidades y dones…

Publicado: 18 abril, 2014 en filosofia
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“De todos aquéllos que destacan por sus capacidades
intelectuales, artísticas, psíquicas, etc., se dice que tienen
un don. ¿Qué es un don? Es una entidad espiritual que ha
penetrado en un ser para trabajar a través de él. Claro que no
habrá muchos especialistas del cerebro que admitan que los
talentos, las capacidades, son entidades que habitan en los
humanos. Sin embargo, la prueba de que no son los humanos los que
hacen estas maravillas, si no otros a través de ellos, es que
pueden perder su don. Esto ya les ha sucedido a muchos: los
desórdenes a los que se sumieron les hicieron perder sus dones,
y las entidades que habitaban en ellos les abandonaron.

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¿Queréis que entidades superiores vengan a manifestarse a
través de vosotros bajo la forma de cualidades, de talentos?
Invocad a la luz, a la armonía, a la paz: éstas son las
condiciones indispensables para atraer a estas entidades. Están
ahí, esperan, y cuando ven que un ser ha sabido prepararles una
morada digna de ellos, ¡con qué alegría penetran en él para
enriquecerle, para embellecerle, y para enriquecer y embellecer
también a los demás a través de él!”

Omraam Mikhaël Aïvanhov

«Las efímeras generaciones de los hombres surgen y desaparecen en veloz sucesión, mientras que los individuos van danzando hacia la muerte entre angustias, necesidades y dolores. Incesantemente se preguntan qué será de ellos y qué significa toda esa farsa tragicómica, e invocan al cielo pidiendo respuesta. Pero el cielo permanece mudo».

 

Arthur Schopenhauer. Parerga y paralipómena.

Neil deGrasse Tyson in Cosmos

La popular serie de documentales Cosmos vuelve, y la frase de gran sentido poético “somos polvo de estrellas” toma un nuevo impulso como meme. El problema es que es posible una lectura teórica alternativa de los mismos datos, a la manera de la infradeterminación de Duhem-Quine. Todos somos polvo de estrellas, muy bien, pero prácticamente cualquier cosa en nuestro planeta también lo es. El vecino que pone la música alta a las tres de la mañana  también es polvo de estrellas, así como un chicle recién masticado que hemos dejado en la papelera de la esquina. Este aserto tan pegadizo, que estimula nuestro sistema límbico, nos revela una banalidad: que todas las cosas físicas en algún sentido somos iguales. Ésta es precisamente la proclama del naturalismo filosófico, que reniega de abismos ontológicos y aboga por la clausura causal del mundo físico. Esto no tiene que ser algo bonito ni hermoso. Bien podría tratarse de una historia de terror. Pero eso da igual, y nunca mejor dicho.

 

Nietzsche tenía razón en algo muy importante. Y es que el avance de las ciencias naturales trae como consecuencia el auge del nihilismo.  Aquí no hay que entender nihilismo de manera peyorativa, sino descriptiva. El nihilismo es la pérdida de valor y credibilidad de todo lo que parecía sólido y estable. Así, como señala Alexander Rosenberg, en el nihilismo todo término normativo (bien, mal, etcétera) no se corresponde a nada existente o es falso. Lo bueno y lo malo sólo tiene un sentido instrumental dentro del marco de la evolución, así como un caramelo no es dulce en sí, sino únicamente lo es para nosotros porque es útil adaptativamente para identificar el azúcar presente en el entorno y consumirla. Asimismo, de los resultados de las ciencias contemporáneas podemos deducir, al igual que lo hizo el postestructuralismo francés, que el sujeto no existe y que el hombre ha muerto. Desde la metáfora del gen egoísta, que es otra manera de representar el darwinismo,  todos los seres vivos somos vehículos o interactores (la expresión es de David Hull) de los genes inmortales. La darwinización del mundo, tal y como la llamó Carlos Castrodeza, nos deja ante un universo repleto de ambigüedades, sin esencias y sin límites creíbles. Por ejemplo, qué sea vida y qué sea materia inerte es una mera distinción lingüística. Nos ha tocado lidiar con un mundo inestable que debemos sortear como seres frágiles, pues nuestra supervivencia no está asegurada por los designios de ningún creador ni ninguna supuesta característica especial, como la cultura.

 

Gracias a los descubrimientos de la ciencia contemporánea es posible concluir que el “yo” no existe. No hay un teatro cartesiano ni un “yo” indivisible y de sustancia mental, sino nuestro “yo” es una ilusión producida por la síntesis de una multiplicidad de sinapsis, elaboradas por esos robots orgánicos sin mente que llamamos neuronas. Tampoco podemos creer hoy en día en el libre albedrío, de tomarnos los experimentos en neurociencia en serio. Así pues, la imagen científica nos deja con un montón de bosones y fermiones en constante interacción. Esto se parece bastante a los paisajes desérticos que tanto le gustaban a Quine. O, sin irnos tan lejos, a la naturaleza de Lucrecio en De rerum natura.  Por lo demás, la naturalización de la sociología nos muestra que nuestras relaciones sociales no están más allá de la etología humana, por mucho que creamos trascenderla. La cultura humana, como dispositivo biológico, es una surtidora de cosmovisiones que nos permiten medrar en un entorno social más o menos conflictivo. Los relatos éticos, metafísicos, políticos o estéticos se usan como armas arrojadizas como estrategias racionales de supervivencia. Como es lógico, esta cosmovisión también es un relato más, aunque su fortaleza está conectada con lo establecido en las ciencias naturales. No es una cosmovisión elegante ni bella y hace verdadero aquello de Shakespeare de que la vida era un cuento, contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que nada significa.

 

La cuestión es que día a día no vivimos dentro de la imagen científica, sino en la imagen manifiesta, por seguir con los términos de Sellars. Es decir, que habitamos en un mundo de andar por casa, repleto de sesgos, heurísticos, prejuicios e ilusiones ópticas. Es la esfera de la psicología de masas, de los memes, de las decisiones instintivas (Gigerenzer) y de la racionalidad acotada, que está bajo el eterno influjo de las emociones. Es el mundo sin reducción teórica, donde las mesas son sólidas; el de los qualia y el autoengaño que no se conoce como autoengaño. Es el reino de la moral y de la política, donde se lucha por grandes palabras como la dignidad y la libertad. Ahí todo tiene sentido, tiene su relato, hay teleología. Las ilusiones que produce nuestro encéfalo, como máquina de realidad virtual de supervivencia que es, son el pan de cada día.

 

Quizá se prefiere un mundo u otro por razones de temperamento. Al fin y al cabo, el nihilismo es agotador y no se puede vivir mucho tiempo con él. La vida fenoménica tiene sus propias razones y viene de serie. No se puede abandonar la metáfora, ni el antropocentrismo ni el mundo áspero de la imagen manifiesta mientras se siga siendo humano, aunque sepamos teóricamente que las mesas no son sólidas y que no existe lo dulce fuera de nosotros mismos. En el ámbito de la divulgación científica se pretende conectar la imagen científica con la imagen manifiesta, para acercarse al lector o al espectador. La imagen científica a secas es neutral, poco entregada al cariño, como la Natura de Spinoza. Incluso nos parece hostil, ya que al fin y al cabo nos condena a lo efímero y a la irrelevancia: somos un mero accidente, pura temporalidad. Que se haga querer, que la imagen científica se vuelva hogareña es un producto de su enraizamiento con la imagen manifiesta a través de la apelación a nuestras emociones. No hay nada que nos llegue más dentro que un buen relato y eso es Cosmos. Y para bien.

 

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Esta runa es de color rojo. El símbolo indica la perfecta armonía de dos partes. Representa el equilibrio que debemos guardar en nuestras relaciones personales, con los elementos del planeta y con el universo. Nos ayuda a trabajar con nuestra autoestima y con el amor que debemos profesarnos a nosotros mismos. Lo que nos llevará a tener relaciones justas donde no demos de más olvidándonos de nosotros mismos o bien adoptemos posiciones egoístas y de superioridad con relación a los demás.

Si la observamos con atención esta runa nos muestra una figura muy sólida, que logra esa estabilidad gracias a la unión de las dos figuras que la forman, que inclusive pueden separarse; lo que recuerda que en la unión no se pierde la individualidad, se cede para crear algo mejor: el equilibrio que da la totalidad.

El alcance sanador de este amuleto es ilimitado, ya que no solo permite transformar programaciones equivocadas respecto al amor de pareja y el universal, sino que permite que la fuerza del amor, la mas importante del universo, guíe nuestros pensamientos, emociones y acciones. Lo que nos proporcionará una capacidad de respuesta que incluya una actitud que integre en lugar de que separe.

Usarla significa asumir el reto de pasar del miedo al amor. Derribar las barreras que hemos creado para protegernos, pero dentro las cuales hemos quedado prisioneros. Su acción liberadora nos permite disfrutar de la belleza y el gozo al sentir que somos parte de la vida.

Mágicamente nos damos cuenta como por el solo hecho de haber nacido, tenemos derecho de amar y ser amados. Lo que es común para todos los seres que habitan nuestro hogar, que es nuestro planeta.

Solo tenemos que elegir por el amor: dar amor y recibir amor; hasta el punto de entender que en las relaciones no hay límites, que no se sabe cuando acaba el dar y empieza el recibir, por que el acto de amor es un flujo continuo que no cesa jamás.

Este amuleto puede usarse sobre el corazón, para sanar el dolor y el resentimiento y dejar espacio al amor.

Puede colocarse en el lugar que permita que sea lo primero que veamos al despertar.

Puede encenderse una vela con el amuleto rúnico diariamente por 15 minutos, haciendo una visualización del amor que nos profesamos a nosotros mismos y afirmando que la historia de amor mas importante, es la que tenemos con nosotros mismos.

Debemos recordar que el acto de rendición mas grande del ser humano, es cuando nos amamos a nosotros mismos, ya que si lo hacemos, cómo no amar a los demás.
Para ayudarse a profundizar sobre su capacidad de amar, hágase las siguientes preguntas:

 

¿Es Ud. capaz de ser abierto y sincero acerca de sus sentimientos respecto a otra persona?

¿Cuánto amor siente por usted mismo?

¿Puede experimentar amor por sí mismo cuando se siente infeliz o solo?

¿Es capaz de mantener un compromiso incluso en tiempos difíciles?

¿Puede mantenerse lo suficientemente desapegado para permitir que las personas que ama sean ellas mismas?

¿Puede amar a alguien tal como es, sin forzarlo a que cambie por usted?

¿Puede amarse lo suficiente para ser como es, en una relación?
Estas cuestiones están destinadas a ofrecerle luz sobre su propia capacidad de amar y de ser amado. No pretenden ser una prueba con respuestas correctas o incorrectas, pueden ser una guía que le permita reflexionar sobre el amor en su vida.

Para dar vitalidad a su capacidad de amar se recomienda que usando siempre su amuleto rúnico, realice las siguientes actividades:

 

Jugar con un niño o una mascota

Visitar un bello jardín

Caminar junto al mar

Reír con una película de humor

Llevar adelante un proyecto creativo

 

Cualquier cosa que le haga sentirse feliz es buena para su corazón. Sentirse feliz es importante. Tómese algún tiempo para preguntarse cuáles son las cosas y las personas que le dan alegría a su vida.

Las afirmaciones que se recomiendan mientras enciende su vela con la runa del amor son las siguientes:

 

Dejo que el amor llegue a mi vida y me llene de felicidad y alegría.

El amor es para todos.

Abro mi corazón y acepto a los demás como son.

Desecho mi dolor y perdono mi pasado. Soy libre para amar.

Comparto mi amor con todos los que lo aceptan.

Acepto el amor de todos los que lo ofrezcan.

Me amo y me acepto tal como soy.

Soy perfectamente yo mismo y amo al ser que sé que soy.

El amor es el centro de mi vida.

Opto por amar.

El amor me sana y libera mi espíritu.

 

Otra consideración importante respecto al amor, es saber con que arquetipo estamos conduciéndonos. Con el arquetipo funcional: el amante o con el disfuncional: el actor o la actriz.

Los arquetipos constituyen una proyección universal de los pensamientos y emociones colectivas de la humanidad, llamados comúnmente el inconsciente colectivo. Nos proporcionan modelos de aquello que somos, y de aquello en lo que esperamos convertirnos.

Arquetipo disfuncional: El actor. Este arquetipo enmascara las heridas personales jugando a estar enamorados; una experiencia muy distinta de la de amar verdaderamente a alguien. Su camino es el de una actividad teórica y cerebral, sin poner corazón y alma en la relación. Rechazan la intimidad, demostrando su miedo a mirar en su interior. Desperdician las oportunidades que les ofrecen las relaciones para el autoconocimiento: al reconocer que amar nuestro lado oscuro tanto como las partes que admiramos es a la base del amor incondicional.

Un ejemplo común de esta personalidad es el individuo dependiente que busca en el exterior el amor que ansía, engañándose a sí mismo al creer que sus heridas se curan si encuentra a alguien de quien obtener fuerza, sin embargo, el miedo a ser traicionado, sabotea cualquier posibilidad de felicidad auténtica con otro.

Arquetipo funcional: el amante. Tienen la capacidad de amarse a sí mismos incondicionalmente. Como no necesitan que las otras personas los mantengan a flote, abren libremente su corazón y comparten con los demás la aceptación sí mismos. Estos individuos, generosos y libres de espíritu, se ofrecen sinceramente a los demás, porque saben que el núcleo de su ser está seguro. Al estar en contacto con sus emociones, enfocan con espíritu mas ligero sus relaciones, con la seguridad de que el perdón y la compasión , están a sus disposición, internamente, en cualquier momento.

 

 

 

Fuente: Magia-celta.com

Un Curso De Milagros

Publicado: 18 abril, 2014 en filosofia

El lugar más sagrado de todos es aquel donde un antiguo odio se ha convertido en un amor presente.
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