Archivos para 29 noviembre, 2013

Contrapunto de imágenes y sonidos entre la naturaleza y el “progreso” humano, realizado por Alianza Pachamama Uruguay en el marco de su campaña de concientización sobre la situación del planeta. Cerramos el video con las advertencias que nos hace a diario la pachamama y un mensaje final: La oportunidad de cambiar es más grande que la crisis.


 

Por si alguien no vio aun Baraka, muy recomendable; es esto mismo pero hora y media. Hace poco, su director, Ron Fricke, saco otro film similar llamado Samsara, el cual no tiene nada que ver con la otra tambien muy buena pelicula llamada Samsara pero hecha por Pan Nalin, la cual gira en torno al budismo.

A todo esto, pregunto, ¿nos damos cuenta de que no nos damos cuenta de lo que estamos viviendo?

el efecto mágico de no hacer nada …

Publicado: 29 noviembre, 2013 en Uncategorized

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El Maestro Tao Shu era miembro de la escuela chan del Norte, fundado por Shen Hsiu. En cierta ocasión, él y un grupo de discípulos fueron a hacer un retiro a las montañas para practicar el chan en soledad.
Un espíritu maligno empezó a acosarlos día y noche, apareciéndoseles bajo diversos aspectos, como un sucio mendigo, un Buda, un bodhisattva o un monje, o produciendo luces y sonidos mágicos. Los jóvenes monjes estaban asustados y a punto de volverse locos a causa de lo exagerado de muchas de sus travesuras diabólicas. Pero una mañana, tras diez años de inventar estratagemas, el espíritu desapareció de repente.
-Ese malabarista hizo muchas de sus estratagemas con el propósito deliberado de engañar vuestra mente -explicó el Maestro.- Sólo había un recurso contra sus estratagemas: no hacer nada. Esto significa no ver nada, no oír nada. Incluso una infinidad de estratagemas tienen finalmente que agotarse, pero el método de no hacer nada es infinito y puede ser empleado siempre.

Comentario: Si Tao Shu hubiera intentado defenderse contra las estratagemas del demonio recurriendo a sus propias capacidades de transformación, se hubiera probablemente una interminable batalla entre dos magos. Sólo al adherirse a no hacer nada fue posible vencer al demonio, anulando su habilidad. De hecho, el método de no hacer nada puede producir algo duradero, plenamente de acuerdo con la enseñanza Lao Tse de que la no existencia produce lo que existe. Todo tiene sus límites, e incluso las cosas más grandes y más fuertes no son inmortales. Pero la nada es ilimitada porque no tiene forma y, debido a ello, puede ser utilizada universalmente. En la mente chan ocurre lo mismo con el “vacío”, que resulta ser la más útil y significativa de las cosas Verdaderas.


Publicado por Blogger para dejar a los peces en el agua el 11/28/2013 12:48:00 p.m.

Dogen

Publicado: 29 noviembre, 2013 en Uncategorized
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dogen el rey del samadhi

El rey del samadhi, sentado con dignidad y nobleza,
trasciende todo el cosmos y se funde en el fondo
del corazón del Buddha y los Patriarcas.
La única vía para alcanzar esta absoluta trascendencia
es sentarse en loto en zazén. Es el más
precioso y sublime estado más allá
del Buda y los Patriarcas.

Dogen
(Shobogenzo)

dar muestras de consideración…

Publicado: 29 noviembre, 2013 en Uncategorized

“No tenéis derecho a maltratar o a ignorar a los seres porque
sean diferentes de vosotros. Es preferible que tratéis de
comprenderles. De esta manera se instalará en vosotros una buena
costumbre que, más adelante, os protegerá de muchos peligros.
¡En la sociedad, hay algunos que se sienten tan grandes! Piensan
que no tienen que hacer esfuerzos para pequeñas hormigas. Pero
quizá un día se encuentren, como en los cuentos, en la
situación de tener que seleccionar en unas horas miles de granos
de trigo, de cebada o de arroz, y entonces estarán muy contentos
de que estas «hormigas» vengan a ayudarles. O bien, estarán
sólidamente atados, y un pequeño ratón irá a roer la cuerda
para liberarles.

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Diréis: «¡Pero todo esto son fábulas, cuentos para niños!»
Si queréis… Estos ratones, estas hormigas, representan a las
personas que frecuentáis y a las que tenéis tendencia a
despreciar. ¿Quién sabe? Quizá estas personas a las que
habéis sabido dar muestras de consideración, porque se lo
merecían, serán las que vengan un día a salvaros.”
Omraam Mikhaël Aïvanhov

CAMBIO Y COMPROMISO

Publicado: 29 noviembre, 2013 en Uncategorized
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 “Aprender es cambiar”, dijo el Buda.

Y la vida es un maestro paciente que repite la lección hasta que la aprendemos. Así que cambiar es lo único que podemos hacer para abrir un nuevo capítulo y convertirnos en buenos discípulos de la vida. 

Lo malo no es el cambio que parece presionar desde fuera a quien internamente quiere quedarse estático. Lo malo es esa resistencia a reconocerse como parte de este Universo en constante transformación. Todo cambia. Y ten en cuenta que el movimiento no tiene que ser caótico aunque así lo sientas. Todo tiene un orden; incluso el caos. Así que conserva la paz de tu corazón mientras todo se transforma. Mientras tú mismo te transformas y te mueves en la dirección que tu corazón quiere llevar. Confía en Dios. Confía en la naturaleza. Confía en la vida. Confía en ti: todo estará bien. No temas a lo que parece quitarte la transformación. Conservarás lo esencial. Participa con entusiasmo y ábrete a todo lo nuevo que te traerá. En su momento tendrás que elegir de nuevo y volverás a (o tendrás que) conservar lo esencial para ir a donde debes (o quieres) y transformarás una vez más todo lo que es necesario. Dios te ayudará a hacerlo y te acompañará en el proceso. 

Todo estará bien. Hace poco dije que lo único que necesitamos para dejar de sufrir es soltar lo que nos hace sufrir. Y algunas personas me dijeron que hay situaciones en las que esto no es cierto, o situaciones en las que es demasiado laborioso o doloroso hacerlo. Bien, debo reconocer que hay una segunda parte en la receta. Una segunda parte que no se mencionó y que se aplica a esas otras situaciones en las que el dolor no se va al intentar soltarlo. Esa segunda parte es el compromiso con lo que uno es o lo que uno quiere (cuídate de querer solamente las cosas que te hacen bien). Comprometerte a cambiar es comprometerte a alinear tu Voluntad con tu Esencia. 

Hay que tener sentido común y saber que hay por lo menos dos situaciones básicas que nos pueden causar infelicidad: abrazar lo que nos daña y no tomar lo que necesitamos. Desde luego, si estás sujetando un carbón encendido deberás soltarlo, esta es la forma de proceder en este caso. Pero si tienes hambre, la cosa no cambiará con el hecho de que trates de “soltarla”, o de pensar que no necesitas alimento, o que todo cambiará pronto; lo que necesitarás en este caso es comprometerte a conseguir alimento.

Esto es muy simple y muy efectivo. Y puede aplicarse tanto a los asuntos físicos como a los emocionales. 

En un sentido, comprometerse a cambiar es también otra forma de soltar. Comprometerse fielmente con lo que uno quiere es una forma de soltar completamente lo que uno no quiere. Cambiar es alinearse con lo que uno es verdaderamente y pactar la búsqueda de lo que queremos.

Aliviarnos del sufrimiento supone algunas veces vomitar el veneno y otras veces supone comer manjares nutritivos. 

Hay formas de comprometernos con el cambio. Todas ellas implican ACTUAR en una forma y dirección determinadas. Las distintas corrientes espirituales las han tomado como parte de sus consejos de desarrollo. Hay distintas maneras de abordarlos y distintos aspectos a abordar. Con amor te presento lo siguiente para dar una idea de qué hacer ante algo que nos causa sufrimiento:

* Para abordar los problemas, primero hay que tener en cuenta que algunas situaciones no se pueden cambiar. Esas hay que aceptarlas y corregir solamente nuestra percepción de las mismas. La inalterabilidad de la muerte del cuerpo físico es buen ejemplo de esto.

* Hay problemas que sí se pueden solucionar. En el mundo exterior podemos influir a veces más y a veces menos; dejaremos esto fuera del presente texto. Nos concentraremos en los métodos para comprometernos con el cambio que podemos utilizar dentro de, y con nosotros mismos: evitación, sublimación y adopción (o cultivo).

1.- Evitación. Supongamos que sabes que beber mucho alcohol te hace daño. En esta manera de comprometerte con el cambio simplemente dejas de beberlo, aunque te cueste trabajo.

2.- Sublimación. Hay algunas cosas que no son directamente dañinas para nosotros, sino que lo malo es la forma en la que las usamos. Los vicios que se basan en necesidades naturales como la comida, el sexo y el dinero, pueden solucionarse bien así. Sublimar implica usarlos de forma más sabia o en canales diferentes. Por ejemplo, un deseo sexual desmedido puede sublimarse usándolo amorosamente con la compañía adecuada o re-dirigiéndolo a la creación artística.

3.- Adopción. Aquí abrazas o cultivas un hábito positivo que es nuevo para ti. No lo evitas, porque es bueno; y tampoco lo puedes sublimar, porque no lo tienes. Simplemente sabes que es bueno y lo adoptas. Como ser amable cuidando todas tus palabras, tomar un voto ético, dar el 10% de tu dinero para obras de caridad, decir la verdad o comprometerte a meditar diariamente, etc. Cualquier cosa directamente “buena” o “deseable” que quieras tener presente en tu vida, y que no la tengas, puede ser activamente adoptada. Esta es una tercera forma de comprometerse con el cambio. 

Toma en cuenta que la vida aquí no es fácil, pero puede ser muy dichosa. Los demás no se ajustan a nuestros caprichos; tampoco el mundo, ni siquiera nosotros mismos. La verdad, es que no todo es placer en la vida. Hay algunas cosas en las que nos piden a cambio esfuerzo o dolor. Y nosotros decidimos qué queremos dar. Aceptemos esto como una realidad y decidamos bien. 

Participa en el cambio. Participa en la transformación. La vida fluye como un río. Y recuerda que todo río tiene una dirección. No puedes elegir dejar de cambiar, pues estarás cambiando constantemente. Pero sí puedes elegir en qué dirección cambiar. Puedes elegir con cuál río fluir. Acepta la responsabilidad de ir en la dirección que deseas. Abrázala, porque bien vista es el derecho que tienes de fluir hacia tu destino con amor, sabiduría y poder. 

Comprométete con el cambio.

Comprométete contigo.

Comprométete aquí y ahora.

Libérate de todo lo que no eres y saca de tu sistema lo que te intoxica.

Abraza a tu verdadero Ser, a tu paz y a tu dicha. Trátate con Amor.

Comparte tu verdadero Ser con tu Dios y tus hermanos.

Sé feliz.

Y reconócete como bendito. Pues lo eres.

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Una de las enseñanzas del Tao Te Ching

Quienes quieran conocer la verdad del universo, deben practicar las cuatro virtudes cardinales:

La primera es la reverencia por toda vida; ésta se manifiesta como amor incondicional y respeto por uno mismo y por todos los demás seres.

La segunda es la sinceridad natural; ésta se manifiesta como honradez, simplicidad y lealtad.

La tercera es la mansedumbre; ésta se manifiesta como bondad, consideración por los demás y sensibilidad hacia la verdad espiritual.

La cuarta es actitud de ayuda, ésta se manifiesta como servicio a los demás sin expectativa de recompensa.

Las cuatro virtudes no constituyen un dogma externo, sino que forman parte de tu naturaleza original.

Cuando se practican, originan la sabiduría y evocan las cinco bendiciones: salud, riqueza, felicidad, longevidad y paz.

Hua Hu Ching, Lao Tse

YÜ YEN

Publicado: 29 noviembre, 2013 en Uncategorized
Sabio taoísta, exégeta del Libro de las Mutaciones (I Ching) y experto en alquimia.

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¿Quién soy?
He aquí el Principio.
No solamente el Principio sino también el Fin.
¿Qué significa Quién Soy?
Pregunta y afirmación al mismo tiempo.
El círculo cierra y ahí estoy.
¿Quién Soy?
No puedo salir.
No debo salir.
¿Quién Soy?
El círculo se estrecha y la pregunta insiste.
¿Quién Soy?
No hay respuesta porque no cabe ninguna respuesta dado que al nacer la
pregunta está la respuesta manifiesta.
Y el círculo se estrecha a tal punto que ya no cabe ¿Quién Soy?, y no hay lugar
más que para Soy.
Con esta conciencia
No hay más pregunta.
No hay más respuesta.
No hay más círculo.
tomado de Los Taoistas y el Plan del Padre

Apolonio de Tiana: el Cristo que no fue

Publicado: 29 noviembre, 2013 en Uncategorized

 

Voltaire admiraba la figura del filósofo y matemático griego Apolonio de Tiana. Llegó a decir que su importancia histórica superaba al mismísimo Jesucristo. Esto es, por supuesto, una solemne tontería.

Sin embargo, nos interesa, y mucho, el personaje de Apolonio porque, precisamente, ha sido reconocido históricamente como un trasunto pagano de Jesús de Nazaret. El teólogo exegético Ferdinand Christian Baur lo definía en el siglo XIX como una réplica filosófica a Cristo. Mucho antes, Eusebio de Cesarea, uno de los primeros padres de la iglesia, escribió su Discurso de Amor a la Verdad, en el que rebate a Hiérocles de Alejandría (gobernador romano y filósofo neoplatónico) en el intento de glorificar a Apolonio. Como vemos, desde muy pronto se establecieron concordancias entre la vida de Apolonio y la de Jesús. ¿Por qué?

De Apolonio sabemos bastante, mucho más que del Jesús histórico, del que no sabemos apenas nada (de fuentes fiables). La bella emperatriz Julia Domna, esposa y madre de emperadores (Severo y Caracalla), encargó al sofista griego Flavio Filóstrato que redactara su biografía. También lo citan, entre otros, Apuleyo, Vospico, Luciano, Lampride, Dione Casio u Orígenes. En el museo de Adana, en Turquía, una inscripción en piedra dice literalmente que Apolonio “extingue las faltas de los hombres”, y que ascendió a los cielos para que pudiera “librar a los hombres de sus males”.

No se conoce la fecha exacta de su nacimiento, pero la más probable se corresponde al año 4 ó 6 a.C. Apolonio nació, esto sí es seguro, en Tiana (ciudad de la hoy turca Capadocia), y era de familia noble. Su venida al mundo está revestida de todo tipo de leyendas, como corresponde a un personaje de su época y categoría. Según algunas crónicas, fue engendrado después de un sueño místico de su madre (al igual que Jesús). El parto, además, fue espectacular. Charles B. Waite, juez y teólogo decimonónico, autor de la “Historia de la Religión Cristiana hasta el año Doscientos” nos lo describe de esta guisa:

“’Antes de su nacimiento, Proteo, un dios egipcio, se le apareció a su madre y le anunció que se encarnaría en el niño venidero. Siguiendo las indicaciones dadas en un sueño, ella se dirigió a un prado para recoger flores. Estando allí, una bandada de cisnes formó un coro a su alrededor, agitando sus alas y cantando al unísono. Mientras estaban ocupados en ello, y el aire era abanicado por un delicado céfiro, Apolonio nació.”

Por lo leído, no hizo falta anestesia epidural alguna.

Con tales antecedentes, no es de extrañar que se tratara de un niño con una prodigiosa inteligencia y extrañas facultades. Contando apenas catorce años estudió ciencias fenicias en la ciudad de Tarso, bajo la tutela de Eutidemo, profesor de retórica (no el sofista citado por Platón). También se adentró en el conocimiento de la filosofía pitagórica y las matemáticas como pupilo de Euxeno de Heráclea.

Con la muerte de su padre, a los 20 años, heredó una gran fortuna, pero la donó en su totalidad, dando ejemplo de lo que sería su filosofía de vida. Muy influenciado por la corriente pitagórica, decidió vivir una vida ascética; vestía con una sencilla toga de lino blanco, optó por el celibato y jamás probó el vino. Sólo comía legumbres, frutas y verduras. Se refugiaba del frío en los templos, y solía ir descalzo.

Como ejemplo de introspección, basta con indicar que se abstuvo de hablar durante cinco años.

Con tales mimbres, pronto se ganó una reputación de sabio. Una cohorte de seguidores comenzó a seguir sus pasos por medio mundo: Grecia, por supuesto, pero también Babilonia, Egipto, Creta, Sicilia, Roma, Cádiz… Al final de sus días, Apolonio dominaba 16 idiomas.

Los seguidores lo abandonaron sin embargo cuando su caminar lo condujo lejos, muy lejos. Nada menos que a la India, en donde aprendió de los Brahmanes. Y más lejano aún, a Cachemira, y al Tíbet. Sabemos de su presencia en templos del Himalaya gracias a Damis, un discípulo que se encontró en el camino y el único que lo siguió en su andadura. De Damis y sus muchas anotaciones consiguió la información el biógrafo Filóstrato, dos siglos más tarde.

Este suceso extraordinario también lo asemeja a Jesús, del cual se rumorea que, en sus llamados “años perdidos” (desde la juventud hasta los 30 años), recorrió tierras de Oriente. Algunos autores afirman que existen pruebas, incluso documentales, de la presencia del nazareno en tierras del Tíbet.

¿Es esto posible? Es improbable, y desde luego no conozco ninguna prueba fiable de tal viaje, como tampoco de la existencia del Yeti. El corresponsal de guerra ruso Nicolás Notovitch visitó India y Tíbet a finales del XIX. Afirmó que oyó hablar de un manuscrito sobre la vida del Santo Issa (Jesús en árabe) guardado en el monasterio de Hemis Ladakh. Nadie ha podido demostrar su existencia. Sin embargo, sí parece que Apolonio tuvo conocimiento del pensamiento de Oriente; primero, existen textos sánscritos que citan a los ascetas de las regiones occidentales Apalunya (Apolonio) y Damisaa (Damis); segundo, a raíz de su extraordinario viaje, Occidente conoce de la existencia de los Upanishads (libros sagrados védicos) y de la Bhagavad Gita, parte del texto épico Majábharata.

A su vuelta del lejano Oriente su aspecto físico lo delata: más parecido a los Brahames que a los sofistas griegos, su barba era larga espesa, y largos también sus cabellos.

Vuelven entonces los discípulos, que adoptan tanto su aspecto como su forma de vida, y se genera una leyenda en vida de Apolonio como maestro del género humano. En el relato de su devenir abundan los milagros, los hechos sin explicación posible: se negó a subir a un barco augurando su naufragio, que en efecto se produjo. Predijo el asesinato del emperador Domiciano. En Roma resucitó a una doncella de noble cuna (¿Lázaro?), y en diversas celebraciones hizo aparecer de la nada panes o frutos (¿multiplicación de panes y peces?)

Sin embargo, en estos hechos extraordinarios encontramos una diferencia fundamental entre Apolonio y Jesús; mientras en el segundo los milagros se consideran pruebas irrefutables de su naturaleza divina, Apolonio quitaba importancia a los mismos, pues los consideraba como algo secundario y sujetos a una explicación racional. ¿Acaso reanimó a la joven utilizando sus conocimientos en medicina? Recordemos que Apolonio se ganó un profundo respeto en el templo de Esculapio por sus remedios curativos ¿Vio algo en el barco que le permitió augurar su próxima zozobra? Lo cierto y verdad es que Apolonio no le atribuía causas mistéricas a los fenómenos; afirmaba así que volcanes o mareas eran acontecimientos de orden natural, y que la hombre llegarían a conocer sus causas.

En definitiva, Apolonio ni era ni se creía un ser sagrado, no estaba llamado a una cruzada mesiánica. Tan sólo enseñaba, curaba, hablaba de paz y buenas costumbres. No pidió que le siguieran, y mucho menos que nadie continuara su obra.

Vespasiano le consideraba, sin embargo, cercano a la divinidad, y solía pedir su consejo en asuntos de Estado. Lo mismo otros monarcas de su época, persas, egipcios, babilonios, hindúes… Cuando el rey de Babilonia Vardane le preguntó cómo reinar en paz, la respuesta de Apolonio fue: “Ten muchos amigos y pocos confidentes”. Es la respuesta de un filósofo.
Rechazó los sacrificios, le preocupaba la moderación en las costumbres, la paz entre los pueblos, y se negó a recibir prebendas de los poderosos. Sin embargo, los reconocimientos que recibió en vida fueron numerosos: Elio Lampride afirma que el emperador Alejandro Severo, el primer emperador que no persiguió a los cristianos, tenía en su lararium (altar privado), entre otras figuras como Jesús, Abraham y Orfeo, la imagen de Apolonio; el historiador Flavio Vopisco, en su obra “Vida de Aurelio”, afirma en boca del emperador “que debe honrársele como ser superior”. El autor llega a decir que “es un verdadero amigo de los dioses y entre los hombres no es posible encontrar un ser más santo y más parecido a Dios”. Dione Casio afirma que el emperador Caracalla erigió un templo en su honor. El Emperador Tito, tras recibir consejo de Apolonio sobre el año 80 d.C., le respondió: “En mi propio nombre y en nombre de mi país le doy las gracias, y estaré atento a esas cosas. De hecho, yo he conquistado Jerusalén, pero Usted me tiene  capturado a mi”.

Se dice que, cercano el fin de su vida, abrió una escuela esotérica en Éfeso; pero poco se sabe a ciencia cierta de su muerte. Ni siquiera se conoce la ubicación de su tumba. Unos autores dicen que murió en el templo de Atenea, en Lindo, Rodas (donde nació el sabio Cleóbulo); otros defienden que expiró en el templo dedicado a Artemisa en Éfeso, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Una leyenda (mi preferida, pues lo acerca a la figura de Epiménides, con la que veo alguna relación) sitúa su muerte en Creta, en un templo guardado por perros salvajes que, dóciles, dejaron entrar al sabio. Las puertas del templo se abrieron solas, y un coro celestial lo acompañó en su ascensión. Por cierto, muchos apologistas dan por cierto que resucitó, y que se apareció a un (suponemos que aterrado) discípulo, que dudaba de él.

¿Por qué Cristo fue Jesús de Nazaret, y no Apolonio de Tiana? Se me ocurren varias razones.

Apolonio no fundó una religión, y más que discípulos tuvo alumnos. No creo que se le apareciera en forma cuasi-incorpórea a un discípulo por tener dudas; la duda es amiga fiel de la filosofía, y Apolonio era filósofo. Es seguro que Apolonio no pretendió que nadie siguiera tras su muerte con un adoctrinamiento que él mismo desaconsejaba. 

Apolonio se expuso a muchos sucesos como protagonista absoluto de su época; no podía haber misterio ni enigma alguno si él mismo quitaba importancia a sus pretendidos milagros. Dejó tras de sí libros, cartas, enseñó todo a lo largo de su mundo y no daba lugar a interpretaciones. Fue un gran hombre, pero nada más. De hecho, muchos de los milagros y misterios que se le atribuyen parecen tomados de un cristianismo primigenio, como si desde el agnosticismo se quisiera responder a la figura emergente de Cristo.

También pudo ser al revés, y los autores de los evangelios podrían haberse apropiado de habladurías que circulaban sobre el famoso Apolonio. Es bien sabido que la Biblia rebosa de simbología recogida de tradiciones babilónicas y egipcias. Al fin y al cabo, la emulación de arquetipos y simbologías antiguas es algo común en la religiosidad humana. (Génesis, diluvio universal, pecado original, nacimiento de una virgen, resurrección al tercer día, etc.)

Pero, en mi opinión, el motivo más importante lo encontramos en otra personalidad excepcional: Pablo de Tarso. Pablo creó (moldeó) a Cristo y su iglesia sin conocer a Jesús. El cristianismo es más obra suya que de los evangelistas sinópticos, del evangelista Juan o del mismo Jesús histórico. No hubo un “Pablo” que supiera (o quisiera) hacer de Apolonio una figura mítica que trascendiera a la persona.

Ello no le resta mérito al Apolonio hombre. Sin lugar a dudas, un ser humano excepcional. Pero no hijo de Dios. Tampoco Dios mismo.  Tan sólo filósofo.

Antonio Carrillo.